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Oeconomicae et pecuniariae quaestiones.- Consideraciones para un discernimiento

 13/07/2018   48
TERCER ENTREGA.

12. Ninguna actividad econmica puede sostenerse por mucho tiempo si no se realiza en un clima de saludable libertad de iniciativa.[23] Es asimismo evidente que la libertad de la que gozan, hoy en da, los agentes econmicos, entendida en modo absoluto y separado de su intrnseca referencia a la verdad y al bien, tiende a generar centros de supremaca y a inclinarse hacia formas de oligarqua, que en ltima instancia perjudican la eficiencia misma del sistema econmico.[24]

 

Desde este punto de vista, cada vez es ms fcil ver cmo, ante el creciente y penetrante poder de agentes importantes y grandes redes econmicas y financieras, a los actores polticos, a menudo desorientados e impotentes a causa de la supranacionalidad de tales agentes y de la volatilidad del capital manejado por estos, les cuesta responder a su vocacin original como servidores del bien comn, y pueden incluso convertirse en siervos de intereses extraos a ese bien.[25]

 

Esto hace hoy ms que nunca urgente una alianza renovada entre los agentes econmicos y polticos en la promocin de todo aquello que es necesario para el completo desarrollo de cada persona humana y de toda la sociedad, conjugando al mismo tiempo las exigencias de la solidaridad y la subsidiariedad.[26]

 

13. En principio, todas las dotaciones y medios utilizados por los mercados para aumentar su capacidad de asignacin, si no estn dirigidos contra la dignidad de la persona y tienen en cuenta el bien comn, son moralmente admisibles.[27]

 

Sin embargo, es asimismo evidente que ese potente propulsor de la economa que son los mercados es incapaz de regularse por s mismo:[28] de hecho, estos no son capaces de generar los fundamentos que les permitan funcionar regularmente (cohesin social, honestidad, confianza, seguridad, leyes), ni de corregir los efectos externos negativos (diseconomy) para la sociedad humana (desigualdades, asimetras, degradacin ambiental, inseguridad social, fraude).

 

14. No es posible, adems, ms all del hecho de que muchos de sus operadores estn animados individualmente por buenas y correctas intenciones, ignorar que en la actualidad la industria financiera, debido a su omnipresencia y a su inevitable capacidad de condicionar y en cierto sentido de dominar la economa real, es un lugar donde los egosmos y los abusos tienen un potencial sin igual para causar dao a la comunidad.

 

En este sentido, hay que destacar que en el mundo econmico y financiero se dan casos en los cuales algunos de los medios utilizados por los mercados, aunque no sean en s mismos inaceptables desde un punto de vista tico, constituyen sin embargo casos de inmoralidad prxima, a saber, ocasiones en las cuales con mucha facilidad se generan abusos y fraudes, especialmente en perjuicio de la contraparte en desventaja. Por ejemplo, comercializar algunos productos financieros, en s mismos lcitos, en situacin de asimetra, aprovechando las lagunas informativas o la debilidad contractual de una de las partes, constituye de suyo una violacin de la debida honestidad relacional y es una grave infraccin desde el punto tico.

 

Dado que, en la situacin actual, la complejidad de muchos productos financieros hace de esa asimetra un elemento intrnseco al sistema que pone a los compradores en una posicin de inferioridad en relacin a quienes los comercializan no pocos piden la superacin del principio tradicional del caveatemptor ("atento, comprador!"). Este principio, segn el cual incumbira ante todo al comprador la responsabilidad de verificar la calidad del bien adquirido, presupone, de hecho, la igualdad en la capacidad de proteger el propio inters por parte de los contrayentes; lo que, de hecho, hoy en da en muchos casos no existe, ya sea por la evidente relacin jerrquica que se instaura en algunos tipos de contratos (como entre prestamista y el prestatario), ya sea por la compleja estructuracin de muchas ofertas financieras.

 

15. Tambin el dinero es en s mismo un instrumento bueno, como muchas cosas de las que el hombre dispone: es un medio a disposicin de su libertad, y sirve para ampliar sus posibilidades. Este medio, sin embargo, se puede volver fcilmente contra el hombre. As tambin la multiplicidad de instrumentos financieros (financialization) a disposicin del mundo empresarial, que permite a las empresas acceder al dinero mediante el ingreso en el mundo de la libre contratacin en bolsa, es en s mismo un hecho positivo. Este fenmeno, sin embargo, implica hoy el riesgo de provocar una mala financiacin de la economa, haciendo que la riqueza virtual, concentrndose principalmente en transacciones marcadas por un mero intento especulativo y en negociaciones "de alta frecuencia" (high-frequency trading), atraiga a s excesivas cantidades de capitales, sustrayndolas al mismo tiempo a los circuitos virtuosos de la economa real.[29]

 

Lo que haba sido tristemente vaticinado hace ms de un siglo, por desgracia, ahora se ha hecho realidad: el rendimiento del capital asecha de cerca y amenaza con suplantar la renta del trabajo, confinado a menudo al margen de los principales intereses del sistema econmico. En consecuencia, el trabajo mismo, con su dignidad, no slo se convierte en una realidad cada vez ms en peligro, sino que pierde tambin su condicin de "bien" para el hombre,[30] convirtindose en un simple medio de intercambio dentro de relaciones sociales asimtricas.

 

Precisamente en esa inversin de orden entre medios y fines, en virtud del cual el trabajo, de bien, se convierte en "instrumento" y el dinero, de medio, se convierte en "fin", encuentra terreno frtil esa "cultura del descarte", temeraria y amoral, que ha marginado a grandes masas de poblacin, privndoles de trabajo decente y convirtindoles en sujetos "sin horizontes, sin salida": Ya no se trata simplemente del fenmeno de la explotacin y de la opresin, sino de algo nuevo: con la exclusin queda afectada en su misma raz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se est en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se est fuera. Los excluidos no son explotados sino desechos, "sobrantes".[31]

 

16. A tal propsito, cmo no pensar en la funcin social insustituible del crdito, cuya responsabilidad incumbe principalmente a intermediarios financieros cualificados y fiables. En este contexto, resulta claro que la aplicacin de tasas de inters excesivamente altas, que de hecho no son sostenibles por los prestatarios, representa una operacin no solo ilegtima bajo el perfil tico sino tambin disfuncional para la salud del sistema econmico. Desde siempre, semejantes prcticas, as como los comportamientos efectivamente usurarios, han sido percibidos por la conciencia humana como inicuos y por el sistema econmico como contrarios a su correcto funcionamiento.

 

Aqu la actividad financiera revela su vocacin primaria de servicio a la economa real, llamada a crear valor, por medios moralmente lcitos, y a favorecer una movilizacin de los capitales para generar una circularidad virtuosa de riqueza.[32] En este sentido, por ejemplo, son muy positivas y deben ser alentadas realidades como el crdito cooperativo, el microcrdito, as como el crdito pblico al servicio de las familias, las empresas, las comunidades locales y el crdito para la ayuda a los pases en desarrollo.

 

Nunca como en este mbito, donde el dinero puede manifestar todo su potencial positivo, es tan evidente que no resulta legtimo, desde el punto de vista tico, arriesgar injustificadamente el crdito que deriva de la sociedad civil, utilizndolo con fines principalmente especulativos.

 

17. Es un fenmeno ticamente inaceptable, no la simple ganancia, sino el aprovecharse de una asimetra en favor propio para generar beneficios significativos a expensas de otros; lucrar explotando la propia posicin dominante con desventaja injusta de los dems o enriquecerse creando perjuicio o perturbando el bienestar colectivo.[33]

 

Esta prctica es particularmente deplorable, desde el punto de vista moral, cuando unos pocos por ejemplo importantes fondos de inversin intentan obtener beneficios, mediante una especulacin[34] encaminada a provocar disminuciones artificiales de los precios de los ttulos de la deuda pblica, sin preocuparse de afectar negativamente o agravar la situacin econmica de pases enteros, poniendo en peligro no slo los proyectos pblicos de saneamiento econmico sino la misma estabilidad econmica de millones de familias, obligando al mismo tiempo a las autoridades gubernamentales a intervenir con grandes cantidades de dinero pblico, y llegando incluso a determinar artificialmente el funcionamiento adecuado de los sistemas polticos.

 

La finalidad especulativa, especialmente en el campo econmico financiero, amenaza hoy con suplantar a todos los otros objetivos principales en los que se concreta la libertad humana. Este hecho est deteriorando el inmenso patrimonio de valores que hace de nuestra sociedad civil un lugar de coexistencia pacfica, de encuentro, de solidaridad, de reciprocidad regeneradora y de responsabilidad por el bien comn. En este contexto, palabras como "eficiencia", "competencia", "liderazgo", "mrito" tienden a ocupar todo el espacio de nuestra cultura civil, asumiendo un significado que acaba empobreciendo la calidad de los intercambios, reducidos a meros coeficientes numricos.

 

Esto requiere ante todo que se emprenda una reconquista de lo humano, para reabrir los horizontes a la sobreabundancia de valores, que es la nica que permite al hombre encontrarse a s mismo y construir sociedades que sean acogedoras e inclusivas, donde haya espacio para los ms dbiles y donde la riqueza se utilice en beneficio de todos. En resumen, lugares donde al hombre le resulte bello vivir y fcil esperar.

 

III. Algunas puntualizaciones en el contexto actual

 

18. Para ofrecer orientaciones ticas concretas y especficas a todos los agentes econmicos y financieros quienes lo requieren cada vez ms se tratar ahora de formular algunas puntualizaciones, tiles para un discernimiento que mantenga abiertas las vas haca aquello que hace al hombre verdaderamente hombre y le ayude a evitar poner en peligro tanto su dignidad como el bien comn.[35]

 

19. El mercado, gracias al progreso de la globalizacin y la digitalizacin, puede compararse con un gran organismo, en cuyas venas corren, como linfa vital, inmensas cantidades de capitales. Sirvindonos de esta analoga, podemos por tanto hablar tambin de la "salud" del mismo organismo, cuando sus medios y aparatos procuran una buena funcionalidad del sistema, en el cual el crecimiento y la difusin de la riqueza van de consuno. Salud del sistema que depende de la salud de cada una de las acciones realizadas. Con semejante salud del sistema-mercado es ms fcil que sean respetados y promovidos tambin la dignidad del hombre y el bien comn.

 

De modo semejante, cada vez que se introducen y difunden instrumentos econmicos y financieros no fiables, que ponen en serio peligro el crecimiento y la difusin de la riqueza, creando puntos crticos y riesgos sistmicos, se puede hablar de una "intoxicacin" de ese organismo.

 

Se entiende as la exigencia, cada vez ms advertida, de introducir una certificacin de las autoridades pblicas para todos los productos que provienen de la innovacin financiera, al fin de preservar la salud del sistema y prevenir efectos colaterales negativos. Favorecer la salud y evitar la contaminacin, incluso desde el punto de vista econmico, es un imperativo moral ineludible para todos los actores comprometidos en los mercados. Esta exigencia demuestra asimismo la urgencia de una coordinacin supranacional entre las diferentes arquitecturas de los sistemas financieros locales.[36]

 

20. Esa salud se nutre de una multiplicidad y diversidad de recursos, que constituye una especie de "biodiversidad" econmica y financiera. Esta representa un valor aadido para el sistema econmico y debe ser favorecida y salvaguardada mediante adecuadas polticas econmico-financieras, al fin de asegurar a los mercados la presencia de una pluralidad de sujetos e instrumentos sanos, con riqueza y diversidad de caracteres; sea en positivo, sosteniendo su accin, sea en negativo, obstaculizando a todos aquellos que deterioran la funcionalidad del sistema que produce y difunde riqueza.

 

A este respecto, hay que destacar que la cooperacin realiza una funcin singular en la tarea de producir en modo sano valor aadido en los mercados. Una leal e intensa sinergia de los agentes obtiene fcilmente ese valor aadido que busca toda actuacin econmica.[37]

 

Cuando el hombre reconoce la solidaridad fundamental que lo liga a todos los dems hombres, percibe que no puede apropiarse de los bienes de que dispone. Cuando se habita a la solidaridad, estos bienes son usados no slo para sus propias necesidades, y as se multiplican, dando a menudo tambin frutos inesperados para los dems.[38] Aqu se puede notar claramente cmo compartir no es solo divisin sino tambin multiplicacin de los bienes, creacin de nuevo pan, de nuevos bienes, de nuevo Bien con mayscula.[39]

 

21. La experiencia de las ltimas dcadas ha demostrado con evidencia, por un lado, lo ingenua que es la confianza en una autosuficiencia distributiva de los mercados, independiente de toda tica y, por otro lado, la impelente necesidad de una adecuada regulacin, que conjugue al mismo tiempo libertad y tutela de todos los sujetos que en ella operan en rgimen de una sana y correcta interaccin, especialmente de los ms vulnerables. En este sentido, los poderes polticos y econmico-financieros deben siempre mantenerse distintos y autnomos y al mismo tiempo orientarse, ms all de todas complicidad nociva, a la realizacin de un bien que es tendencialmente comn y no reservado a pocos sujetos privilegiados.[40]

 

Esa regulacin se hace an ms necesaria ya sea por la constatacin de que entre los principales motivos de la reciente crisis econmica se hallan tambin conductas inmorales de representantes de mundo financiero, ya sea por el hecho de que la dimensin supranacional del sistema econmico permite burlar fcilmente las reglas establecidas por los distintos pases. Adems, la extrema volatilidad y movilidad de los capitales comprometidos en el mundo financiero permite a quien dispone de ellos operar fcilmente ms all de toda norma que no sea la de un beneficio inmediato, chantajeando a menudo desde una posicin de fuerza tambin al poder poltico de turno.

 

Queda claro, por tanto, que los mercados necesitan orientaciones slidas y robustas, tanto macroprudenciales como normativas, lo ms participadas y uniformes que sea posible; as como reglas, que hay que actualizar continuamente, porque la realidad misma de los mercados est en continuo movimiento. Estas orientaciones deben garantizar un serio control de la fiabilidad y la calidad de todos los productos econmicos y financieros, especialmente los ms estructurados. Y cuando la velocidad de los procesos de innovacin produce excesivos riesgos sistmicos, es preciso que los operadores econmicos acepten los vnculos y frenos que exige el bien comn, sin tratar de burlarlos o disminuirlos.

 

En tal sentido, teniendo presente la actual globalizacin del sistema financiero, es importante mantener una coordinacin estable, clara y eficaz entre las diversas autoridades nacionales de regulacin de los mercados, con la posibilidad, y a veces incluso la necesidad, de compartir con prontitud decisiones vinculantes cuando lo exija el riesgo para el bien comn. Esas autoridades de regulacin deben ser siempre independientes y estar vinculadas a las exigencias de la equidad y del bien comn. La dificultades comprensibles, en este sentido, no deben desalentar la bsqueda y actuacin de estos sistemas normativos, que deben ser concertados entre los pases y cuyo alcance debe ser igualmente supranacional.[41]

 

Las reglas deben favorecer una completa trasparencia de lo que se negocia, para eliminar toda forma de injusta desigualdad, garantizando lo ms posible un equilibrio en los intercambios. Especialmente teniendo en cuenta que la concentracin asimtrica de informaciones y poder tiende a reforzar a los sujetos econmicos ms fuertes, creando hegemonas capaces de influenciar unilateralmente no slo los mercados sino incluso los mismos sistemas polticos y normativos. Por lo dems, all donde se ha practicado una desregulacin masiva se ha puesto en evidencia que los espacios de vaco normativo e institucional constituyen espacios favorables, no slo para el riesgo moral y la malversacin, sino tambin para la aparicin de exuberancias irracionales de los mercados a las que siguen burbujas especulativas y luego repentinos colapsos ruinosos y de crisis sistmicas.[42]

 

22. Una gran ayuda para evitar crisis sistmicas sera establecer, para los intermediarios bancarios de crdito, una clara definicin y la separacin de la gestin de cartera de crditos comerciales y aquel destinado a la inversin o a la negociacin de cartera propia.[43] Todo esto para evitar, lo ms posible, situaciones de inestabilidad financiera.

 

La salud del sistema financiero exige adems la mayor cantidad de informacin posible, para que cada sujeto pueda tutelar en plena y consciente libertad sus intereses: es importante, en efecto, saber si los propios capitales son usados con fines especulativos o no, as como conocer claramente el grado de riesgo y la congruencia del precio de los productos financieros que se subscriben. Sobre todo considerando que el ahorro, especialmente el familiar, es un bien pblico que hay que tutelar y que trata siempre de excluir el riesgo. El mismo ahorro, cuando se pone en manos expertas de asesores financieros, tiene que ser bien administrado y no simplemente gestionado.

 

Entre los comportamientos moralmente criticables en la gestin del ahorro por parte de los asesores financieros cabe sealar: los excesivos movimientos del portafolio de ttulos, con el propsito principal de incrementar los ingresos generados por las comisiones del intermediario; la desaparicin de la imparcialidad debida en la oferta de instrumentos de ahorro, con la complicidad de algunos bancos, all donde los productos de otros sujetos se ajustaran mejores a las necesidades del cliente; la falta de diligencia adecuada o incluso negligencia dolosa por parte de los consultores, respecto a la proteccin de los intereses de portafolio de sus clientes; la concesin de prstamos por parte de un intermediario bancario, subordinada a la simultnea subscripcin de otros productos financieros quizs no favorables al cliente.

 

23. Toda empresa es una importante red de relaciones y, a su manera, representa un verdadero cuerpo social intermedio, con su propia cultura y praxis. Estas, mientras determinan la organizacin interna de la empresa, afectan tambin al tejido social en el que ella opera. Precisamente a este nivel, la Iglesia recuerda la importancia de una responsabilidad social de la empresa[44], que se explicita ad extra y ad intra de la misma.

 

En este sentido, donde el mero beneficio se sita en la cima de la cultura de una empresa financiera, ignorando las simultneas necesidades del bien comn cosa que hoy se seala como un hecho generalizado incluso en prestigiosas escuelas de negocios (businessschools) , toda instancia tica viene de hecho percibida como extrnseca y yuxtapuesta a la accin empresarial. Esto resulta mucho ms acentuado por el hecho de que, en tal lgica organizativa, aquellos que no se adecuan a los objetivos empresariales de este tipo, son penalizados tanto a nivel retributivo como de reconocimiento profesional. En estos casos, la finalidad del mero lucro crea fcilmente una lgica perversa y selectiva, que a menudo favorece el ascenso a la cima empresarial de sujetos capaces pero codiciosos y sin escrpulos, cuya accin social es impulsada principalmente por una ganancia personal egosta.

 

Adems, esta lgica obliga con frecuencia a la administracin a actuar polticas econmicas encaminadas, no a impulsar la salud econmica de las empresas a las que servan, sino a incrementar solo los beneficios de los accionistas (shareholders), perjudicando as los intereses legtimos de todos aquellos que, con su trabajo y servicio, operan en beneficio de la misma empresa, as como a los consumidores y a las varias comunidades locales (stakeholders). Y todo ello, a menudo, estimulado por enormes remuneraciones proporcionales a los resultados inmediatos de la gestin (por lo dems no equilibradas con equivalentes penalizaciones en caso de fracaso de los objetivos), que, si bien a corto plazo aseguran grandes ganancias a los directivos y accionistas, terminan por propiciar la aceptacin de riesgos excesivos y dejar a las empresas debilitadas y empobrecidas de las energas econmicas que les habran asegurado perspectivas adecuadas de futuro.

 

Todo esto fcilmente genera y difunde una cultura profundamente amoral en la que con frecuencia no se duda en cometer un delito, cuando los beneficios esperados superan las sanciones previstas y contamina seriamente la salud de cualquier sistema econmico-social, poniendo en peligro su funcionalidad y daando gravemente la realizacin efectiva del bien comn, sobre el cual se fundan necesariamente todas las formas de socializacin.

 

Por lo tanto, es urgente una autocrtica sincera a este respecto, as como una inversin de tendencia, favoreciendo en cambio una cultura empresarial y financiera que tenga en cuenta todos aquellos factores que constituyen el bien comn. Esto significa, por ejemplo, que hay que colocar claramente a la persona y la calidad de las relaciones interpersonales en el centro de la cultura empresarial, de modo que cada empresa practique una forma de responsabilidad social que no sea meramente marginal u ocasional, sino que anime desde dentro todas sus acciones, orientndola socialmente.

 

Precisamente aqu, la circularidad natural que existe entre el beneficio factor intrnsecamente necesario en todo sistema econmico y la responsabilidad social elemento esencial para la supervivencia de toda forma de convivencia civil est llamada a revelar toda su fecundidad, mostrando el vnculo indisoluble, que el pecado tiende a ocultar, entre una tica respetuosa de las personas y del bien comn, y la funcionalidad real de todo sistema econmico-financiero. Esta circularidad virtuosa es favorecida, por ejemplo, por la bsqueda de la reduccin del riesgo de conflicto con los stakeholder, como asimismo por el fomento de una mayor motivacin intrnseca de los empleados en una empresa.

 

Aqu la creacin de valor aadido, que es el propsito primordial del sistema econmico-financiero, debe demostrar en ltima instancia su viabilidad dentro de un sistema tico slido, precisamente porque se basa en una bsqueda sincera del bien comn. Slo del reconocimiento y potenciacin del vnculo intrnseco que existe entre razn econmica y razn tica puede emanar un bien que sea para todos los hombres.[45] Dado que tambin el mercado, para funcionar bien, necesita presupuestos antropolgicos y ticos, que por s solo no es capaz de producir.

 

24. Si bien, por un lado, el mrito crediticio exige una actividad de seleccin atenta, para identificar beneficiarios realmente dignos, capaces de innovar y evitar colusiones insanas, por otro lado los bancos, para poder soportar adecuadamente los riesgos afrontados, deben disponer de convenientes dotaciones de activos, de modo que una eventual socializacin de las prdidas sea lo ms limitada posible y recaiga sobre todo en aquellos que han sido realmente responsables.

 

Ciertamente, la gestin delicada del ahorro, adems de la debida regulacin jurdica, requiere tambin paradigmas culturales adecuados, junto con la prctica de una revisin cuidadosa, sin excluir el punto de vista tico, de la relacin entre banco y cliente, y una supervisin continua de la legitimidad de todas las operaciones que le conciernen.

 

Una propuesta interesante para moverse en esa direccin y que habra que experimentar, sera establecer Comits ticos, dentro de los bancos, para apoyar a los Consejos de Administracin. Todo ello para ayudar a los bancos, no slo a preservar sus balances de las consecuencias de sufrimientos y prdidas y a mantener una coherencia efectiva entre la misin fiduciaria y la praxis financiera, sino tambin a apoyar adecuadamente la economa real.

 

25. La creacin de ttulos de crdito de alto riesgo que operan de hecho una especie de creacin ficticia de valor, sin un adecuado quality control ni una correcta evaluacin del crdito puede enriquecer a quienes hacen de intermediarios, pero crean fcilmente insolvencia en perjuicio de aquellos que los deben cobrar; esto es tanto an ms cierto si el peso de la criticidad de estos ttulos, por parte del instituto que los emite, se descarga en el mercado en el que se difunden y propagan (por ejemplo, la titulacin de hipotecas subprime), generando intoxicacin en amplios sectores y dificultades potencialmente sistmicas. Esta contaminacin de los mercados contradice la necesaria salud del sistema econmico-financiero, y es inaceptable desde el punto de vista de una tica respetuosa del bien comn.

 

Cada ttulo de crdito debe corresponder a un valor orientativamente real y no slo presumible y difcilmente cotejable. En tal sentido, es cada vez ms urgente una regulacin y evaluacin pblica super partes del comportamiento de las agencias de rating del crdito, con instrumentos jurdicos que permitan, por un lado, sancionar las acciones distorsionadas y, por otro, impedir la creacin de situaciones de oligopolio peligroso por parte de algunas de ellas. Esto es particularmente cierto en caso de productos del sistema de intermediacin crediticia en los que la responsabilidad del crdito concedido es descargada por el prestamista original sobre quienes lo relevan.

 

26. Algunos productos financieros, incluidos los llamados "derivados", se crearon para garantizar un seguro contra riesgos inherentes a determinadas operaciones, incluyendo a menudo una apuesta hecha sobre la base del valor presuntamente atribuido a dichos riesgos. Subyacentes a estos instrumentos financieros estn los contratos en los que las partes todava pueden evaluar razonablemente el riesgo fundamental contra los cuales se pretende asegurarse.

 

Sin embargo, para algunos tipos de derivados (en particular, las llamadas titulizaciones o securitizations), se ha observado que a partir de las estructuras originarias y vinculadas a inversiones financiaras individuales se construan estructuras cada vez ms complejas (titulizaciones de titulizaciones), en las cuales es cada vez ms difcil en realidad, prcticamente imposible despus de varias de estas transacciones establecer en modo razonable y ecuo su valor fundamental. Esto significa que cada paso en la compraventa de estos ttulos, ms all de la voluntad de las partes, opera de hecho una distorsin del valor efectivo del riesgo que el instrumento debera proteger. Todo ello ha favorecido el surgimiento de burbujas especulativas, que han sido importantes concausas de la reciente crisis financiera.

 

Es evidente que la improvisa aleatoriedad de estos productos el desvanecimiento creciente de la transparencia de lo que aseguran que, en la operacin original no es percibida, los hace cada vez menos aceptables desde el punto de vista de una tica respetuosa de la verdad y del bien comn, ya que los transforma en una especie de bombas de relojera, listas para explotar antes o despus, esparciendo su falta de fiabilidad econmica e intoxicando los mercados. Hay aqu una carencia tica, que se vuelve ms grave a medida que estos productos se negocian en los llamados mercados extraburstiles (over the counter) expuestos al azar, cuando no al fraude, ms que los mercados regulados y sustraen linfa vital e inversiones a la economa real.

 

Una valoracin tica semejante se puede hacer tambin con respecto a los usos de los credit default swap (CDS: permuta de incumplimiento crediticio; esto es, contratos particulares aseguradores del riesgo de quiebra), que permiten apostar sobre el riesgo de quiebra de un tercero, tambin a aquellos que no han asumido en precedencia un riesgo de crdito, e incluso repetir tales transacciones en el mismo evento, lo cual no es de ninguna manera permitido por las normales plizas de seguros.

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    Este primer cuadernillo es parte de una serie que se irn desarrollando con el objeto de cumplir con las pautas fijadas por el CDN a la Secretara de Capacitacin.


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