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Qué decir del 17 de octubre

 29/09/2025   162
Qué decir del 17 de octubre
Ernesto Villanueva*

¿Qué decir del 17 de octubre? Ríos de tinta sobre ese día, sobre esa fecha. Los aspectos históricos han sido comentados y escritos muchas veces y desde diferentes perspectivas. Ha habido discusiones tanto contradictorias como, en ocasiones, timoratas acerca de por qué los que dirigían la CGT en aquel entonces, polemizaron tanto, desconfiando de ese militar en ascenso, que la reunión terminó tan tarde el 17 de octubre a la madrugada, que plantearon un paro general para el 18. La gente ni se enteró. Ya directamente para ese mismo 17, marchó hacia el centro en la medida que podía. El mito dice que el peronismo nació en la calle Nueva York, en Berisso… No lo sabemos a ciencia cierta. Otros también sostienen que fue en los propios frigoríficos de Avellaneda que daban sobre el riachuelo. Lo cierto es que esa jornada significó una ruptura enorme. En dos años un ignoto coronel había convertido una oficina burocrática sobre temas de trabajo en algo importantísimo simplemente planteando cuestiones y resolviéndolas, que tienen que ver con las características del propio ser humano. Que el trabajo dignifica; que el trabajador merece ser tratado como un ser humano; que es posible que ese esquema de todos modos no obstaculice indefectiblemente un sistema de producción; que las mujeres tuvieran una vida digna. Aquí es útil mencionar una anécdota contada por un capitán de la marina, el capitán Anzorena, que había sido puesto por la Armada en la Casa Rosada para espiar a Perón cuando era vicepresidente. Y un día, de casualidad, el entonces coronel lo invita a que lo acompañe. Van juntos al Once, donde había una empresa textil, en la que eran todas mujeres. El empresario lo recibe con gran pompa pero Perón lo primero que hace es decirle: “quiero ver el baño de mujeres”. Por supuesto, las instalaciones eran escasas y estaban sucias. Ese era el verdadero coronel que la gente reivindicaba ese 17 de octubre. Alguien que atendía a los seres humanos más desposeídos, más vulnerables. Y bueno, todos conocemos de esa gran movilización que marcó el futuro de la Argentina. Le arrancan al entonces presidente el retorno de Perón desde la isla Martín García donde lo habían confinado, a la misma Plaza de Mayo. Y el presidente se ve obligado a pedirle a Perón que vaya al balcón de la Casa Rosada. Que esa gran movilización en su favor no se desborde. Pero es justo que tengamos presente también que días antes hubo grandes movilizaciones anti-Perón, anti-trabajadores, multitudinarias, apasionadas, que veían en ese movimiento naciente un peligro para la Argentina que estaba muriendo. Y creo que ese aspecto es un aspecto que tenemos que tener permanentemente a la vista. En realidad, no hay una sino dos Argentinas. Y en aquel entonces ello se expresaba con toda crudeza. Una Argentina, sí, del privilegio, pero que tiene un apoyo enorme y que se asusta de que el laburante común tenga derechos.

Qué significa para nosotros

Ahora bien, ¿qué significa para nosotros ese día a ocho décadas de aquel momento? Por supuesto, es un referente importantísimo. Es un lugar donde mirarnos, un espacio donde comparar nuestras realidades. Un lugar que nos remite de nuevo a nuestros orígenes. Un poco como ocurre en estos días con Francisco, con el Papa Francisco, planteándole a la Iglesia que tiene que volver al mensaje original de Cristo. Y para nosotros ese origen está en el 17 de octubre. ¿Cuánto nos hemos distanciado y diferenciado del mensaje original? En aquel entonces no había miedo en decir proletario, en decir obrero, en decir clase obrera. Bueno, es cierto que ha habido una especie de dilución, de ablandamiento de nuestros contenidos, de nuestros mensajes. Y, entonces, ese día se nos aparece de nuevo con una luminosidad distinta, diciendo: ahí está donde nacimos. Pensemos un poquito en aquel día, pensemos un poquito en nuestros orígenes.

Apropiaciones diversas

Porque el 17 de octubre fue siendo apropiado de maneras muy diversas. Recuerdo el de 1964, cuando la farsa democrática de Illia fue puesta a prueba por una gran concentración, prohibida por el gobierno. Represión, policía montada, heridos, incendios, vidrieras rotas. Allí, los peronistas, mostramos los límites que tenía ese viejito cordobés. La democracia sí, pero para ellos. No podemos incorporar a toda la población. Incorporemos a los que piensan como nosotros. Que ése es uno de los grandes dramas de nuestra Argentina.

Letra y realidad

Nuestro sistema democrático, a pesar de la letra, a pesar de las cosas que muchísimas veces se dicen, no acepta que los sectores populares gobiernen. A veces se han resignado a partir de fracasos enormes. Pero hay de fondo la idea de que nosotros somos subhumanos. Y esa forma de pensar es una forma de encarar la realidad política, incluso aunque nosotros nos portemos, entre comillas, bien. No engañamos a nadie. Ellos, mejor que nosotros, saben que el peronismo es ese hecho maldito que ponía con un gran signo de interrogación a todo el país burgués. Y me parece que nosotros queremos hacernos los distraídos con eso. Hacer buena letra, ser civilizados. Lo cierto es que la transformación de movimiento en partido ocurrida después de nuestra derrota en 1983, ha tenido ese aspecto negativo de la búsqueda de una civilización que no consiste en otra cosa, sino en aceptar lo
dado. En incorporarnos a un sistema en lugar de cuestionarlo. Y creo que en esas cuestiones está el ocaso actual que vive el peronismo. Ocaso que yo confío no sea definitivo, pero que es real. Reconocer esta triste realidad es el primer paso para mejorar. El movimiento nacional y popular ha dejado de ser una esperanza, a los ojos de sectores inmensos de nuestro pueblo. Ha dejado de tratar de representar a los más humildes, a los olvidados de la tierra. Y se ha convertido en un partido del orden. Frente al caos que significó De la Rúa, frente al desmadre que significó Macri, bueno, el peronismo trata de reencauzar la situación. No es lo que quiere nuestro pueblo. Nuestro pueblo quiere transformación. Reencauzar la situación no hace nada más que reordenar una situación de injusticia, solo que alivianándola un poco. Pero el peronismo original no fue eso. El peronismo original le dio un poder enorme a la clase obrera. Pensemos que había agregados obreros en todas las embajadas, que había representantes obreros en el propio Banco Nación.

El Declive

Bien, hemos estado viviendo un declive lento. Es cierto que Néstor y Cristina hicieron un gobierno que redujo las distancias en la distribución del ingreso, que logró un crecimiento importante, crecimiento que fue a favor de los trabajadores, pero no terminó de atar, de consolidarse esa situación. Por eso nos tenemos que hacer la pregunta, ¿el peronismo revivirá? ¿Resurgirá? No creo que la pregunta llegue a ser resurgir de sus cenizas, pero lo cierto es que estamos muy apagados. Lo cierto es que hoy observamos una dispersión enorme. Lo cierto es que vemos una dilución de las banderas tradicionales. Lo cierto es que no nos atrevemos a decir patria libre, justa y soberana. Estamos con la idea de justicia social, eso sí, amparados sobre todo en el esquema de trabajo del Papa, pero el concepto de soberanía ha quedado muy diluido. El concepto de independencia económica, bueno, ni lo mencionamos, ni lo hablamos. Se privatiza; se desnacionaliza el río Paraná, no importa. Se habla de poner una base norteamericana en Tierra del Fuego, bueno, no es tan grave, etcétera, etcétera.

Realidades nuevas

Me parece que si nosotros estamos planteándonos la posibilidad de que reviva el peronismo, tenemos que ver de nuevo nuestros orígenes y traducirlos al año 2025, cosa que falta muchísimo, por cierto. A eso se le agregan algunos problemas estructurales. Problemas estructurales que tienen que ver con que, mientras que en el 46 se marchaba a una homogeneización creciente de la clase obrera, todavía no estaba homogeneizada como lo estuvo después. En cambio, hoy, encontramos niveles de productividad muy diferentes en las grandes industrias que en las pequeñas industrias. Encontramos trabajo formal en un 50% de nuestros trabajadores y una proporción análoga de trabajo informal. Encontramos que mucho del trabajo formal y del informal tiene características, rasgos, que no estaban en aquel entonces, en la segunda mitad de la década del 40 y del 50 del siglo pasado. Esto es, una posibilidad de autoexplotación mayor, la posibilidad del trabajo en casa, la fantasía de un individualismo laboral que no es tal. En fin, el peronismo tiene un déficit enorme a la hora de pensar clase obrera, formal e informal y modificaciones de las características de los trabajadores.

Es que han cambiado las características de los trabajadores hoy y es indudable que han ocurrido cambios fundamentales en la forma de organización del trabajo industrial, del trabajo rural. Pensemos en los drones; en los tractores que andan solos; en la automatización en general; en el papel de los servicios; en la importancia del turismo; en el tema de la concentración económica de los trabajadores que antes hacían changuitas, que hoy se llaman Rappi, Pedidos ya, etc. Si es cierto que todo eso se ha modificado, evidentemente recurrir a nuestros mitos fundantes; la clase obrera yendo espontáneamente a la Plaza de Mayo; el pedido por nuestro líder; la organización directa entre el líder y los trabajadores; el papel de los sindicatos; todo eso, el tema de la conciliación entre el trabajo y el capital, la temática de la soberanía nacional, de las tres grandes banderas, todo eso, esos mitos fundantes tienen que ser traducidos a este inicio del segundo cuarto del siglo XXI.

Resistencias de nuevo tipo

Esto requiere resistencias de nuevo tipo. En esta coyuntura tan difícil que estamos viviendo, donde estamos en manos de un gobierno de los que a veces tendemos a despreciar, pero que parece simplemente producto de un plan siniestro para destruir la existencia de nuestra patria; de reducir a nuestros trabajadores organizados a semiesclavos; de desaparecer todo vestigio de un empresariado nacional. Este gobierno no quiere hacer como Trump, sino simplemente ser un seguidor de un imperio que está en decadencia. Entonces, requerimos de una resistencia de nuevo tipo. Me parecen perfectas las movilizaciones que ha hecho la CGT, los intentos de paro que ha hecho, pero lo cierto es que hay un debilitamiento fuerte, por ejemplo de la agremiación. No veo de parte de los sindicatos una política activa de reafiliación, no veo grandes esfuerzos para ir logrando que esos trabajadores independientes que hacen home office o los que vemos en bicicleta, en moto, estén organizados; no veo una política activa al respecto. Los movimientos populares que se organizan básicamente desde el territorio, en alguna medida desde la economía popular, tienen restricciones enormes. Me parece que ha sido muy útil la aceptación de la UTEP por parte de la CGT, pero me parece que es insuficiente, que tenemos que exprimirnos un poquito más la cabeza, para que estas formas de resistencia sean más activas y que le duelan más al gran capital concentrado.

Materia y espíritu

¿Por qué? En esta época nos encontramos un mundo, en el occidente al menos, muy ligado a lo material, en donde lo que planteaba Francisco sobre el Dios dinero es cierto y tenemos que, en parte, combatir en ese plano; salarios, ingresos indirectos, participación en las ganancias como lo establece nuestra Constitución, normativas que la auto explotación deje lugar al trabajador contratado, pero, en otra parte, dar una dimensión mítica, una dimensión espiritual, de la que esta gente carece. Esta gente es simplemente consumo, ostentación, ruptura de toda barrera moral. Me parece que en ese sentido, ahí hay un camino enorme a desarrollar de parte nuestra; la dimensión simbólica, la dimensión ética; es una dimensión propia de todos los seres humanos, y el hecho de que en este momento se abandone por parte de los sectores dominantes, nos abre a nosotros la posibilidad de un camino que tenemos que explotar más que antes. ¿Por qué? Porque en occidente evidentemente hay una pérdida de la religiosidad, una declinación de la religiosidad y me parece que desde el movimiento nacional popular, el tema de recuperar ese mito fundante del 17 de octubre, esa fuerza que tenía la resistencia con el sueño del regreso de Perón, esas ilusiones que teníamos en los 70, sobre cómo recuperarlo y las posibilidades que teníamos de avanzar, avanzar y avanzar, me parece que hay que trabajar en ese plano traducido, como digo, al segundo cuarto del siglo XXI. En ese sentido me parece que tenemos que ser conscientes de que hoy por hoy estamos resbalando, resbalando y resbalando. ¿Qué quiero decir con esto? Simplemente que estamos sentados en un tobogán con un declive. Algunos creerán que ese declive es enorme, otros creemos que ese declive es lento, pero es un declive. Hay una carencia nuestra de una promesa de futuro distinta para nuestra gente, y nuestra gente son los argentinos. Creo que refugiarnos solamente en la defensa de las minorías, de las mujeres, de los trans, etc., etc., es un aspecto, pero no es el gran aspecto.

Recreación

Por eso pensar en recuperar aquel mito del 17 de octubre e incorporarle otros pasos enormes, me parece que es una tarea pendiente que tenemos todos. Y uno de los aspectos, a mi juicio, el central de todo eso, es la creación o recreación de un proyecto fundante. En la época de la inteligencia artificial, nosotros todavía estamos pensando en términos del fordismo. Es un atraso enorme. Pero tenemos la gran ventaja, como digo, de todos los vacíos que deja en los seres humanos este proyecto de destrucción de nuestra Argentina. Y me parece que tenemos que trabajar por ese lado. No concentrándonos como si fuéramos una secta religiosa, lejos del poder. Sino que esa dimensión, la dimensión espiritual, también esté presente en nuestras reivindicaciones. Una moral nueva, una moral más estricta, a la vez que vamos peleando por lo material, que es central. El nivel salarial. Nos hemos olvidado de exigir vivienda para cada uno de los jóvenes. ¿Qué futuro va a pensar un joven que ni siquiera tiene la posibilidad de casarse y tener una casa? Creo que hay que pensar desde ahí, desde las cuestiones más llanas, más básicas. Ese proyecto fundante, por supuesto, debe trabajar muchísimo en el tema de qué significa un proceso industrial hoy en la Argentina. ¿Es suficiente la sustitución de importaciones? ¿Qué hacemos en una época en donde las cadenas globales de valor son un elemento que incluso le dobla el brazo a Trump? ¿Cómo pensamos la soberanía en el plano informático y en el plano en general económico? ¿Cuáles son los resortes económicos que nosotros debemos controlar, y por nosotros me refiero al Estado, para que Argentina vuelva a ser una patria como se merece? No nos tenemos que conformar con nacionalizaciones de empresas deficitarias. No nos interesa eso. Tiene que ser, en todo caso, un control estatal de aquellos sectores que sean la clave para el desarrollo y para la justicia social de nuestro país.

Una militancia nueva
En ese sentido estamos, es indudable, necesitando una nueva militancia que piense un futuro distinto. Una militancia no tan aferrada al tema de los cargos, sino al tema de la transformación de nuestra patria. Una nueva militancia que no piense tanto en las próximas elecciones, sino en el trabajo cotidiano con nuestra gente. La representación puede ser a través de redes, y puede ser a través de personas, todos juntos. No hay una verdadera discrepancia entre unos y otros. Las redes se han utilizado para la derecha y también para posiciones de transformación. Las tenemos que utilizar para nosotros. Ya se hace, lo tenemos que redoblar. Pero lo cierto es que la organización popular está muy debilitada. Encontramos barrios enteros en donde las unidades básicas han desaparecido, donde el trabajo territorial es recuerdo, en donde no hay una presencia de la militancia concreta. En el mundo de las redes aspiremos a empatar, pero en el universo del territorio debemos ganar por goleada. Entonces, simplemente debemos preguntarnos dónde tenemos que encontrar el fuego, aquel fuego que nos dio fuerza para cruzar el Riachuelo, hasta incluso nadando, incluso algunos nadando. ¿Nuestra llama se está apagando? Bueno, hubo momentos en la historia que parecía que se apagaba. Durante un momento de la primera resistencia la llamita estaba muy, muy débil. En el año 67, en el año 66 ocurría otro tanto y después, pum, dio lugar a un chispazo enorme. Pero nosotros, nosotros no tenemos que ser los señores que soplan para que se apague, sino que tenemos que ser los señores y señoras que soplamos para que reviva. No tenemos que contribuir al debilitamiento poniéndonos saco y corbata y haciendo buena letra.

Transgresión

Tenemos que contribuir al fortalecimiento del peronismo recuperando ese sentido transgresor, ese sentido de transformación; ese sentido hay que decirlo con todas las palabras, revolucionario. En ese sentido, las discusiones de qué significa buscar la soberanía hoy, qué significa en lo económico, en lo tecnológico, en lo comunicacional. Tenemos que retornar a la insubordinación. Después de la pérdida de la centralidad que han tenido los sindicatos con la derrota del 83, la renovación peronista tuvo sus aspectos positivos, pero también sus negativos, digámoslo enteramente. La recuperación de la idea de movimiento me parece que es central. A veces el partido se convierte excesivamente en partidocrático y me parece que tiene que haber un sano equilibrio entre la idea de partido y la idea de movimiento, donde, por supuesto, los sindicatos tienen que jugar un papel fundamental; las mujeres otro tanto; los jóvenes, etcétera, etcétera. De ahí esa idea de liderazgos renovados. Ha pasado ya un cuarto de siglo de aquel soplo revivificador que significaron Néstor y Cristina. Hoy son otros tiempos. Necesitamos líderes nuevos, una nueva generación que haya vivido, no los avatares de la derrota, sino que vivan los avatares futuros del triunfo.

Aislamiento

Por eso necesitamos un perfil abierto para nuestro movimiento nacional y popular. Un perfil abierto, no un perfil cerrado. Necesitamos romper nuestro aislamiento. Desde la resolución 125, lo cierto es que el peronismo ha sido objeto de una especie de cordón sanitario que posibilita que se reúnan todos en contra nuestro. Tenemos una cantidad impresionante de diputados nacionales y de senadores y no hemos podido modificar la situación. Ello habla de una debilidad de nuestra política. Por supuesto, el poder económico siempre lo ha sido. Pero tenemos que volver a las fuentes.

Para finalizar, a modo de intento de reflexión, Veamos este cuadro sinóptico realizado por el propio General en 1946 en el libro Azul y Blanco:


Ahí está bien claro que nuestros enemigos de entonces son los de hoy y son los de siempre.

Yo creo, para terminar, que no somos un espejo roto y que estamos mirando sólo uno de los fragmentos que quedó. Por el contrario, en ese fragmento estamos viendo nuestro futuro.


* Sociólogo. Profesor universitario.

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