Voy a embarcarme en una temática
difícil pero necesaria, difícil porque
cada vez que alguien quiere comprometerse en el imprescindible
debate acerca del rol de las organizaciones
clandestinas, armadas, hasta 1976, comienza la vocinglería de los que han armado
su propio relato, algunos ingenuamente o
bien intencionados, por mala o parcial información y otros porque han podido vivir,
dando charlas, publicando libros, asesorando gobiernos, siempre ejerciendo el rol
de “guardianes de la memoria” o sea, han
construido una industria que les ha permitido
vivir con bastante holgura y por sobre todo
manteniendo vivo su antiperonismo, su odio
visceral a Juan Domingo Perón, inclusive a
partir del endiosamiento a Eva Perón como
figura mítica y verdadera revolucionaria para
confrontarla con él, traidor, fascista y encima
“milico” Juan Perón.
El escritor español Javier Cercas en su libro
“El Impostor” (calidad aplicable a muchos de
estos pensionados de los años 70) se pregunta ¿Que es la industria de la memoria?,
un negocio, ¿Que produce este negocio? un
sucedáneo, un abaratamiento, una prostitución de la memoria, también de la historia,
porque en tiempos de memoria, esta ocupa,
en gran parte el lugar de la historia. O dicho
de otro modo: la industria de la memoria es
a la historia auténtica lo que la industria del
entretenimiento al auténtico arte...porque la
historia deben hacerla los historiadores no
los políticos y la memoria la hace cada uno.”.
Con menor dureza el Indio Solari decía hace
unos años que la memoria no es confiable,
uno no recuerda exactamente, fielmente, lo
acontecido, a medida que pasan los años
nuestra memoria nos juega malas pasadas, modifica hechos para hacerlos más
tolerables, justifica egoísmos o transforma
fracasos en heroicos intentos semi exitosos.
Cuando uno no ha participado de los acontecimientos en análisis, los describe según
lo ha recibido de otros (prensa, actores de
las cuestiones analizadas) y esas fuentes
suelen tener el color de nuestro agrado, si los ha vivido juegan los factores anteriores,
además entran a jugar los intereses propios
y/o de grupo.
Según Gieco “Todo está grabado en la memoria”, sin embargo, esa “memoria” difícilmente contenga la descripción real, honesta
y completa de los sucesos, aún con absoluta
honestidad y buenas intenciones, siempre
está la pelea entre lo que en realidad pasó
y lo que sentí que pasó o deseé que hubiera
ocurrido, ni que hablar cuando esa memoria
se transforma en “historia”, es decir se “oficializa” como verdad histórica.
Para comprender el origen social de estos
grupos de los años setenta vamos a tener
que hacer un poco de historia, el primer grupo de civiles armados que desde la clandestinidad intentó derrocar a un gobierno fueron
los autodenominados “Comandos Civiles”
que primero intentaron asesinar a Perón y
luego se sumaron al alzamiento militar.
Estos
hijos de la clase media alta y aristocracia porteña y en particular de Córdoba, estudiantes
universitarios laicos y grupos confesionales,
provenientes de la Unión Cívica Radical, del
conservadurismo o la incipiente Democracia
Cristiana, asesinaron policías que estaban
asignados en alguna calle o como consignas, pusieron bombas, practicando el más
crudo terrorismo para desestabilizar al gobierno justicialista.
En uno de sus intentos de
magnicidio más ambicioso, asesinar a Perón
cuando se dirigiera a la Casa de Gobierno,
participó Diego Muñiz Barreto, luego cuadro
de conducción de Montoneros y diputado
nacional de la Tendencia, el compañero y
amigo Aldo Duzdevich ha escrito profusamente sobre esto y a su lectura encomiendo
al que quiera profundizar.
Recordemos que, si definimos como “Terrorismo” el asesinar policías, poner bombas,
como hizo Roque Carranza en 1953 o intentar asesinar funcionarios de gobierno o
al mismísimo presidente esa calificación no
puede cambiar cuando dichas acciones las
llevan adelante hombres y mujeres afines
políticamente contra gobiernos de un signo
contrario al nuestro.
A la caída de Perón y en los 18 años de
proscripción, el peronismo desarrolló actos
de terrorismo en fábricas, metiendo “caños”,
pero mostró un respeto casi suicida por las
vidas ajenas, tanto así que muchas veces
sus militantes murieron o fueron heridos y
detenidos por evitar muertes, incluso de las
fuerzas policiales, jamás cometió atentados
explosivos contra personas o asesinó deliberadamente figuras del “gorilismo” gobernante, tanto de los militares golpistas como
de gobiernos civiles fraudulentos, ya que
habían llegado gracias a la proscripción de
Perón y del Partido Justicialista.
En los años 60 se producen acontecimientos
que van a incidir en la política local, en primer lugar, las crecientes luchas de los pueblos coloniales y semicoloniales para desembarazarse de las potencias dominantes:
Argelia, Egipto, China fueron revoluciones
triunfantes que mostraron que la victoria era
posible. La lucha de los “barbudos” en Cuba
que acaudillados por Fidel Castro toman el
poder en 1959, derrocando a la infame dictadura de Fulgencio Batista, conmocionó a
los jóvenes y a los revolucionarios de toda
Hispanoamérica.
En esos mismos años el Concilio Ecuménico
II, impulsado por Juan XXIII y llevado a cabo
por Paulo VI, provocó otro terremoto, en
este caso en la Iglesia católica, convocando
a una iglesia junto al pueblo, denunciando
la injusticia y desplazando a la filosofía por
la cultura como instrumento de evangelización y difusión del mensaje de Dios, lo que
obligaba a sumergirse en el conocimiento
de las distintas culturas y realidades históricas. Esto llega a América en la reunión de
la Conferencia Episcopal Latinoamericana
realizada en Medellín donde nace la llamada
Teología de la Liberación.

En la Argentina, se sucedían los gobiernos
militares y civiles, los sectores medios
comenzaban a expresar su disgusto ante
las crecientes dificultades económicas, los
trabajadores continuaban en su lucha por
defender sus derechos y recuperar la democracia plena con el retorno de Perón,
exiliado en España, y las elecciones
sin proscripciones.
En 1966 un nuevo golpe entroniza
en el poder a Juan Carlos Onganía,
militar de escasas ideas y gran megalomanía, ya imbuido de la Doctrina
de la Seguridad Nacional en la que
habían sido instruidas nuestras Fuerzas Armadas, no por EE.UU. como se
afirma, sino por los militares franceses
derrotados en Argelia e Indochina, que
de regreso a Francia intentan derrocar
a De Gaulle o asesinarlo, fracasan
y se emplean como instructores de
la “Lucha contra el comunismo” en
nuestras tierras.
Ellos son los que traen las ideas de la
“guerra sucia”, el secuestro, asesinato
y “desaparición” de “el enemigo marxista”, metiendo en esa bolsa a todos
los luchadores por la emancipación de
sus patrias, la Escuela de las Américas
es su continuación, pero no el origen
del terrorismo de Estado.
Onganía, decide eliminar todo foco
de “adoctrinamiento marxista” y pone
sus ojos en las universidades, en
particular en la UBA que si bien era verdad
que había sido conducida por hombres
como Romero o Risieri Frondizi, profesantes de un liberalismo de izquierda o un
marxismo “académico”, en realidad lo que
representaba era un bastión antiperonista,
que había sido “depurado” de profesores y
auxiliares seguidores del “tirano depuesto”,
era llamada la “Isla Democrática”, ya que en
sus claustros se podía leer a Marx, Engels
o sus epígonos, mientras fuera de ella se
perseguía, encarcelaba y torturaba a los
peronistas.
Obtuso como era, Onganía lanzó una brutal
represión en la famosa “Noche de los Bastones Largos”, apaleando docentes y estudiantes y lanzando al exilio una generación
de los mejores científicos, investigadores,
filósofos, producida en el país.
Rotas las ilusiones que expulsado el peronismo, la Argentina volvería a la arcadia de
antaño para los sectores medios, destruidas
sus ilusiones “democráticas” de una universidad autónoma y ajena a las desdichas del
pueblo que la sostenía con sus impuestos,
un sector importante empieza a mirar con
interés las luchas revolucionarias de otras
tierras, los militantes de grupos católicos
comienzan a escuchar a los “Sacerdotes
del Tercer Mundo” y se conmueven con la
muerte en el monte de Camilo Torres, sacerdote colombiano que había renunciado a los
hábitos y se enroló en un grupo guerrillero
formado al uso del modelo cubano.
En estos años aparecen los primeros intentos de constituir un “foco” guerrillero en
Argentina, en 1963, en Orán, Salta, aparece
el autodenominado Ejército Guerrillero de
los Pobres, conducido por Jorge Masetti,
que pretendía abrir un frente que sirviera
de apoyo al desembarco del Che Guevara
en Bolivia, fue destruido rápidamente por la
gendarmería y su jefe, supuestamente, se internó en la selva y nunca se supo más de él.
Masetti, había seguido al grupo guerrillero
cubano en Sierra Maestra, a pedido de Guevara fundó Prensa Latina, la agencia oficial
de noticias cubana, donde trabajaron, entre
otros, Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh y Rogelio García Lupo, enfrentado con
el creciente avance del Partido Comunista,
que no había participado de la lucha pero
comenzó a ocupar espacios luego que Castro adscribe al marxismo y sella su alianza
con la URSS, renuncia a su cargo en 1962,
en esos años también el Che, cuestiona la
intromisión de estos sectores y comienza a
preparar su salida de Cuba.
Aquí cabe mencionar un debate que se dio
en esos años, Guevara en un reportaje al
Monthly Review adelanta su visión del camino hacia la revolución latinoamericana,
afirma “Faltaron en América condiciones
subjetivas, de las cuales una de las más
importantes es la conciencia de la posibilidad de la victoria por la vía violenta frente
al poder imperialista y sus aliados internos.
Estas condiciones se crean mediante la
lucha armada...y de la derrota del ejército
por las fuerzas populares y su posterior
aniquilamiento...apuntando desde ya que
las condiciones se completan mediante el
ejercicio de la lucha armada, tenemos que
explicar que el escenario, una vez más, de
esta lucha, es el campo y que, desde el
campo, un ejército campesino...tomará las
ciudades”1
un recetario completo, un solo
camino La lucha armada, un solo lugar El
Campo y un solo actor El campesinado.
Esta visión fue consagrada por Fidel Castro
y transformada en manual por Regis Debray,
incluso la Constitución cubana establece
la lucha armada como único camino a la
revolución y el socialismo.
La Revolución cubana no triunfó por este
recetario, El Granma, yate en el que viajaron los 82 revolucionarios encalló cuando
llegó a la playa, fueron emboscados por las
fuerzas de Batista y solo sobrevivieron 15,
imaginar que con esta fuerza podían derrotar
a las fuerzas de Batista, más allá que este ni
siquiera tenía más que una guardia nacional
armada con fusiles de fines del siglo XIX,
suena muy romántico, pero es un dislate.
El triunfo de la revolución cubana habría sido
imposible sin el trabajo de Frank País, un
joven dirigente estudiantil reformista y maestro, que organizó las fuerzas del Movimiento
26 de Julio en las principales ciudades de
Cuba y cuyo asesinato por la policía en
Santiago de Cuba en julio de 1957, disparó
una rebelión popular sobre la cual se monta
el grupo guerrillero para obtener la victoria,
el que duda de lo que afirmo, que vaya a la
Habana, al Museo de la Revolución y vea
con sus propios ojos la relevancia que tiene
esta figura, dicho sea de paso el Partido
Comunista Cubano nunca apoyó ni a País ni
a Fidel, recién desembarca en la Revolución
triunfante, cuando el bloqueo y la agresión
de los EE.UU deja a Cuba aislada y se ve
obligada a caer en el abrazo de la URSS,
de ahí el rechazo de Masetti y del propio
Guevara, especialmente después de lo que
consideraron la “traición” de Moscú en 1962,
con la crisis de los misiles.
Dediqué este largo párrafo para que podamos comprender dos hechos fundamentales:
1) La influencia de Cuba en establecer la
lucha armada como único camino hacia
el cambio de estructuras, en su necesidad
que las revoluciones, que se producirían, en
América continental evitarían el aislamiento
de la isla del Caribe, el fracaso de esta estrategia provocó no sólo la aparición de la
URSS como aliada única, sino la muerte de
miles de militantes desde el Río Bravo hasta
el Estrecho de Magallanes.
2) El apresuramiento desesperado de Guevara por generar procesos revolucionarios,
primero en África, con el fracaso estrepitoso
en el Congo y luego en Bolivia, intentando
una revolución campesina en el único país
de América del Sur que había hecho, en
1958, una revolución que no sólo había
derrotado al ejército y lo había disuelto sino
había llevado adelante una reforma agraria.
Volviendo a nuestro país, la idea de
encarar la lucha armada surge de
tres hechos centrales:
1) El fracaso del intento de golpe militar,
primero con Juan José Valle y luego con
Iñíguez, para lograr el retorno de Perón,
reprimidos sangrientamente, incluso con el
asesinato de civiles.
2) El fracaso del intento de regreso de
Perón en 1964, frustrado por la alianza del
gobierno fraudulento de Arturo Illia con la
dictadura brasileña, que detuvo el avión en
Río de Janeiro y obligó al líder argentino a
regresar a España.
3) La anulación de las elecciones legislativas
de la Provincia de Buenos Aires, en marzo
de 1962, en las cuáles el dirigente sindical
peronista Andrés Framini logra el 42,22% de
los votos, obteniendo el triunfo.
Los militantes peronistas habían llegado a
la conclusión de que era imposible terminar
con la proscripción si no era por la violencia
revolucionaria, Cuba parecía enseñar el camino, y aparecen intentos como el Ejército
de Liberación Nacional-Movimiento Peronista de Liberación, más conocido como Uturuncos en 1959, nacidos en Santiago
del Estero, donde llegaron a tomar el cuartel
policial de Frías, conducidos por Enrique
Manuel Mena, quién fue detenido en Tucumán junto al reducido grupo de jóvenes que
lo acompañaba.
En 1968 aparecen las Fuerzas Armadas
Peronistas conducidas por Envar el Kadri, e
integradas por una mujer, Amanda Peralta y
otros doce jóvenes, que se instalan en Taco
Ralo, Tucumán, que son apresados rápidamente en un intento de entrenamiento, por
haber sido denunciados por los vecinos de
la zona creyendo que se trataba de contrabandistas.
Es bueno señalar que en esos años había
sido creada la Juventud Peronista, con
figuras inolvidables como Gustavo Rearte,
Carlos Caride, Jorge Rulli, Envar el Kadri,
Susana Valle. Felipe Vallese, Héctor Spina,
en 1960 habían producido una acción, el
ataque a una guardia de la aeronáutica en
Ciudad Evita, firmada como Ejército Peronista de Liberación Nacional, estos grupos
no se conforman con jóvenes universitarios
de clase media como ocurre a partir de los
70, casi todos ellos son obreros y muchos
activistas sindicales, familiarizados con la
acción directa que podía ir desde pegar fotos
de Perón y Evita en Corrientes y Esmeralda
para esperar que alguno las arrancara y
tomarse a trompadas, hasta poner un caño
en una vía del tren o un sabotaje fabril.
Es que entre 1955 y
1970, el peronismo
recurrió a todas las
formas de lucha posible para poner fin a la
Fusiladora, primero, y
a los gobiernos civiles
fraudulentos, muchos de sus dirigentes
fueron asesinados, detenidos y torturados
salvajemente e incluso “Desaparecidos”
como Vallese, obrero metalúrgico, delegado
en la fábrica TEA, en Caracas 940 del barrio
de Flores y que al momento de su secuestro
tenía 22 años, jamás fue encontrado aunque
con los años se supo que fue secuestrado
por la Policía Federal, conducido a la Comisaría Primera de San Martín, donde fue
torturado por varios días y trasladado a Villa
Lynch donde continuaron los tormentos. Se
supone que buscaban a Gustavo Rearte.
Remarco el carácter de trabajadores,
sindicalistas y militantes de la Juventud
Peronista, porque no se trataba de Grupos
de Vanguardia ni pretendían hacer ninguna
revolución socialista o tomar el poder ellos
para conducir un proceso revolucionario,
eran militantes peronistas que solo buscaban el regreso de Perón a la Argentina y
que hubiera elecciones libres, sin proscripciones, para que el pueblo pudiera elegir a
quién deseara, que el peronismo pudiera ser
legalizado y organizarse, en definitiva, recuperar una auténtica democracia, seguros
que con ella y habiendo elecciones limpias
el peronismo era imbatible, solo deseaban
retomar el camino de la Revolución Peronista, detenido por el golpe gorila y criminal encabezado por Aramburu y Rojas, impulsado
por la oligarquía y las fuerzas políticas que
la representaban, la UCR, el Socialismo, el
“Los militantes peronistas habían llegado a la
conclusión de que era imposible terminar con la
proscripción si no era por la violencia revolucionaria,
Cuba parecía enseñar el camino...”
Partido Conservador, el Partido Demócrata
Cristiano, la cúpula de la iglesia católica
argentina y Gran Bretaña.
En esos años se había producido lo que se
llamó el proceso de nacionalización de las
clases medias, esto es, sacudidos por la crisis económica, el reaccionarismo medieval
de las fuerzas armadas y cierto profesorado
y los sucesos ya citados de las luchas por
la liberación en el Tercer Mundo, gran parte
de esa generación, nacida en los años del
peronismo, comienza a revisar la historia
reciente y a cuestionar el rol de sus padres,
muchos de ellos antiperonistas, rompiendo
con la versión oficial de la “Segunda Tiranía”,
los trabajadores industriales, que seguían
siendo el sector más dinámico de la política
argentina, se encuentran con una juventud
universitaria que se desplaza hacia el campo
nacional, comienzan a circular entre estos
últimos, los libros de Jauretche, Scalabrini
Ortiz, Ramos, Hernández Arregui, José M.
Rosa, Fermín Chávez, de ahí el concepto
de nacionalización, las ideas y categorías
de los países dominantes comienzan a ser
desplazados por otras, nacidas aquí o en
países en lucha por su liberación.
Esta llamada Alianza Plebeya, por los sectores sociales que la componen, estalla en
1969, sale a la calle, enfrenta al onganiato
en Corrientes, Rosario, Tucumán y muy
especialmente en el Cordobazo pone en
crisis a la Argentina de la contrarrevolución
oligárquica.
En ninguna de esas luchas encontraremos
a los partidos de izquierda y ultraizquierda,
menos a los futuros integrantes de las organizaciones armadas, en la Provincia de
Córdoba los trabajadores salieron con sus
dirigentes como Elpidio Torres (Smata),
Atilio López (UTA) todos ellos alineados
con el vandorismo y los estudiantes por el
integralismo, sector nacido en la provincia
mediterránea.
Así vemos cómo se llega a los estallidos
populares de 1969, especialmente al Cordobazo. Venía a cuento recordar cómo nace
ese suceso, quienes los convocan, más allá
de haber omitido, por error, incluir a Agustín
Tosco, líder del sindicato de Luz y Fuerza de
Córdoba, dado que a 56 años de aquellas
jornadas, el aparato cultural de la izquierda
insiste con pretender que fue ese sector
quién lo impulsó, callando incluso que en
la asamblea que se hace en la Universidad,
el día anterior, toda la izquierda con el PC
a la cabeza votó en contra de adherir a la
marcha, porque había sido convocada por
la “burocracia sindical”.
Asimismo, las plantas de Materfer y Concord
de la Fiat, donde luego aparecen los sindicatos clasistas de Sitrac y Sitram, informadas
del paro y movilización convocados, dieron
asueto a sus trabajadores, que por ende no
participaron, el propio René Salamanca, luego líder de estos gremios, siempre reconoció
no haber participado.
Sí estuvieron algunos integrantes del grupo
Córdoba de Montoneros que en ese entonces militaban en el integralismo universitario
y que más tarde se sumaron a la organización, pero ni ésta ni el PRT del que luego
una fracción creará el ERP, tuvieron participación o incidencia en el Cordobazo. Estas
jornadas pusieron a la luz la inviabilidad y
mesianismo del plan de Onganía, el verdadero jefe militar era el General Alejandro
Agustín Lanusse, furioso antiperonista que había sido dado de baja del ejército por adherir al intento golpista de 1951 y arrestado.
Posteriormente, la Revolución Libertadora lo
reincorpora y devuelve su grado.
Depuesto Onganía, Lanusse era renuente
a asumir la presidencia y se designa al
general Roberto Marcelo Levingston, que
ni siquiera estaba en Argentina. Este golpe
de timón de la Junta de Comandantes en
Jefe se hizo inevitable luego de, en primer
lugar, un segundo estallido popular en Córdoba, conocido como El Viborazo, y por el
secuestro, ese mismo día del General Pedro
Eugenio Aramburu, líder junto al Almirante
Isaac Francisco Rojas del golpe de 1955 y
responsable, también, de los fusilamientos
de junio de 1956, donde 11 militares fueron
asesinados en base a decretos de pena
de muerte, 12 civiles fueron fusilados en
los basurales de José León Suarez, de los
cuales 5 murieron y 7 sobrevivieron y seis,
entre ellos un coronel, un capitán y cuatro
civiles fueron muertos en Lanús.
El secuestro de Aramburu fue realizado por
un grupo autodenominado Montoneros, el
Comando de Capital encabezado por Fernando Abal Medina y donde formaban parte
Gustavo Ramus, Norma Arrostito, Mario
Firmenich, y existía otro grupo en Córdoba
integrado por Emilio Maza, Ignacio Vélez,
Héctor Araujo, Carlos Capuano, Luis Losada, José Fierro, Susana Lesgard y otros.
Al comienzo se desconocía la identidad de
los integrantes de Montoneros, especialmente de los que habían planeado y ejecutado
el secuestro de Aramburu, pero el 1 de julio
de 1970, cuatro grupos de la organización
protagonizan la toma de la Ciudad de La Calera, en Córdoba, cuando quisieron escapar
tuvieron problemas en un auto y varios fueron detenidos, Emilio Maza, Ignacio Vélez
y su esposa Cristina, se refugian en una
casa pero son encontrados y Maza y Vélez,
heridos, son hechos prisioneros junto con
la esposa del segundo, en el allanamiento,
se encuentra un permiso para manejar un
auto, emitido por Norma Arrostito a nombre
de Emilio Maza, comenzando la persecución
sobre el grupo de Capital Federal.
Maza muere a raíz de sus heridas y Vélez
logra sobrevivir, la esposa de Aramburu
reconoce una foto del primero como uno de
los “oficiales” que ingresó a su departamento
para “detener” al jefe de la Libertadora.
En poco tiempo ambos grupos son prácticamente desmantelados, Abal Medina, Ramus
y Capuano Martínez son asesinados por las
fuerzas de seguridad, Vélez, Losada y Lesgard detenidos (esta última fue asesinada
en la cárcel de Trelew el 22 de agosto de
1972), y la misma suerte corren gran parte
de sus militantes.
Muchos de ellos provenían de grupos católicos, habían estudiado en liceos militares
o en el Colegio Nacional de Buenos Aires,
militantes de la juventud católica participaban en retiros espirituales en zonas pobres
de Chaco, Santa Fe y otras provincias, sus
confesores eran jóvenes sacerdotes que
militaban en lo que luego fue el Movimiento
de Sacerdotes para el Tercer Mundo, para
ellos el peronismo era “El hecho maldito
del país burgués, era la identidad política
a través de la cual se expresaban la clase
obrera y el pueblo, los explotados, en esa
etapa histórica...Veíamos en el peronismo al proyecto político que dio fuerza y
organización al proletariado...peronismo y antiperonismo no eran sino la forma en que
en nuestro país dependiente, se expresaba
la lucha de clases.”2
Ramos dirá “Sus miembros han perdido la
fe en la sociedad oligárquica, el ejército ha
pisoteado ante el silencio de la oligarquía, los
ideales de cultura y las ocasionales libertades democráticas.
Por este proceso disolutivo, la clase media desata su cólera a través
de la furia destructiva de algunos de sus
hijos más resueltos. Al matar a algún gran
empresario, la pequeña burguesía venga,
de algún modo, la bancarrota de la empresa
modesta (16.000 capitalistas pequeños y
medianos quiebran durante los 6 años de
dictadura militar), y al asesinar a Aramburu,
en cierta manera juzgan sangrientamente
las viejas creencias de
sus padres...la lucha
armada brota de una
sociedad encendida
por una guerra civil o
una guerra nacional...
Pero nunca, en ninguna parte del mundo, un
grupo insignificante,
ni siquiera un partido
considerable, han podido decretar la lucha
armada a espaldas de
la situación económica
y política de una sociedad real...Esta lucha
armada sui generis solo tiene un nombre
(muy viejo) terrorismo”.3
Es que tal como lo revela el mismo documento producido por Ignacio Vélez, ninguno
de estos jóvenes de clase media tenía o había tenido participación alguna en las luchas
de la Resistencia Peronista, o de la clase
trabajadora argentina, incluso cuando se
refiere al Cordobazo expresa “Era tan fuerte
la conciencia del destino manifiesto del grupo, tan clara la decisión, que el Cordobazo
nos pasó de lado”, este vanguardismo de
iluminados, atosigados de las lecturas revolucionarias de la OLAS, de un marxismo
precario “cubano” es decir limitado a la decisión de “construir el socialismo con la lucha
armada”, su vinculación con el peronismo
2
“Montoneros, los grupos originarios”; Ignacio Vélez Carreras; CeDeMa.org; 16/7/2009
3
“Revolución y contrarrevolución en la Argentina”; T 5 “La era del peronismo”; Jorge Abelardo Ramos; Edic, Continente; Bs. As. 2013.
“Como puede verse el “huevo de la serpiente”
estaba instalado desde un principio, la falsedad
de anunciarse como peronistas no siéndolo, el
vanguardismo típico de la clase media que subestima
las masas y en particular al “proletariado” del que
tanto habla, enfermos de foquismo, militarismo y
violencia… habían iniciado su deriva que los llevaría
al enfrentamiento no sólo con Perón, el Partido
Justicialista y la CGT, sino con el pueblo peronista en
su conjunto.” era meramente instrumental y oportunista,
reconocen “En esa época no teníamos ninguna relación con el Partido Justicialista, al
que nunca estuvimos afiliados...en realidad
sentíamos por el PJ un profundo desprecio”
convengamos que no habla del PJ actual,
en cuyo caso sería comprensible, sino de
un partido Justicialista que llevaba 15 años
proscripto, perseguidos sus dirigentes y su
líder en el exilio.
Es imprescindible aclarar que Vélez no celebra estas actitudes, las menciona en un trabajo fuertemente autocrítico y muy valiente,
donde asume que “La concepción militarista
(foquista) triunfaba en toda la línea sobre la
estrategia de construir el poder político y social recreando el movimiento desde la base”,
que aclara que “a partir de nuestra detención
en julio de 1970 (el grupo al que pertenecía)
comenzó a plantear posiciones críticas en
relación al accionar de la organización, lo
que provocó nuestra separación en 1973...
Este proceso de discusión crítica se produjo
en la cárcel mientras en “el exterior” se profundizaba en un accionar de la organización
que considerábamos desviaciones, producto
de concepciones erróneas”.
Lamenta Vélez, que pese a estar integrado
el grupo por miembros fundadores de Montoneros, la conducción jamás respondió a sus
reclamos de un debate, por ello al salir libres
con la Amnistía del 25 de mayo de 1973, se
unieron al grupo de Córdoba denominado
Columna Sabino Navarro que habían asumido su documento como propio.
Me he detenido en estas dos visiones,
porque creo que las definiciones de Ramos
pueden parecer, en principio, muy duras y
descalificadoras, políticamente, sin embargo, la lectura detenida de este documento,
que recomiendo, confirma sus opiniones, de
aquel momento.
Como puede verse el “huevo de la serpiente” estaba instalado desde un principio, la
falsedad de anunciarse como peronistas no
siéndolo, el vanguardismo típico de la clase
media que subestima las masas y en particular al “proletariado” del que tanto habla,
enfermos de foquismo, militarismo y violencia, partidarios de un marxismo superficial y
teórico, desaparecidos sus jefes iniciales y el
grueso de sus miembros fundadores antes
del regreso del peronismo al gobierno el 25
de mayo de 1973, habían iniciado su deriva
que los llevaría al enfrentamiento no sólo
con Perón, el Partido Justicialista y la CGT,
sino con el pueblo peronista en su conjunto.
Ahora bien. ¿Fue Perón un viejo maquiavélico, manipulador y traidor que engañó a
estos jóvenes, idealistas e ingenuos?
Esto es absolutamente falso, una leyenda
infame creada, entre otros por los Bonasso,
Verbitsky, José Pablo Feinmann, y otros
falsificadores que desesperados por crear la
leyenda de los jóvenes bien intencionados,
que quisieron construir un mundo más justo
y ofrendaron su vida en ello, engañados
por ese milico que ya había usado a Evita
y ahora lo hizo con ellos, no se detuvieron
hasta tener éxito, lo lograron porque el periodismo se aferró a esa imagen de Perón,
ello permitía volver a proscribirlo, en este
caso a su pensamiento, obra y legado, nos
escamotearon, quizás, al mejor Perón.
Del delirio de la lucha armada se encargó la
historia, miles de muertos, desaparecidos,
torturados mostró el rostro letal, trágico,
en toda América Latina, de ese desvarío
111
4 “Documentos, 1973-1976, Volumen I, De Cámpora a la ruptura” Roberto Baschetti (comp.) Edic de la Campana; Buenos Aires;1996 ciólogo. Profesor universitario.
Memoria e Identidad
al que el fanatismo, la soberbia, los delirios
vanguardistas e iluminados del guevarismo
condujeron, en 60 años solo acumularon
derrota tras derrota, fracaso tras fracaso, el
derrotero para entender que las revoluciones
son obras de los pueblos, organizados y
conscientes de su destino colectivo y no de
minorías armadas, actuando al margen de
ellos, está teñido de sangre.
Perón fue muy claro, siempre trató de acercarlos a su movimiento, especialmente a
través de viejos militantes como El Kadri,
Rulli etc., los escuchó y les explicó en qué
consistía su visión del socialismo nacional,
que nada tenía que ver con el marxismo,
dentro de lo que dio en llamar la guerra integral contra la dictadura, a la lucha sindical,
política, sumó las acciones armadas como
un método para acorralar a los militares y
obligarlos a llamar a elecciones, por eso
los llamó formaciones especiales, eran
una variante táctica más, que además le
acercaba a los grupos de clase media y
universitaria históricamente renuentes a su
prédica, jamás los ungió como sus herederos
y muchísimo menos como reemplazantes de
las demás formas de lucha, era militar, algo
sabía de guerras.
Cuando la dictadura, de acuerdo a la estrategia descripta, fue quedándose sin salidas,
era inminente el llamado a elecciones y
sobre todo, el regreso de Perón a la patria,
les ofreció espacios en el futuro gobierno
y les dijo que ellos iban a ser los sucesores naturales a través del trasvasamiento
generacional, pero que en la etapa que
venía había que reconstruir todo lo que la
oligarquía había destruido en los 18 años de
proscripción pero, de todas maneras no eran
simplemente promesas a futuro, reiteró su
oferta de ir ocupando espacios en el gobierno, Firmenich le respondió con un listado de
quiénes debían ocupar todos los ministerios
y secretarías, superada la sorpresa inicial,
les ofreció el Ministerio de Bienestar Social,
el de Educación, la conducción de la UBA, y
varias gobernaciones, la conducción montonera, que llevaba apenas dos años como
peronista rechazó la propuesta.
El poderío militar de las organizaciones
armadas era a fines de 1972 escaso, la
mayoría de sus cuadros estaban presos o
habían sido muertos, Montoneros no era
la excepción, sin embargo habían logrado
el cariño y respeto de miles de peronistas,
veían en ellos a jóvenes que habían roto
con su pasado gorila y se habían volcado
al peronismo, reconocían su coraje, arrojo y
espíritu de sacrificio, sentían además que al
sumarse en esta última etapa por el regreso
de Perón a la patria habían hecho un importante aporte, era más fuerte el respaldo de
masas, especialmente en los jóvenes, que el
poder de fuego, pero Ignacio Vélez es muy
claro, habían elegido otro camino.
Pero es necesario insistir con el análisis
de cuál era en realidad su pensamiento,
me refiero por supuesto al de sus jefes, ya
vimos que no eran peronistas en sus inicios,
tampoco lo eran después, en 1973, en la
célebre ”Charla de la conducción nacional
ante las agrupaciones de los Frentes”4
, Firmenich dice : “Perón en lugar de reservarse
el liderazgo continental y conformar el frente
continental, vuelve a ocupar la Presidencia
de la Nación, pero este es un índice de retroceso del proyecto estratégico, es decir Perón tiende a acumular el poder en la
Argentina porque ha fracasado el proyecto
latinoamericano...Perón tiende a producir
una acumulación de poder dentro del régimen constitucional, cosa que es imposible
y busca la negociación con los países del
cerco para romper el cerco y la negociación
con el imperialismo yankee… Nosotros,
en general, no conocimos el gobierno de
Perón...Hoy, que está Perón aquí, Perón es
Perón y no lo que nosotros queremos, Para
hacer una caracterización de Perón hay que
comenzar por ver y conocer en profundidad
su pensamiento, cosa que, en rigor, generalmente no conocemos.
Ese pensamiento
está escrito en una cantidad de libros, en
discursos, en cartas, etc., está expresado
hoy en hechos concretos, Perón se define
a sí mismo y define a su movimiento, para
lo cual inventa una palabra: justicialismo, y
lo define como una tercera posición, ¿Que
es la tercera posición?, la tercera posición
es una tercera posición ideológica equidistante entre el demo liberalismo capitalista e
imperialista y el socialismo internacionalista
marxista”
“Es decir, en rigor el socialismo nacional no
es el socialismo, lo que Perón define como
socialismo nacional es el justicialismo.
Incluso, un libro que nosotros, o la mayoría
de nosotros, no ha leído, La Comunidad
Organizada es el que fija el pensamiento
filosófico de Perón, es la ideología de Perón,
la ideología de Perón es contradictoria con
nuestra ideología, nosotros somos socialistas...Entonces, en la caracterización del
Socialismo Nacional, en rigor, no pensamos
exactamente igual Perón y nosotros y en el
análisis que hace Perón de la historia de la
humanidad tampoco pensamos igual...Perón sabe que nuestra posición ideológica no
es la misma que la de él y de ahí que tiene
una contradicción que vaya a saber cómo
la resolverá.”
“La conducción estratégica para Perón,
como es públicamente conocido es unipersonal, es el conductor y los cuadros auxiliares.
Eso es contradictorio con un proyecto
de vanguardia, en donde la conducción
estratégica la ejerce una organización...
la única acumulación de poder válida es
el poder militar...Perón nos denominó de
entrada formaciones especiales, porque en
su proyecto político e ideológico no cabe la
noción de vanguardia organizada”.
Vayamos ahora, para terminar, a uno de los
párrafos que mejor expresa la ideología y
definición política de Montoneros en boca
de su jefe, Mario Eduardo Firmenich “Si no
somos formaciones especiales y lo que hay
es un proyecto político ideológico, que tiene
su implementación estratégica, entonces no
hay que disolverse sino que hay que lograr
la conducción del Movimiento Peronista para
transformarlo en Movimiento de Liberación
Nacional total, es decir que se constituya
en una herramienta político militar que desaloje a los elementos que distorsionan la
esencia...nuestra ideología es el socialismo,
porque el socialismo es el estado que mejor
representa los intereses de la clase obrera...es decir, creemos que existe la lucha
de clases, creemos que existen las clases
sociales, que la lucha de clases presenta
contradicciones, que hay contradicciones
que se resuelven de una manera y contradicciones que se resuelven de otra, eso es
lo que tomamos del marxismo”.
Quizás resulte aburrida la lectura de tan extensos párrafos, sin embargo considero que constituyen la demostración más contundente que la conducción de Montoneros no era
ingenua ni fue engañada, que tenían una
ideología y doctrina diferente al peronismo,
que practicaron el centrismo de una manera
descarada, imaginando cercana la muerte
de Perón y la posibilidad de quedarse con
la conducción del peronismo por las armas,
que sabían que Perón lo había descubierto y
por eso los definió como infiltrados, estaban
enfermos de vanguardismo y militarismo,
todo ello en un cóctel siniestro que sólo
podía concluir en una tragedia.
Perón hizo todo lo humanamente posible
por rescatarlos, cuando asumió el FREJULI
el gobierno el 25 de mayo de 1973, puso
en los ministerios de Interior, Educación y
Relaciones Exteriores, en las gobernaciones
de las Provincias de Buenos Aires, Salta,
Mendoza, Santa Cruz, Córdoba y Formosa,
dirigentes peronistas cercanos a las organizaciones de superficie de Montoneros, y
muchos cuadros de éstos asumieron como
funcionarios. Designó en la UBA a Rodolfo
Puiggrós, de conocida pertenencia montonera, esto fue asumido como concesiones
e incluso pese a los espacios que tuvieron
en el interregno de Héctor Cámpora como
presidente no evitó que siguieran desarrollando acciones armadas, no reconocidas
por la organización.
Finalmente, cuando Perón los enfrenta públicamente en la Plaza de Mayo, el 1 de mayo
de 1974, mientras salía del balcón le pidió a
Oscar Allende que buscara un diálogo con
los “muchachos”, sabedor de las discusiones
y división que había en la organización, que
como vimos ya habían alejado a miembros
fundadores como Ignacio Vélez y provocarían un gran cisma luego de los incidentes
mencionados en la Plaza de Mayo, surgiendo la JP Lealtad que rompe con Montoneros.
Sin embargo la ruptura más grande ya se
había venido dando desde mucho antes, la
simpatía y cariño que grandes sectores del
pueblo peronista le dispensaron mientras
fingieron ser Soldados de Perón, se diluyeron en cuanto mostraros su verdadero rostro
y ambiciones, el pueblo peronista luchó 18
años para el regreso de Perón, para que
volviera a gobernar y con él los años más
felices, los años de la justicia social, de la
soberanía popular, de la democracia verdadera donde el gobierno hace lo que el pueblo
quiere y defiende un solo interés, el del pueblo, no para entronizar en el gobierno una
vanguardia iluminada, marxista, militarista
y violenta que construya un socialismo que
solo existía en sus delirios febriles.
Queda para nosotros luchar para recuperar
la verdad real de esos años y esos hechos,
aún hay muchos jóvenes peronistas que
sólo conocen las mentiras y fabulaciones
de los vanguardistas de cátedra y escritorio, que contando con la complicidad de los
aparatos culturales de la oligarquía y de la
izquierda y sus medios, crearon la “leyenda
negra” del tercer gobierno peronista, ellos
fracasaron en su intento demencial de
cooptar al peronismo para sus fines, en su
resentimiento han hecho y hacen todo lo
que está a su alcance para que su derrota
sea la derrota de todo el pueblo argentino.
No dejaremos de lado en este largo análisis
el rol de los grupos terroristas de izquierda,
en especial el autodenominado Ejército
Revolucionario del Pueblo, hubo otros, desprendimientos de éste como el ERP 22 de
agosto y el ERP Fracción Roja, o distintos como las Fuerzas Armadas de Liberación
(FAL) con sus propios desprendimientos.
El ERP fue junto con Montoneros las dos
organizaciones más fuertes y activas de
esos años, en 1970 el Partido Revolucionario
de los Trabajadores surge de la fusión en
mayo de 1965 del Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP) conducido por
Roberto Mario Santucho y el grupo Palabra
Obrera conducido por Hugo Bressano, más
conocido como Nahuel Moreno, y que era un
desprendimiento del trotskismo vernáculo.
Luego de grandes desavenencias tácticas,
en 1968, con motivo del IV Congreso del Partido se separan la fracción de Santucho, que
pasa a denominarse “PRT El Combatiente”,
que construirá su brazo armado el ERP, y el
“PRT La Verdad” encabezado por Nahuel
Moreno, que años más tarde junto a sectores
del viejo Partido Socialista, conformará el
Partido Socialista de los Trabajadores.
En el caso del ERP, decididamente guevarista, muchos de sus miembros provenían
de connotadas familias radicales como
Santucho, Urteaga, y otros, como Gorriarán
Merlo, Pujals o Menna, estudiantes universitarios, hasta 1973 se dedicaron a pequeños
robos, armas, pelucas, desarmar policías y
registran un hecho notorio que fue al asalto
al Banco Nacional de Desarrollo, a metros
de la casa de gobierno, asimismo encararon
acciones terroristas, como asaltar una comisaría en Rosario y asesinar al sargento Félix
Ocampo y el cabo Eugenio Leiva, irrumpir
en la casa del Comandante de Gendarmería
Pedro Agarotti, asesinándolo delante de su
familia (1972), el asesinato del empresario
Oberdan Sallustro, a quién primero secuestraron para pedir rescate y luego asesinaron
(1972), asimismo, el 18 de febrero de 1973
un mes antes de las elecciones nacionales
del 11 de marzo, realizaron el operativo más
importante, hasta ese momento, de una
organización armada, el asalto y toma del
Batallón de Comunicaciones 141 del Ejército
Argentino en la ciudad de Córdoba.
Luego de la contundente victoria del FREJULI en las elecciones nacionales, en las
que por primera vez el peronismo puede
participar, más allá que no pudo hacerlo
el General Perón, debido a una cláusula
proscriptiva del gobierno militar, comienza
un debate en las organizaciones armadas,
mientras algunos plantean que al no haber
ya una dictadura, al haberse realizado, por
primera vez en 18 años, elecciones sin partidos proscriptos y por ende, restaurarse la
democracia y las libertades públicas debían
cesar las acciones armadas y acompañar
la voluntad popular, otros, enrolados en el
guevarismo y partidarios de la lucha armada, la llamada guerra popular prolongada,
consideraban al peronismo una variante
burguesa y por lo tanto se debían continuar
sus acciones hasta imponer el socialismo.
El resultado fue que algunas fingieron
aceptar la voluntad popular, pero siguieron
con sus acciones. En esos años el blanco
preferido eran los dirigentes sindicales, en
su soberbia militarista, sostenían que las
conducciones sindicales eran “claudicantes”, conformaban la “burocracia sindical”,
que debía ser eliminada para “liberar a los
trabajadores” de su influencia y éstos entonces recuperarían su conciencia de clase y
acompañarían, a los asesinos de sus líderes, en la guerra revolucionaria hasta la toma
del poder y la construcción del socialismo.
Así el 30 de junio de 1969, un mes después del Cordobazo, asesinan al líder metalúrgico
Augusto Timoteo Vandor, en un hecho que
nadie reivindicó en ese momento pero que
años después se atribuyeron los líderes de
Montoneros, en agosto de 1970 es asesinado José Alonso, dirigente del Sindicato del
Vestido y que había sido Secretario General de la CGT por Montoneros, Dirk Henry
Kloosterman, dirigente sindical del Smata
es muerto el 22 de mayo de 1973, tres días
antes de la asunción de Héctor Cámpora y
Vicente Solano Lima al gobierno, que habían
sido votados por el 50% de los argentinos, en
este caso los criminales fueron un comando
de las Fuerzas Armadas Peronistas 17 de
octubre (FAP 17), un desprendimiento de las
originales, en ese atentado participó Jesús
Ramés Ranier, años más tarde conocido
por “El Oso”, este grupo posteriormente
se incorporó al ERP, y “El Oso”, que poco
tiempo antes había sido detenido y se transformó en colaborador de la policía, fue parte
de la logística de esta última organización,
hasta que por su intervención se produjeron
una serie de caídas en 1975, entre ellas
de la mujer y las cuatro hijas de Santucho,
que culminó con la masacre del intento de
copamiento del Batallón de Arsenales 601
“Domingo Viejobueno”, donde murieron más
de 100 hombres y mujeres del ERP, “batidos”
por uno de los asesinos de Kloosterman,
devenido en infiltrado del grupo terrorista.
No puedo omitir transcribir las declaraciones
del ERP respecto de las elecciones de 1973,
antes de ellas ya adelantaron su visión “Si
hay elecciones y gana el peronismo, será
el peronismo de Paladino y Rucci y por su
trayectoria sabemos que son dirigentes vendidos”, por ello luego de las elecciones lanza
su proclama “Porqué el ERP no dejará de
combatir, respuesta al Presidente Cámpora”,
donde reconoce la legitimidad del gobierno
electo y anuncia que no lo iba a atacar con
las armas, pero advirtió, textualmente que
“Respetuosos de la voluntad popular no
atacará al nuevo gobierno mientras este no
ataque al pueblo ni a la guerrilla...nuestra
organización seguirá combatiendo militarmente a las empresas y fuerzas armadas
contrarrevolucionarias.
Pero no dirigirá sus
ataques contra instituciones gubernamentales ni contra ningún miembro del gobierno
del Presidente Cámpora. En cuanto a la
Policía, que supuestamente depende del
Poder Ejecutivo...el ERP suspenderá sus
ataques contra ella a partir del 25 de mayo
y no la atacará mientras ella permanezca
neutral, mientras no colabore con el ejército
en la persecución de la guerrilla”.
Si no bastara esa demencial declaración
para calificar la soberbia militarista y gorila
de estos terroristas, he aquí sus acciones
1) El 25/3/73 el ERP toma la Central Nuclear
de Atucha
2) El 30/3/73 el conscripto Julio Provenzano,
perteneciente el ERP, muere al estallarle un
explosivo que estaba colocando en la sede
del Comando en Jefe de la Armada.
3) El 3/4/73 el ERP secuestra al Contraalmirante Alberto Alemán
4) El 30/4/73 un grupo del ERP 22 de Agosto
asesina al Vicealmirante Hermes Quijada.
Todo esto entre las elecciones del 11 de
marzo y el 25 de mayo, que asume el nuevo
gobierno, que el mismo día dispone un indulto a todos los presos políticos, entre ellos
los integrantes de todas las organizaciones
armadas, y llama a la pacificación. Ese día, militantes de esas organizaciones rodean
la cárcel de Devoto exigiendo la inmediata
libertad de los detenidos, con el objeto de
evitar un enfrentamiento, el gobierno accede.
Paradojalmente uno de los que sale
de prisión y se fuga es Francois Chiappe,
un francés que había llegado al país como
miembro de los paramilitares franceses que
entrenaron al Ejército Argentino en la lucha
contrarrevolucionaria, como ya mencionamos anteriormente, que estaba detenido por
“contrabando”.
Dispuestos a llevar su acción terrorista a
pleno, la mayoría de los presos de estas
organizaciones liberados por el gobierno,
retornaron a las acciones clandestinas y a
atacar al gobierno democrático, así el 6 de
setiembre de 1973 un comando del ERP
ataca el Comando de Sanidad del Ejército
Argentino, fracasan y 13 integrantes son
detenidos y remitidos a la Superintendencia
de Seguridad Federal, permaneciendo detenidos hasta 1983, los atacantes asesinaron,
antes de rendirse, al Teniente Coronel Raúl
Duarte Hardoy.
Retomando a Ramos, en la obra citada,
hago mía su definición “El ERP no ocultaba
su repulsa al peronismo y lo expresaba
abiertamente. Lo más claro de su sigla es
que no era un ejército, no era revolucionario
ni había pueblo entre ellos”.
Si bien Perón había regresado al país el 17 de
noviembre de 1972, permaneció sólo un mes,
inhabilitado para ser candidato por no haber regresado antes del 25 de agosto,
Cámpora tampoco podría
haber sido candidato ya
que la cláusula además de estar en el país
antes de esa fecha exigía que no se saliera
a partir de ella y Cámpora había viajado al
exterior, lo cual revelaba que la proscripción
tenía nombre y apellido.
Finalmente se
estableció el 20 de junio como fecha de su
regreso definitivo, ese día se decidió hacer
un acto gigantesco en Ezeiza, con un palco a
la altura de Av. Richieri y Puente 12, mirando
hacia Capital, de manera que los asistentes
se desplegaran en esa inmensa superficie,
dejando libre el trayecto desde el aeropuerto
hasta el palco.
Ese día quedó a la vista de todos el enfrentamiento entre Montoneros y Perón, jóvenes
que integraban la Juventud Peronista de
las regionales, la denominada Tendencia
Revolucionaria, comentan hoy la preocupación que les causó cuando escucharon de
boca del líder máximo de Montoneros que
las consignas eran “Perón, Evita, la Patria
Socialista” y “Conducción, conducción,
Montoneros y Perón”, o sea que se instalaba
claramente la decisión de disputarle a Perón
la conducción de su movimiento, o al menos
compartirla.
Para ello la táctica era ocupar toda la superficie más cercana al palco, copar el frente
de la multitud, para “mostrarle a Perón”
quién había movilizado al pueblo que, en
un número, según los medios de la época,
“Retomando a Ramos, en la obra citada, hago
mía su definición “El ERP no ocultaba su repulsa
al peronismo y lo expresaba abiertamente. Lo más
claro de su sigla es que no era un ejército, no era
revolucionario ni había pueblo entre ellos”.”
ascendía entre uno y dos millones de personas, en un país de 24 millones, o sea que
casi un 10% de la población del país acudió
a recibir a su líder.
Más allá del panfleto de ficción de Verbitsky,
que se transformó en versión oficial de las
organizaciones armadas hasta 1976 y del
progresismo a partir de 1983, lo cierto es
que el tiroteo se produjo cuando al llegar
las columnas de la JP se encontraron que
todo el espacio adyacente al palco estaba
ocupado por columnas sindicales y de otros
agrupamientos juveniles y pretendieron entrar igual desplazando a los que ya estaban
y/o flanquear el palco para rodearlo por
detrás, los que los enfrentó con quiénes
estaban a cargo de la seguridad, que debía
mantener abierto el camino para el ingreso
de los autos que vendrían del aeropuerto.
El resto fue un pandemónium, corridas, tiros,
el avión que traía a Perón fue desviado a la
base militar de Morón y el acto suspendido.
Como asistente al acto debo decir que lo que
viví fue la desconcentración más amarga que
haya visto en mi larga vida, miles de mujeres,
hombres y niños que habían viajado desde
todo el país con la sola motivación de recibir
a su líder, al hombre que encarnaba todas
sus esperanzas, caminando cabizbajos, con
lágrimas en los ojos, algunos envueltos en
banderas partidarias o argentinas, con una
mezcla de desilusión y rabia.
A partir de ahí se aceleraron los acontecimientos, Cámpora y Solano Lima renunciaron y se convocó a nuevas elecciones para
el 23 de setiembre, Perón hizo su discurso
en cadena nacional, denunciando a “los infiltrados” y haciendo un llamado a deponer
los enfrentamientos.
A todo esto, viene bien
aclarar que en el enfrentamiento de Montoneros con la dirigencia sindical, hasta ese
momento, las balas habían venido de un
solo lado, varios dirigentes sindicales habían
sido asesinados, no existían las mentadas
“patotas armadas” baleando dirigentes juveniles o de la izquierda, de ahí que en el no
menos célebre discurso de Parón, el 1 de
mayo de 1974, este mencionara a “Una dirigencia sindical prudente, que ha visto caer a
sus líderes sin hacer tronar el escarmiento”.
El 23 de setiembre de 1973, la Fórmula Perón-Perón, obtiene el 61,86% de los votos, la
victoria electoral más rotunda de la historia
argentina, menos de 48 horas después
Montoneros asesina a José Ignacio Rucci,
Secretario General de la CGT y pilar del
retorno de Perón al país y al gobierno, en su
jerga había que “Tirarle un muerto arriba de
la mesa” para obligarlo a negociar. Ni siquiera tuvieron el valor de asumirlo, en principio
solo lo anunciaron a los más allegados a la
cúpula terrorista, más tarde, indirectamente,
lo reconocieron en un editorial de su órgano oficial “El Descamisado” cuando Dardo
Cabo inicia su editorial “La cosa, ahora, es
como parar la mano”, a la fecha algunos
sobrevivientes de la conducción siguen
negando la autoría, aunque investigaciones
periodísticas han revelado el nombre de
quién dirigió el operativo.
El ERP que nunca había abandonado la
violencia, ataca el 19 de enero de 1974, la
guarnición militar de Azul, en la Provincia
de Buenos Aires, conducidos por Gorriarán
Merlo e Irurzún, dos de sus principales cabecillas, fracasan en su intento y en su retirada
asesinan al Coronel Camilo Gay y su esposa
y secuestran al Coronel Ibarzábal, al que
retienen en cautiverio durante diez meses antes de ejecutarlo, el gobierno nacional
interviene la Provincia de Buenos Aires, a los
pocos días Santucho anuncia “De los hechos
expuestos, surge con claridad meridiana que
el verdadero jefe de la contrarrevolución,
el verdadero jefe de la política represiva...
es precisamente el General Juan Domingo
Perón”.
No voy a rotular esta conducta, como el ERP
se autodefinía “trotskista” lo mejor es recurrir
a León Trotsky, en 1911 y para “Der Kampf”,
revista socialdemócrata alemana dirigida por
Kautsky, escribe “El atentado, aún el que
tiene éxito, ¿acarrea la desorientación en
los círculos dirigentes? Eso depende de las
circunstancias políticas concretas, en todo
caso se trataría de una perturbación de corto
tiempo.
El Estado capitalista no reposa sobre
ministros y no puede ser destruido, destruyendo sus ministros, encontrará enseguida
otros servidores, el mecanismo continúa intacto y sigue funcionando.
Pero la turbación
que los atentados terroristas acarrean a la
clase obrera es de una gravedad mucho más
profunda. ¿Si basta con armarse de un revólver para alcanzar los objetivos, para qué entonces los esfuerzos de la lucha de clases?,
¿si basta con un poco de pólvora y plomo
para atravesar la cabeza del enemigo, para
que sirve entonces la organización?, ¿Si los
grandes dignatarios pueden ser intimados
por el ruido de una explosión, para qué sirve
el partido, para qué sirve la agitación, para
qué las reuniones, para qué las elecciones,
si se puede tan fácilmente tomar por blanco,
desde las tribunas del parlamento, el sillón
de los ministros? El terrorismo individual
es, precisamente, inadmisible a nuestros
ojos, porque rebaja a las masas frente a sí
mismas, las reconcilia con su impotencia y
orienta sus perspectivas y sus esperanzas
hacia el gran vengador, el liberador, que
vendrá un día y cumplirá su obra”.
Estas palabras del dirigente bolchevique y
artífice de la Revolución Rusa, me eximen
de comentarios para definir a un grupo de
iluminados, que se subrogan el derecho al
terrorismo, supuestamente para hacer una
revolución que otorgará el poder del Estado
a los trabajadores, pero sin que ellos participen en el proceso revolucionario.
Más grave
aún resulta que hagan todo eso asumiendo
una filiación ideológica que, o bien es falsa
o bien revela que nunca han leído a su ideólogo, ya que como hemos visto descalificaba
al terrorismo individual.
Largo sería enumerar los desatinos criminales que las conducciones de estas organizaciones llevaron adelante hasta llegar
al golpe del 24 de marzo de 1976, el pase
a la clandestinidad de Montoneros el 6 de
setiembre de 1974, dejando expuestos a
ciento de militantes de superficie, estudiantiles, sindicales y sociales, que no podían
abandonar su vida laboral y pasar a vivir en
“casas operativas” en medio, ahora sí, del
fuego cruzado de las organizaciones como
el C de O y la CNU, las bandas criminales
de la triple A y la fuerzas policiales, el ataque al Regimiento de Infantería de Monte
29 en Formosa, en octubre de 1975, donde
fueron asesinados 10 soldados conscriptos,
y el intento de conformar una guerrilla en el
monte tucumano, asociados al ERP.
Estos últimos, a su vez, luego de los fracasos en tomar el Grupo de Artillería de
Defensa Aérea 141 de San Luis, el Batallón
de Comunicaciones 121 de Rosario y el
Regimiento de Infantería Aerotransportada 17 de Catamarca, logran copar la Fábrica
Militar de Explosivos de Villa María, llevándose secuestrado al Coronel Argentino
del Valle Larrabure, quien permaneció 372
días en una “cárcel del Pueblo” hasta ser
asesinado.
Como represalia por las muertes
de 16 combatientes, mientras huían luego
del frustrado ataque al Regimiento de Catamarca, anuncian que van a “ejecutar” a
nueve oficiales del ejército, estuvieran o no
vinculados a los sucesos mencionados, en
palabras de Gorriarán Merlo “Atentaríamos
indiscriminadamente sobre oficiales del ejército hasta igualar a los compañeros asesinados en Catamarca”, (indudablemente nunca
habían leído el artículo de Trotsky de 1911),
tuvieron éxito en los nueve asesinatos, pero
en el último, al atacar al capitán Humberto
Antonio Viola, logran darle muerte pero
matan también a su hija de 5 años y dejan
herida, con disparos en la cabeza a su otra
hija de 3 años.
Podría seguir enunciando hechos que
demuestran hasta el hartazgo la actitud criminal, soberbia, gorila y antipopular de los
jefes de los grupos terroristas, sobre cómo
apostaron al golpe de estado a fin de “agudizar las contradicciones”, el mesianismo de
imaginar un escenario donde ante el golpe el
pueblo se iba a volcar hacia las “organizaciones armadas” y de ahí, mediante “la guerra
popular” iban a tomar el poder y construir
el socialismo.
Podría escribir sobre cómo desde el exilio,
la conducción de Montoneros (que hacía
conferencias de prensa vestida con uniforme
militar) en París y Madrid, calculaba que
si perdían 1.500 militantes, era una “cifra
razonable” y más tarde ordenaba una contraofensiva en 1979, que se transformó en
una masacre, porque el pueblo argentino “se
iba a poner bajo su conducción en cuanto
llegaran y la dictadura, que según ellos ya
estaba retrocediendo, seria derrotada”.
Podría escribir sobre la responsabilidad de
esas conducciones en la muerte o desaparición de miles de jóvenes, militantes,
convencidos de la necesidad de hacer una
revolución que terminara con las injusticias
y fueron llevados al “matadero” en acciones
y enfrentamientos condenados al fracaso de
antemano, donde sumaban derrota militar
tras derrota, pero eran “victorias políticas”.
Podría escribir sobre cómo sus actos fueron funcionales a la
conspiración golpista
de las Fuerzas Armadas, que los dejaron
actuar, pese a tenerlos
totalmente infiltrados,
para debilitar al gobierno constitucional,
prueba de ello es que
las organizaciones que
“Estaban listas para
derrotar al ejército y
tomar el poder” fueron
aniquiladas en menos
de un año.
“Perón, mientras vivió, se opuso terminantemente a la
intervención militar para combatir a la guerrilla, sabía
que eran las fuerzas armadas que bombardearon
Plaza de Mayo en 1955, fusilaron ilegalmente y
en basurales en 1956, acompañaron o ejecutaron
políticas de entrega entre 1955 y 1973, eran
ferozmente antiperonistas y sumisas al imperialismo,
y no había tenido tiempo de reformarlas”
Sin embargo es necesario dejar aclarado
que nada de esto disculpa el terrorismo de
Estado, desatado a partir del 24 de marzo
de 1976, salvaje, brutal, inmisericorde en lo
humano y cipayo, antinacional y entreguista
en lo político, Perón, mientras vivió, se opuso
terminantemente a la intervención militar
para combatir a la guerrilla, sabía que eran
las fuerzas armadas que bombardearon Plaza de Mayo en 1955, fusilaron ilegalmente
y en basurales en 1956, acompañaron o
ejecutaron políticas de entrega entre 1955
y 1973, eran ferozmente antiperonistas y
sumisas al imperialismo, y no había tenido
tiempo de reformarlas.
Finalmente, el golpe no se llevó a cabo para
pacificar el país o terminar con la “subversión”, eso ya lo habían hecho, se hizo para
liquidar al peronismo, al país industrial y
con una clase trabajadora organizada y
poderosa, liquidar una generación que era
la que Perón soñaba protagonizara el “Trasvasamiento Generacional” para el proyecto
nacional, para ello contaron con dirigentes
terroristas tan gorilas como ellos, tan soberbios como ellos, que despreciaban al pueblo
como ellos y mesiánicos como ellos, fueron
las dos caras de la misma moneda y los
argentinos las víctimas de tanta demencia
criminal