UPCN Digital
Profesionales

Memoria, Historia, Verdad y Justicia

 02/12/2025   1283
Memoria, Historia, Verdad y Justicia

Voy a embarcarme en una temática difícil pero necesaria, difícil porque cada vez que alguien quiere comprometerse en el imprescindible debate acerca del rol de las organizaciones clandestinas, armadas, hasta 1976, comienza la vocinglería de los que han armado su propio relato, algunos ingenuamente o bien intencionados, por mala o parcial información y otros porque han podido vivir, dando charlas, publicando libros, asesorando gobiernos, siempre ejerciendo el rol de “guardianes de la memoria” o sea, han construido una industria que les ha permitido vivir con bastante holgura y por sobre todo manteniendo vivo su antiperonismo, su odio visceral a Juan Domingo Perón, inclusive a partir del endiosamiento a Eva Perón como figura mítica y verdadera revolucionaria para confrontarla con él, traidor, fascista y encima “milico” Juan Perón. 

El escritor español Javier Cercas en su libro “El Impostor” (calidad aplicable a muchos de estos pensionados de los años 70) se pregunta ¿Que es la industria de la memoria?, un negocio, ¿Que produce este negocio? un sucedáneo, un abaratamiento, una prostitución de la memoria, también de la historia, porque en tiempos de memoria, esta ocupa, en gran parte el lugar de la historia. O dicho de otro modo: la industria de la memoria es a la historia auténtica lo que la industria del entretenimiento al auténtico arte...porque la historia deben hacerla los historiadores no los políticos y la memoria la hace cada uno.”. 

Con menor dureza el Indio Solari decía hace unos años que la memoria no es confiable, uno no recuerda exactamente, fielmente, lo acontecido, a medida que pasan los años nuestra memoria nos juega malas pasadas, modifica hechos para hacerlos más tolerables, justifica egoísmos o transforma fracasos en heroicos intentos semi exitosos. Cuando uno no ha participado de los acontecimientos en análisis, los describe según lo ha recibido de otros (prensa, actores de las cuestiones analizadas) y esas fuentes suelen tener el color de nuestro agrado, si los ha vivido juegan los factores anteriores, además entran a jugar los intereses propios y/o de grupo. 

Según Gieco “Todo está grabado en la memoria”, sin embargo, esa “memoria” difícilmente contenga la descripción real, honesta y completa de los sucesos, aún con absoluta honestidad y buenas intenciones, siempre está la pelea entre lo que en realidad pasó y lo que sentí que pasó o deseé que hubiera ocurrido, ni que hablar cuando esa memoria se transforma en “historia”, es decir se “oficializa” como verdad histórica. 

Para comprender el origen social de estos grupos de los años setenta vamos a tener que hacer un poco de historia, el primer grupo de civiles armados que desde la clandestinidad intentó derrocar a un gobierno fueron los autodenominados “Comandos Civiles” que primero intentaron asesinar a Perón y luego se sumaron al alzamiento militar. 

Estos hijos de la clase media alta y aristocracia porteña y en particular de Córdoba, estudiantes universitarios laicos y grupos confesionales, provenientes de la Unión Cívica Radical, del conservadurismo o la incipiente Democracia Cristiana, asesinaron policías que estaban asignados en alguna calle o como consignas, pusieron bombas, practicando el más crudo terrorismo para desestabilizar al gobierno justicialista. 

En uno de sus intentos de magnicidio más ambicioso, asesinar a Perón cuando se dirigiera a la Casa de Gobierno, participó Diego Muñiz Barreto, luego cuadro de conducción de Montoneros y diputado nacional de la Tendencia, el compañero y amigo Aldo Duzdevich ha escrito profusamente sobre esto y a su lectura encomiendo al que quiera profundizar. Recordemos que, si definimos como “Terrorismo” el asesinar policías, poner bombas, como hizo Roque Carranza en 1953 o intentar asesinar funcionarios de gobierno o al mismísimo presidente esa calificación no puede cambiar cuando dichas acciones las llevan adelante hombres y mujeres afines políticamente contra gobiernos de un signo contrario al nuestro. 

A la caída de Perón y en los 18 años de proscripción, el peronismo desarrolló actos de terrorismo en fábricas, metiendo “caños”, pero mostró un respeto casi suicida por las vidas ajenas, tanto así que muchas veces sus militantes murieron o fueron heridos y detenidos por evitar muertes, incluso de las fuerzas policiales, jamás cometió atentados explosivos contra personas o asesinó deliberadamente figuras del “gorilismo” gobernante, tanto de los militares golpistas como de gobiernos civiles fraudulentos, ya que habían llegado gracias a la proscripción de Perón y del Partido Justicialista. 

En los años 60 se producen acontecimientos que van a incidir en la política local, en primer lugar, las crecientes luchas de los pueblos coloniales y semicoloniales para desembarazarse de las potencias dominantes: Argelia, Egipto, China fueron revoluciones triunfantes que mostraron que la victoria era posible. La lucha de los “barbudos” en Cuba que acaudillados por Fidel Castro toman el poder en 1959, derrocando a la infame dictadura de Fulgencio Batista, conmocionó a los jóvenes y a los revolucionarios de toda Hispanoamérica. 

En esos mismos años el Concilio Ecuménico II, impulsado por Juan XXIII y llevado a cabo por Paulo VI, provocó otro terremoto, en este caso en la Iglesia católica, convocando a una iglesia junto al pueblo, denunciando la injusticia y desplazando a la filosofía por la cultura como instrumento de evangelización y difusión del mensaje de Dios, lo que obligaba a sumergirse en el conocimiento de las distintas culturas y realidades históricas. Esto llega a América en la reunión de la Conferencia Episcopal Latinoamericana realizada en Medellín donde nace la llamada Teología de la Liberación. 


En la Argentina, se sucedían los gobiernos militares y civiles, los sectores medios comenzaban a expresar su disgusto ante las crecientes dificultades económicas, los trabajadores continuaban en su lucha por defender sus derechos y recuperar la democracia plena con el retorno de Perón, exiliado en España, y las elecciones sin proscripciones. En 1966 un nuevo golpe entroniza en el poder a Juan Carlos Onganía, militar de escasas ideas y gran megalomanía, ya imbuido de la Doctrina de la Seguridad Nacional en la que habían sido instruidas nuestras Fuerzas Armadas, no por EE.UU. como se afirma, sino por los militares franceses derrotados en Argelia e Indochina, que de regreso a Francia intentan derrocar a De Gaulle o asesinarlo, fracasan y se emplean como instructores de la “Lucha contra el comunismo” en nuestras tierras. 

Ellos son los que traen las ideas de la “guerra sucia”, el secuestro, asesinato y “desaparición” de “el enemigo marxista”, metiendo en esa bolsa a todos los luchadores por la emancipación de sus patrias, la Escuela de las Américas es su continuación, pero no el origen del terrorismo de Estado. Onganía, decide eliminar todo foco de “adoctrinamiento marxista” y pone sus ojos en las universidades, en particular en la UBA que si bien era verdad que había sido conducida por hombres como Romero o Risieri Frondizi, profesantes de un liberalismo de izquierda o un marxismo “académico”, en realidad lo que representaba era un bastión antiperonista, que había sido “depurado” de profesores y auxiliares seguidores del “tirano depuesto”, era llamada la “Isla Democrática”, ya que en sus claustros se podía leer a Marx, Engels o sus epígonos, mientras fuera de ella se perseguía, encarcelaba y torturaba a los peronistas. 

Obtuso como era, Onganía lanzó una brutal represión en la famosa “Noche de los Bastones Largos”, apaleando docentes y estudiantes y lanzando al exilio una generación de los mejores científicos, investigadores, filósofos, producida en el país. 

Rotas las ilusiones que expulsado el peronismo, la Argentina volvería a la arcadia de antaño para los sectores medios, destruidas sus ilusiones “democráticas” de una universidad autónoma y ajena a las desdichas del pueblo que la sostenía con sus impuestos, un sector importante empieza a mirar con interés las luchas revolucionarias de otras tierras, los militantes de grupos católicos comienzan a escuchar a los “Sacerdotes del Tercer Mundo” y se conmueven con la muerte en el monte de Camilo Torres, sacerdote colombiano que había renunciado a los hábitos y se enroló en un grupo guerrillero formado al uso del modelo cubano. 

En estos años aparecen los primeros intentos de constituir un “foco” guerrillero en Argentina, en 1963, en Orán, Salta, aparece el autodenominado Ejército Guerrillero de los Pobres, conducido por Jorge Masetti, que pretendía abrir un frente que sirviera de apoyo al desembarco del Che Guevara en Bolivia, fue destruido rápidamente por la gendarmería y su jefe, supuestamente, se internó en la selva y nunca se supo más de él. 

Masetti, había seguido al grupo guerrillero cubano en Sierra Maestra, a pedido de Guevara fundó Prensa Latina, la agencia oficial de noticias cubana, donde trabajaron, entre otros, Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh y Rogelio García Lupo, enfrentado con el creciente avance del Partido Comunista, que no había participado de la lucha pero comenzó a ocupar espacios luego que Castro adscribe al marxismo y sella su alianza con la URSS, renuncia a su cargo en 1962, en esos años también el Che, cuestiona la intromisión de estos sectores y comienza a preparar su salida de Cuba. 

Aquí cabe mencionar un debate que se dio en esos años, Guevara en un reportaje al Monthly Review adelanta su visión del camino hacia la revolución latinoamericana, afirma “Faltaron en América condiciones subjetivas, de las cuales una de las más importantes es la conciencia de la posibilidad de la victoria por la vía violenta frente al poder imperialista y sus aliados internos. 

Estas condiciones se crean mediante la lucha armada...y de la derrota del ejército por las fuerzas populares y su posterior aniquilamiento...apuntando desde ya que las condiciones se completan mediante el ejercicio de la lucha armada, tenemos que explicar que el escenario, una vez más, de esta lucha, es el campo y que, desde el campo, un ejército campesino...tomará las ciudades”1 un recetario completo, un solo camino La lucha armada, un solo lugar El Campo y un solo actor El campesinado. 

Esta visión fue consagrada por Fidel Castro y transformada en manual por Regis Debray, incluso la Constitución cubana establece la lucha armada como único camino a la revolución y el socialismo. La Revolución cubana no triunfó por este recetario, El Granma, yate en el que viajaron los 82 revolucionarios encalló cuando llegó a la playa, fueron emboscados por las fuerzas de Batista y solo sobrevivieron 15, imaginar que con esta fuerza podían derrotar a las fuerzas de Batista, más allá que este ni siquiera tenía más que una guardia nacional armada con fusiles de fines del siglo XIX, suena muy romántico, pero es un dislate.

El triunfo de la revolución cubana habría sido imposible sin el trabajo de Frank País, un joven dirigente estudiantil reformista y maestro, que organizó las fuerzas del Movimiento 26 de Julio en las principales ciudades de Cuba y cuyo asesinato por la policía en Santiago de Cuba en julio de 1957, disparó una rebelión popular sobre la cual se monta el grupo guerrillero para obtener la victoria, el que duda de lo que afirmo, que vaya a la Habana, al Museo de la Revolución y vea con sus propios ojos la relevancia que tiene esta figura, dicho sea de paso el Partido Comunista Cubano nunca apoyó ni a País ni a Fidel, recién desembarca en la Revolución triunfante, cuando el bloqueo y la agresión de los EE.UU deja a Cuba aislada y se ve obligada a caer en el abrazo de la URSS, de ahí el rechazo de Masetti y del propio Guevara, especialmente después de lo que consideraron la “traición” de Moscú en 1962, con la crisis de los misiles. 

Dediqué este largo párrafo para que podamos comprender dos hechos fundamentales: 

1) La influencia de Cuba en establecer la lucha armada como único camino hacia el cambio de estructuras, en su necesidad que las revoluciones, que se producirían, en América continental evitarían el aislamiento de la isla del Caribe, el fracaso de esta estrategia provocó no sólo la aparición de la URSS como aliada única, sino la muerte de miles de militantes desde el Río Bravo hasta el Estrecho de Magallanes. 

2) El apresuramiento desesperado de Guevara por generar procesos revolucionarios, primero en África, con el fracaso estrepitoso en el Congo y luego en Bolivia, intentando una revolución campesina en el único país de América del Sur que había hecho, en 1958, una revolución que no sólo había derrotado al ejército y lo había disuelto sino había llevado adelante una reforma agraria. 



Volviendo a nuestro país, la idea de encarar la lucha armada surge de tres hechos centrales: 

1) El fracaso del intento de golpe militar, primero con Juan José Valle y luego con Iñíguez, para lograr el retorno de Perón, reprimidos sangrientamente, incluso con el asesinato de civiles. 

2) El fracaso del intento de regreso de Perón en 1964, frustrado por la alianza del gobierno fraudulento de Arturo Illia con la dictadura brasileña, que detuvo el avión en Río de Janeiro y obligó al líder argentino a regresar a España. 

3) La anulación de las elecciones legislativas de la Provincia de Buenos Aires, en marzo de 1962, en las cuáles el dirigente sindical peronista Andrés Framini logra el 42,22% de los votos, obteniendo el triunfo. 

Los militantes peronistas habían llegado a la conclusión de que era imposible terminar con la proscripción si no era por la violencia revolucionaria, Cuba parecía enseñar el camino, y aparecen intentos como el Ejército de Liberación Nacional-Movimiento Peronista de Liberación, más conocido como Uturuncos en 1959, nacidos en Santiago del Estero, donde llegaron a tomar el cuartel policial de Frías, conducidos por Enrique Manuel Mena, quién fue detenido en Tucumán junto al reducido grupo de jóvenes que lo acompañaba. 

En 1968 aparecen las Fuerzas Armadas Peronistas conducidas por Envar el Kadri, e integradas por una mujer, Amanda Peralta y otros doce jóvenes, que se instalan en Taco Ralo, Tucumán, que son apresados rápidamente en un intento de entrenamiento, por haber sido denunciados por los vecinos de la zona creyendo que se trataba de contrabandistas. 

Es bueno señalar que en esos años había sido creada la Juventud Peronista, con figuras inolvidables como Gustavo Rearte, Carlos Caride, Jorge Rulli, Envar el Kadri, Susana Valle. Felipe Vallese, Héctor Spina, en 1960 habían producido una acción, el ataque a una guardia de la aeronáutica en Ciudad Evita, firmada como Ejército Peronista de Liberación Nacional, estos grupos no se conforman con jóvenes universitarios de clase media como ocurre a partir de los 70, casi todos ellos son obreros y muchos activistas sindicales, familiarizados con la acción directa que podía ir desde pegar fotos de Perón y Evita en Corrientes y Esmeralda para esperar que alguno las arrancara y tomarse a trompadas, hasta poner un caño en una vía del tren o un sabotaje fabril. 

Es que entre 1955 y 1970, el peronismo recurrió a todas las formas de lucha posible para poner fin a la Fusiladora, primero, y a los gobiernos civiles fraudulentos, muchos de sus dirigentes fueron asesinados, detenidos y torturados salvajemente e incluso “Desaparecidos” como Vallese, obrero metalúrgico, delegado en la fábrica TEA, en Caracas 940 del barrio de Flores y que al momento de su secuestro tenía 22 años, jamás fue encontrado aunque con los años se supo que fue secuestrado por la Policía Federal, conducido a la Comisaría Primera de San Martín, donde fue torturado por varios días y trasladado a Villa Lynch donde continuaron los tormentos. Se supone que buscaban a Gustavo Rearte. 

Remarco el carácter de trabajadores, sindicalistas y militantes de la Juventud Peronista, porque no se trataba de Grupos de Vanguardia ni pretendían hacer ninguna revolución socialista o tomar el poder ellos para conducir un proceso revolucionario, eran militantes peronistas que solo buscaban el regreso de Perón a la Argentina y que hubiera elecciones libres, sin proscripciones, para que el pueblo pudiera elegir a quién deseara, que el peronismo pudiera ser legalizado y organizarse, en definitiva, recuperar una auténtica democracia, seguros que con ella y habiendo elecciones limpias el peronismo era imbatible, solo deseaban retomar el camino de la Revolución Peronista, detenido por el golpe gorila y criminal encabezado por Aramburu y Rojas, impulsado por la oligarquía y las fuerzas políticas que la representaban, la UCR, el Socialismo, el “Los militantes peronistas habían llegado a la conclusión de que era imposible terminar con la proscripción si no era por la violencia revolucionaria, Cuba parecía enseñar el camino...” 
Partido Conservador, el Partido Demócrata Cristiano, la cúpula de la iglesia católica argentina y Gran Bretaña. 

En esos años se había producido lo que se llamó el proceso de nacionalización de las clases medias, esto es, sacudidos por la crisis económica, el reaccionarismo medieval de las fuerzas armadas y cierto profesorado y los sucesos ya citados de las luchas por la liberación en el Tercer Mundo, gran parte de esa generación, nacida en los años del peronismo, comienza a revisar la historia reciente y a cuestionar el rol de sus padres, muchos de ellos antiperonistas, rompiendo con la versión oficial de la “Segunda Tiranía”, los trabajadores industriales, que seguían siendo el sector más dinámico de la política argentina, se encuentran con una juventud universitaria que se desplaza hacia el campo nacional, comienzan a circular entre estos últimos, los libros de Jauretche, Scalabrini Ortiz, Ramos, Hernández Arregui, José M. Rosa, Fermín Chávez, de ahí el concepto de nacionalización, las ideas y categorías de los países dominantes comienzan a ser desplazados por otras, nacidas aquí o en países en lucha por su liberación. 

Esta llamada Alianza Plebeya, por los sectores sociales que la componen, estalla en 1969, sale a la calle, enfrenta al onganiato en Corrientes, Rosario, Tucumán y muy especialmente en el Cordobazo pone en crisis a la Argentina de la contrarrevolución oligárquica. En ninguna de esas luchas encontraremos a los partidos de izquierda y ultraizquierda, menos a los futuros integrantes de las organizaciones armadas, en la Provincia de Córdoba los trabajadores salieron con sus dirigentes como Elpidio Torres (Smata), Atilio López (UTA) todos ellos alineados con el vandorismo y los estudiantes por el integralismo, sector nacido en la provincia mediterránea. 

Así vemos cómo se llega a los estallidos populares de 1969, especialmente al Cordobazo. Venía a cuento recordar cómo nace ese suceso, quienes los convocan, más allá de haber omitido, por error, incluir a Agustín Tosco, líder del sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, dado que a 56 años de aquellas jornadas, el aparato cultural de la izquierda insiste con pretender que fue ese sector quién lo impulsó, callando incluso que en la asamblea que se hace en la Universidad, el día anterior, toda la izquierda con el PC a la cabeza votó en contra de adherir a la marcha, porque había sido convocada por la “burocracia sindical”. Asimismo, las plantas de Materfer y Concord de la Fiat, donde luego aparecen los sindicatos clasistas de Sitrac y Sitram, informadas del paro y movilización convocados, dieron asueto a sus trabajadores, que por ende no participaron, el propio René Salamanca, luego líder de estos gremios, siempre reconoció no haber participado. 

Sí estuvieron algunos integrantes del grupo Córdoba de Montoneros que en ese entonces militaban en el integralismo universitario y que más tarde se sumaron a la organización, pero ni ésta ni el PRT del que luego una fracción creará el ERP, tuvieron participación o incidencia en el Cordobazo. Estas jornadas pusieron a la luz la inviabilidad y mesianismo del plan de Onganía, el verdadero jefe militar era el General Alejandro Agustín Lanusse, furioso antiperonista que había sido dado de baja del ejército por adherir al intento golpista de 1951 y arrestado. 

Posteriormente, la Revolución Libertadora lo reincorpora y devuelve su grado. Depuesto Onganía, Lanusse era renuente a asumir la presidencia y se designa al general Roberto Marcelo Levingston, que ni siquiera estaba en Argentina. Este golpe de timón de la Junta de Comandantes en Jefe se hizo inevitable luego de, en primer lugar, un segundo estallido popular en Córdoba, conocido como El Viborazo, y por el secuestro, ese mismo día del General Pedro Eugenio Aramburu, líder junto al Almirante Isaac Francisco Rojas del golpe de 1955 y responsable, también, de los fusilamientos de junio de 1956, donde 11 militares fueron asesinados en base a decretos de pena de muerte, 12 civiles fueron fusilados en los basurales de José León Suarez, de los cuales 5 murieron y 7 sobrevivieron y seis, entre ellos un coronel, un capitán y cuatro civiles fueron muertos en Lanús. 

El secuestro de Aramburu fue realizado por un grupo autodenominado Montoneros, el Comando de Capital encabezado por Fernando Abal Medina y donde formaban parte Gustavo Ramus, Norma Arrostito, Mario Firmenich, y existía otro grupo en Córdoba integrado por Emilio Maza, Ignacio Vélez, Héctor Araujo, Carlos Capuano, Luis Losada, José Fierro, Susana Lesgard y otros. 

Al comienzo se desconocía la identidad de los integrantes de Montoneros, especialmente de los que habían planeado y ejecutado el secuestro de Aramburu, pero el 1 de julio de 1970, cuatro grupos de la organización protagonizan la toma de la Ciudad de La Calera, en Córdoba, cuando quisieron escapar tuvieron problemas en un auto y varios fueron detenidos, Emilio Maza, Ignacio Vélez y su esposa Cristina, se refugian en una casa pero son encontrados y Maza y Vélez, heridos, son hechos prisioneros junto con la esposa del segundo, en el allanamiento, se encuentra un permiso para manejar un auto, emitido por Norma Arrostito a nombre de Emilio Maza, comenzando la persecución sobre el grupo de Capital Federal. 

Maza muere a raíz de sus heridas y Vélez logra sobrevivir, la esposa de Aramburu reconoce una foto del primero como uno de los “oficiales” que ingresó a su departamento para “detener” al jefe de la Libertadora. En poco tiempo ambos grupos son prácticamente desmantelados, Abal Medina, Ramus y Capuano Martínez son asesinados por las fuerzas de seguridad, Vélez, Losada y Lesgard detenidos (esta última fue asesinada en la cárcel de Trelew el 22 de agosto de 1972), y la misma suerte corren gran parte de sus militantes.

 Muchos de ellos provenían de grupos católicos, habían estudiado en liceos militares o en el Colegio Nacional de Buenos Aires, militantes de la juventud católica participaban en retiros espirituales en zonas pobres de Chaco, Santa Fe y otras provincias, sus confesores eran jóvenes sacerdotes que militaban en lo que luego fue el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, para ellos el peronismo era “El hecho maldito del país burgués, era la identidad política a través de la cual se expresaban la clase obrera y el pueblo, los explotados, en esa etapa histórica...Veíamos en el peronismo al proyecto político que dio fuerza y organización al proletariado...peronismo y antiperonismo no eran sino la forma en que en nuestro país dependiente, se expresaba la lucha de clases.”2 Ramos dirá “Sus miembros han perdido la fe en la sociedad oligárquica, el ejército ha pisoteado ante el silencio de la oligarquía, los ideales de cultura y las ocasionales libertades democráticas.

Por este proceso disolutivo, la clase media desata su cólera a través de la furia destructiva de algunos de sus hijos más resueltos. Al matar a algún gran empresario, la pequeña burguesía venga, de algún modo, la bancarrota de la empresa modesta (16.000 capitalistas pequeños y medianos quiebran durante los 6 años de dictadura militar), y al asesinar a Aramburu, en cierta manera juzgan sangrientamente las viejas creencias de sus padres...la lucha armada brota de una sociedad encendida por una guerra civil o una guerra nacional... 

Pero nunca, en ninguna parte del mundo, un grupo insignificante, ni siquiera un partido considerable, han podido decretar la lucha armada a espaldas de la situación económica y política de una sociedad real...Esta lucha armada sui generis solo tiene un nombre (muy viejo) terrorismo”.3 Es que tal como lo revela el mismo documento producido por Ignacio Vélez, ninguno de estos jóvenes de clase media tenía o había tenido participación alguna en las luchas de la Resistencia Peronista, o de la clase trabajadora argentina, incluso cuando se refiere al Cordobazo expresa “Era tan fuerte la conciencia del destino manifiesto del grupo, tan clara la decisión, que el Cordobazo nos pasó de lado”, este vanguardismo de iluminados, atosigados de las lecturas revolucionarias de la OLAS, de un marxismo precario “cubano” es decir limitado a la decisión de “construir el socialismo con la lucha armada”, su vinculación con el peronismo 2 “Montoneros, los grupos originarios”; Ignacio Vélez Carreras; CeDeMa.org; 16/7/2009 3 “Revolución y contrarrevolución en la Argentina”; T 5 “La era del peronismo”; Jorge Abelardo Ramos; Edic, Continente; Bs. As. 2013. “Como puede verse el “huevo de la serpiente” estaba instalado desde un principio, la falsedad de anunciarse como peronistas no siéndolo, el vanguardismo típico de la clase media que subestima las masas y en particular al “proletariado” del que tanto habla, enfermos de foquismo, militarismo y violencia… habían iniciado su deriva que los llevaría al enfrentamiento no sólo con Perón, el Partido Justicialista y la CGT, sino con el pueblo peronista en su conjunto.”  era meramente instrumental y oportunista, reconocen “En esa época no teníamos ninguna relación con el Partido Justicialista, al que nunca estuvimos afiliados...en realidad sentíamos por el PJ un profundo desprecio” convengamos que no habla del PJ actual, en cuyo caso sería comprensible, sino de un partido Justicialista que llevaba 15 años proscripto, perseguidos sus dirigentes y su líder en el exilio. 

Es imprescindible aclarar que Vélez no celebra estas actitudes, las menciona en un trabajo fuertemente autocrítico y muy valiente, donde asume que “La concepción militarista (foquista) triunfaba en toda la línea sobre la estrategia de construir el poder político y social recreando el movimiento desde la base”, que aclara que “a partir de nuestra detención en julio de 1970 (el grupo al que pertenecía) comenzó a plantear posiciones críticas en relación al accionar de la organización, lo que provocó nuestra separación en 1973... Este proceso de discusión crítica se produjo en la cárcel mientras en “el exterior” se profundizaba en un accionar de la organización que considerábamos desviaciones, producto de concepciones erróneas”. Lamenta Vélez, que pese a estar integrado el grupo por miembros fundadores de Montoneros, la conducción jamás respondió a sus reclamos de un debate, por ello al salir libres con la Amnistía del 25 de mayo de 1973, se unieron al grupo de Córdoba denominado Columna Sabino Navarro que habían asumido su documento como propio. 

Me he detenido en estas dos visiones, porque creo que las definiciones de Ramos pueden parecer, en principio, muy duras y descalificadoras, políticamente, sin embargo, la lectura detenida de este documento, que recomiendo, confirma sus opiniones, de aquel momento. Como puede verse el “huevo de la serpiente” estaba instalado desde un principio, la falsedad de anunciarse como peronistas no siéndolo, el vanguardismo típico de la clase media que subestima las masas y en particular al “proletariado” del que tanto habla, enfermos de foquismo, militarismo y violencia, partidarios de un marxismo superficial y teórico, desaparecidos sus jefes iniciales y el grueso de sus miembros fundadores antes del regreso del peronismo al gobierno el 25 de mayo de 1973, habían iniciado su deriva que los llevaría al enfrentamiento no sólo con Perón, el Partido Justicialista y la CGT, sino con el pueblo peronista en su conjunto. 

Ahora bien. ¿Fue Perón un viejo maquiavélico, manipulador y traidor que engañó a estos jóvenes, idealistas e ingenuos? Esto es absolutamente falso, una leyenda infame creada, entre otros por los Bonasso, Verbitsky, José Pablo Feinmann, y otros falsificadores que desesperados por crear la leyenda de los jóvenes bien intencionados, que quisieron construir un mundo más justo y ofrendaron su vida en ello, engañados por ese milico que ya había usado a Evita y ahora lo hizo con ellos, no se detuvieron hasta tener éxito, lo lograron porque el periodismo se aferró a esa imagen de Perón, ello permitía volver a proscribirlo, en este caso a su pensamiento, obra y legado, nos escamotearon, quizás, al mejor Perón.

Del delirio de la lucha armada se encargó la historia, miles de muertos, desaparecidos, torturados mostró el rostro letal, trágico, en toda América Latina, de ese desvarío 111 4 “Documentos, 1973-1976, Volumen I, De Cámpora a la ruptura” Roberto Baschetti (comp.) Edic de la Campana; Buenos Aires;1996 ciólogo. Profesor universitario. Memoria e Identidad al que el fanatismo, la soberbia, los delirios vanguardistas e iluminados del guevarismo condujeron, en 60 años solo acumularon derrota tras derrota, fracaso tras fracaso, el derrotero para entender que las revoluciones son obras de los pueblos, organizados y conscientes de su destino colectivo y no de minorías armadas, actuando al margen de ellos, está teñido de sangre. 

Perón fue muy claro, siempre trató de acercarlos a su movimiento, especialmente a través de viejos militantes como El Kadri, Rulli etc., los escuchó y les explicó en qué consistía su visión del socialismo nacional, que nada tenía que ver con el marxismo, dentro de lo que dio en llamar la guerra integral contra la dictadura, a la lucha sindical, política, sumó las acciones armadas como un método para acorralar a los militares y obligarlos a llamar a elecciones, por eso los llamó formaciones especiales, eran una variante táctica más, que además le acercaba a los grupos de clase media y universitaria históricamente renuentes a su prédica, jamás los ungió como sus herederos y muchísimo menos como reemplazantes de las demás formas de lucha, era militar, algo sabía de guerras. 

Cuando la dictadura, de acuerdo a la estrategia descripta, fue quedándose sin salidas, era inminente el llamado a elecciones y sobre todo, el regreso de Perón a la patria, les ofreció espacios en el futuro gobierno y les dijo que ellos iban a ser los sucesores naturales a través del trasvasamiento generacional, pero que en la etapa que venía había que reconstruir todo lo que la oligarquía había destruido en los 18 años de proscripción pero, de todas maneras no eran simplemente promesas a futuro, reiteró su oferta de ir ocupando espacios en el gobierno, Firmenich le respondió con un listado de quiénes debían ocupar todos los ministerios y secretarías, superada la sorpresa inicial, les ofreció el Ministerio de Bienestar Social, el de Educación, la conducción de la UBA, y varias gobernaciones, la conducción montonera, que llevaba apenas dos años como peronista rechazó la propuesta. 

El poderío militar de las organizaciones armadas era a fines de 1972 escaso, la mayoría de sus cuadros estaban presos o habían sido muertos, Montoneros no era la excepción, sin embargo habían logrado el cariño y respeto de miles de peronistas, veían en ellos a jóvenes que habían roto con su pasado gorila y se habían volcado al peronismo, reconocían su coraje, arrojo y espíritu de sacrificio, sentían además que al sumarse en esta última etapa por el regreso de Perón a la patria habían hecho un importante aporte, era más fuerte el respaldo de masas, especialmente en los jóvenes, que el poder de fuego, pero Ignacio Vélez es muy claro, habían elegido otro camino. 

Pero es necesario insistir con el análisis de cuál era en realidad su pensamiento, me refiero por supuesto al de sus jefes, ya vimos que no eran peronistas en sus inicios, tampoco lo eran después, en 1973, en la célebre ”Charla de la conducción nacional ante las agrupaciones de los Frentes”4 , Firmenich dice : “Perón en lugar de reservarse el liderazgo continental y conformar el frente continental, vuelve a ocupar la Presidencia de la Nación, pero este es un índice de retroceso del proyecto estratégico, es decir Perón tiende a acumular el poder en la Argentina porque ha fracasado el proyecto latinoamericano...Perón tiende a producir una acumulación de poder dentro del régimen constitucional, cosa que es imposible y busca la negociación con los países del cerco para romper el cerco y la negociación con el imperialismo yankee… Nosotros, en general, no conocimos el gobierno de Perón...Hoy, que está Perón aquí, Perón es Perón y no lo que nosotros queremos, Para hacer una caracterización de Perón hay que comenzar por ver y conocer en profundidad su pensamiento, cosa que, en rigor, generalmente no conocemos. 

Ese pensamiento está escrito en una cantidad de libros, en discursos, en cartas, etc., está expresado hoy en hechos concretos, Perón se define a sí mismo y define a su movimiento, para lo cual inventa una palabra: justicialismo, y lo define como una tercera posición, ¿Que es la tercera posición?, la tercera posición es una tercera posición ideológica equidistante entre el demo liberalismo capitalista e imperialista y el socialismo internacionalista marxista” “Es decir, en rigor el socialismo nacional no es el socialismo, lo que Perón define como socialismo nacional es el justicialismo. 

Incluso, un libro que nosotros, o la mayoría de nosotros, no ha leído, La Comunidad Organizada es el que fija el pensamiento filosófico de Perón, es la ideología de Perón, la ideología de Perón es contradictoria con nuestra ideología, nosotros somos socialistas...Entonces, en la caracterización del Socialismo Nacional, en rigor, no pensamos exactamente igual Perón y nosotros y en el análisis que hace Perón de la historia de la humanidad tampoco pensamos igual...Perón sabe que nuestra posición ideológica no es la misma que la de él y de ahí que tiene una contradicción que vaya a saber cómo la resolverá.” “La conducción estratégica para Perón, como es públicamente conocido es unipersonal, es el conductor y los cuadros auxiliares. 

Eso es contradictorio con un proyecto de vanguardia, en donde la conducción estratégica la ejerce una organización... la única acumulación de poder válida es el poder militar...Perón nos denominó de entrada formaciones especiales, porque en su proyecto político e ideológico no cabe la noción de vanguardia organizada”. 

Vayamos ahora, para terminar, a uno de los párrafos que mejor expresa la ideología y definición política de Montoneros en boca de su jefe, Mario Eduardo Firmenich “Si no somos formaciones especiales y lo que hay es un proyecto político ideológico, que tiene su implementación estratégica, entonces no hay que disolverse sino que hay que lograr la conducción del Movimiento Peronista para transformarlo en Movimiento de Liberación Nacional total, es decir que se constituya en una herramienta político militar que desaloje a los elementos que distorsionan la esencia...nuestra ideología es el socialismo, porque el socialismo es el estado que mejor representa los intereses de la clase obrera...es decir, creemos que existe la lucha de clases, creemos que existen las clases sociales, que la lucha de clases presenta contradicciones, que hay contradicciones que se resuelven de una manera y contradicciones que se resuelven de otra, eso es lo que tomamos del marxismo”. Quizás resulte aburrida la lectura de tan extensos párrafos, sin embargo considero que  constituyen la demostración más contundente que la conducción de Montoneros no era ingenua ni fue engañada, que tenían una ideología y doctrina diferente al peronismo, que practicaron el centrismo de una manera descarada, imaginando cercana la muerte de Perón y la posibilidad de quedarse con la conducción del peronismo por las armas, que sabían que Perón lo había descubierto y por eso los definió como infiltrados, estaban enfermos de vanguardismo y militarismo, todo ello en un cóctel siniestro que sólo podía concluir en una tragedia. 

Perón hizo todo lo humanamente posible por rescatarlos, cuando asumió el FREJULI el gobierno el 25 de mayo de 1973, puso en los ministerios de Interior, Educación y Relaciones Exteriores, en las gobernaciones de las Provincias de Buenos Aires, Salta, Mendoza, Santa Cruz, Córdoba y Formosa, dirigentes peronistas cercanos a las organizaciones de superficie de Montoneros, y muchos cuadros de éstos asumieron como funcionarios. Designó en la UBA a Rodolfo Puiggrós, de conocida pertenencia montonera, esto fue asumido como concesiones e incluso pese a los espacios que tuvieron en el interregno de Héctor Cámpora como presidente no evitó que siguieran desarrollando acciones armadas, no reconocidas por la organización. 

Finalmente, cuando Perón los enfrenta públicamente en la Plaza de Mayo, el 1 de mayo de 1974, mientras salía del balcón le pidió a Oscar Allende que buscara un diálogo con los “muchachos”, sabedor de las discusiones y división que había en la organización, que como vimos ya habían alejado a miembros fundadores como Ignacio Vélez y provocarían un gran cisma luego de los incidentes mencionados en la Plaza de Mayo, surgiendo la JP Lealtad que rompe con Montoneros. 

Sin embargo la ruptura más grande ya se había venido dando desde mucho antes, la simpatía y cariño que grandes sectores del pueblo peronista le dispensaron mientras fingieron ser Soldados de Perón, se diluyeron en cuanto mostraros su verdadero rostro y ambiciones, el pueblo peronista luchó 18 años para el regreso de Perón, para que volviera a gobernar y con él los años más felices, los años de la justicia social, de la soberanía popular, de la democracia verdadera donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés, el del pueblo, no para entronizar en el gobierno una vanguardia iluminada, marxista, militarista y violenta que construya un socialismo que solo existía en sus delirios febriles. 

Queda para nosotros luchar para recuperar la verdad real de esos años y esos hechos, aún hay muchos jóvenes peronistas que sólo conocen las mentiras y fabulaciones de los vanguardistas de cátedra y escritorio, que contando con la complicidad de los aparatos culturales de la oligarquía y de la izquierda y sus medios, crearon la “leyenda negra” del tercer gobierno peronista, ellos fracasaron en su intento demencial de cooptar al peronismo para sus fines, en su resentimiento han hecho y hacen todo lo que está a su alcance para que su derrota sea la derrota de todo el pueblo argentino. 

No dejaremos de lado en este largo análisis el rol de los grupos terroristas de izquierda, en especial el autodenominado Ejército Revolucionario del Pueblo, hubo otros, desprendimientos de éste como el ERP 22 de agosto y el ERP Fracción Roja, o distintos como las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL) con sus propios desprendimientos. 

El ERP fue junto con Montoneros las dos organizaciones más fuertes y activas de esos años, en 1970 el Partido Revolucionario de los Trabajadores surge de la fusión en mayo de 1965 del Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP) conducido por Roberto Mario Santucho y el grupo Palabra Obrera conducido por Hugo Bressano, más conocido como Nahuel Moreno, y que era un desprendimiento del trotskismo vernáculo. 

Luego de grandes desavenencias tácticas, en 1968, con motivo del IV Congreso del Partido se separan la fracción de Santucho, que pasa a denominarse “PRT El Combatiente”, que construirá su brazo armado el ERP, y el “PRT La Verdad” encabezado por Nahuel Moreno, que años más tarde junto a sectores del viejo Partido Socialista, conformará el Partido Socialista de los Trabajadores. 

En el caso del ERP, decididamente guevarista, muchos de sus miembros provenían de connotadas familias radicales como Santucho, Urteaga, y otros, como Gorriarán Merlo, Pujals o Menna, estudiantes universitarios, hasta 1973 se dedicaron a pequeños robos, armas, pelucas, desarmar policías y registran un hecho notorio que fue al asalto al Banco Nacional de Desarrollo, a metros de la casa de gobierno, asimismo encararon acciones terroristas, como asaltar una comisaría en Rosario y asesinar al sargento Félix Ocampo y el cabo Eugenio Leiva, irrumpir en la casa del Comandante de Gendarmería Pedro Agarotti, asesinándolo delante de su familia (1972), el asesinato del empresario Oberdan Sallustro, a quién primero secuestraron para pedir rescate y luego asesinaron (1972), asimismo, el 18 de febrero de 1973 un mes antes de las elecciones nacionales del 11 de marzo, realizaron el operativo más importante, hasta ese momento, de una organización armada, el asalto y toma del Batallón de Comunicaciones 141 del Ejército Argentino en la ciudad de Córdoba. 

Luego de la contundente victoria del FREJULI en las elecciones nacionales, en las que por primera vez el peronismo puede participar, más allá que no pudo hacerlo el General Perón, debido a una cláusula proscriptiva del gobierno militar, comienza un debate en las organizaciones armadas, mientras algunos plantean que al no haber ya una dictadura, al haberse realizado, por primera vez en 18 años, elecciones sin partidos proscriptos y por ende, restaurarse la democracia y las libertades públicas debían cesar las acciones armadas y acompañar la voluntad popular, otros, enrolados en el guevarismo y partidarios de la lucha armada, la llamada guerra popular prolongada, consideraban al peronismo una variante burguesa y por lo tanto se debían continuar sus acciones hasta imponer el socialismo. 

El resultado fue que algunas fingieron aceptar la voluntad popular, pero siguieron con sus acciones. En esos años el blanco preferido eran los dirigentes sindicales, en su soberbia militarista, sostenían que las conducciones sindicales eran “claudicantes”, conformaban la “burocracia sindical”, que debía ser eliminada para “liberar a los trabajadores” de su influencia y éstos entonces recuperarían su conciencia de clase y acompañarían, a los asesinos de sus líderes, en la guerra revolucionaria hasta la toma del poder y la construcción del socialismo.

Así el 30 de junio de 1969, un mes después  del Cordobazo, asesinan al líder metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, en un hecho que nadie reivindicó en ese momento pero que años después se atribuyeron los líderes de Montoneros, en agosto de 1970 es asesinado José Alonso, dirigente del Sindicato del Vestido y que había sido Secretario General de la CGT por Montoneros, Dirk Henry Kloosterman, dirigente sindical del Smata es muerto el 22 de mayo de 1973, tres días antes de la asunción de Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima al gobierno, que habían sido votados por el 50% de los argentinos, en este caso los criminales fueron un comando de las Fuerzas Armadas Peronistas 17 de octubre (FAP 17), un desprendimiento de las originales, en ese atentado participó Jesús Ramés Ranier, años más tarde conocido por “El Oso”, este grupo posteriormente se incorporó al ERP, y “El Oso”, que poco tiempo antes había sido detenido y se transformó en colaborador de la policía, fue parte de la logística de esta última organización, hasta que por su intervención se produjeron una serie de caídas en 1975, entre ellas de la mujer y las cuatro hijas de Santucho, que culminó con la masacre del intento de copamiento del Batallón de Arsenales 601 “Domingo Viejobueno”, donde murieron más de 100 hombres y mujeres del ERP, “batidos” por uno de los asesinos de Kloosterman, devenido en infiltrado del grupo terrorista. 

No puedo omitir transcribir las declaraciones del ERP respecto de las elecciones de 1973, antes de ellas ya adelantaron su visión “Si hay elecciones y gana el peronismo, será el peronismo de Paladino y Rucci y por su trayectoria sabemos que son dirigentes vendidos”, por ello luego de las elecciones lanza su proclama “Porqué el ERP no dejará de combatir, respuesta al Presidente Cámpora”, donde reconoce la legitimidad del gobierno electo y anuncia que no lo iba a atacar con las armas, pero advirtió, textualmente que “Respetuosos de la voluntad popular no atacará al nuevo gobierno mientras este no ataque al pueblo ni a la guerrilla...nuestra organización seguirá combatiendo militarmente a las empresas y fuerzas armadas contrarrevolucionarias. 

Pero no dirigirá sus ataques contra instituciones gubernamentales ni contra ningún miembro del gobierno del Presidente Cámpora. En cuanto a la Policía, que supuestamente depende del Poder Ejecutivo...el ERP suspenderá sus ataques contra ella a partir del 25 de mayo y no la atacará mientras ella permanezca neutral, mientras no colabore con el ejército en la persecución de la guerrilla”. 

Si no bastara esa demencial declaración para calificar la soberbia militarista y gorila de estos terroristas, he aquí sus acciones 1) El 25/3/73 el ERP toma la Central Nuclear de Atucha 2) El 30/3/73 el conscripto Julio Provenzano, perteneciente el ERP, muere al estallarle un explosivo que estaba colocando en la sede del Comando en Jefe de la Armada. 3) El 3/4/73 el ERP secuestra al Contraalmirante Alberto Alemán 4) El 30/4/73 un grupo del ERP 22 de Agosto asesina al Vicealmirante Hermes Quijada. 

Todo esto entre las elecciones del 11 de marzo y el 25 de mayo, que asume el nuevo gobierno, que el mismo día dispone un indulto a todos los presos políticos, entre ellos los integrantes de todas las organizaciones armadas, y llama a la pacificación. Ese día, militantes de esas organizaciones rodean la cárcel de Devoto exigiendo la inmediata libertad de los detenidos, con el objeto de evitar un enfrentamiento, el gobierno accede. 

Paradojalmente uno de los que sale de prisión y se fuga es Francois Chiappe, un francés que había llegado al país como miembro de los paramilitares franceses que entrenaron al Ejército Argentino en la lucha contrarrevolucionaria, como ya mencionamos anteriormente, que estaba detenido por “contrabando”. 

Dispuestos a llevar su acción terrorista a pleno, la mayoría de los presos de estas organizaciones liberados por el gobierno, retornaron a las acciones clandestinas y a atacar al gobierno democrático, así el 6 de setiembre de 1973 un comando del ERP ataca el Comando de Sanidad del Ejército Argentino, fracasan y 13 integrantes son detenidos y remitidos a la Superintendencia de Seguridad Federal, permaneciendo detenidos hasta 1983, los atacantes asesinaron, antes de rendirse, al Teniente Coronel Raúl Duarte Hardoy. 

Retomando a Ramos, en la obra citada, hago mía su definición “El ERP no ocultaba su repulsa al peronismo y lo expresaba abiertamente. Lo más claro de su sigla es que no era un ejército, no era revolucionario ni había pueblo entre ellos”. 

Si bien Perón había regresado al país el 17 de noviembre de 1972, permaneció sólo un mes, inhabilitado para ser candidato por no haber regresado antes del 25 de agosto, Cámpora tampoco podría haber sido candidato ya que la cláusula además de estar en el país antes de esa fecha exigía que no se saliera a partir de ella y Cámpora había viajado al exterior, lo cual revelaba que la proscripción tenía nombre y apellido. 

Finalmente se estableció el 20 de junio como fecha de su regreso definitivo, ese día se decidió hacer un acto gigantesco en Ezeiza, con un palco a la altura de Av. Richieri y Puente 12, mirando hacia Capital, de manera que los asistentes se desplegaran en esa inmensa superficie, dejando libre el trayecto desde el aeropuerto hasta el palco. Ese día quedó a la vista de todos el enfrentamiento entre Montoneros y Perón, jóvenes que integraban la Juventud Peronista de las regionales, la denominada Tendencia Revolucionaria, comentan hoy la preocupación que les causó cuando escucharon de boca del líder máximo de Montoneros que las consignas eran “Perón, Evita, la Patria Socialista” y “Conducción, conducción, Montoneros y Perón”, o sea que se instalaba claramente la decisión de disputarle a Perón la conducción de su movimiento, o al menos compartirla. 

Para ello la táctica era ocupar toda la superficie más cercana al palco, copar el frente de la multitud, para “mostrarle a Perón” quién había movilizado al pueblo que, en un número, según los medios de la época, “Retomando a Ramos, en la obra citada, hago mía su definición “El ERP no ocultaba su repulsa al peronismo y lo expresaba abiertamente. Lo más claro de su sigla es que no era un ejército, no era revolucionario ni había pueblo entre ellos”.” 
 ascendía entre uno y dos millones de personas, en un país de 24 millones, o sea que casi un 10% de la población del país acudió a recibir a su líder. 

Más allá del panfleto de ficción de Verbitsky, que se transformó en versión oficial de las organizaciones armadas hasta 1976 y del progresismo a partir de 1983, lo cierto es que el tiroteo se produjo cuando al llegar las columnas de la JP se encontraron que todo el espacio adyacente al palco estaba ocupado por columnas sindicales y de otros agrupamientos juveniles y pretendieron entrar igual desplazando a los que ya estaban y/o flanquear el palco para rodearlo por detrás, los que los enfrentó con quiénes estaban a cargo de la seguridad, que debía mantener abierto el camino para el ingreso de los autos que vendrían del aeropuerto. El resto fue un pandemónium, corridas, tiros, el avión que traía a Perón fue desviado a la base militar de Morón y el acto suspendido. 

Como asistente al acto debo decir que lo que viví fue la desconcentración más amarga que haya visto en mi larga vida, miles de mujeres, hombres y niños que habían viajado desde todo el país con la sola motivación de recibir a su líder, al hombre que encarnaba todas sus esperanzas, caminando cabizbajos, con lágrimas en los ojos, algunos envueltos en banderas partidarias o argentinas, con una mezcla de desilusión y rabia. 

A partir de ahí se aceleraron los acontecimientos, Cámpora y Solano Lima renunciaron y se convocó a nuevas elecciones para el 23 de setiembre, Perón hizo su discurso en cadena nacional, denunciando a “los infiltrados” y haciendo un llamado a deponer los enfrentamientos. 

A todo esto, viene bien aclarar que en el enfrentamiento de Montoneros con la dirigencia sindical, hasta ese momento, las balas habían venido de un solo lado, varios dirigentes sindicales habían sido asesinados, no existían las mentadas “patotas armadas” baleando dirigentes juveniles o de la izquierda, de ahí que en el no menos célebre discurso de Parón, el 1 de mayo de 1974, este mencionara a “Una dirigencia sindical prudente, que ha visto caer a sus líderes sin hacer tronar el escarmiento”. 

El 23 de setiembre de 1973, la Fórmula Perón-Perón, obtiene el 61,86% de los votos, la victoria electoral más rotunda de la historia argentina, menos de 48 horas después Montoneros asesina a José Ignacio Rucci, Secretario General de la CGT y pilar del retorno de Perón al país y al gobierno, en su jerga había que “Tirarle un muerto arriba de la mesa” para obligarlo a negociar. Ni siquiera tuvieron el valor de asumirlo, en principio solo lo anunciaron a los más allegados a la cúpula terrorista, más tarde, indirectamente, lo reconocieron en un editorial de su órgano oficial “El Descamisado” cuando Dardo Cabo inicia su editorial “La cosa, ahora, es como parar la mano”, a la fecha algunos sobrevivientes de la conducción siguen negando la autoría, aunque investigaciones periodísticas han revelado el nombre de quién dirigió el operativo. 

El ERP que nunca había abandonado la violencia, ataca el 19 de enero de 1974, la guarnición militar de Azul, en la Provincia de Buenos Aires, conducidos por Gorriarán Merlo e Irurzún, dos de sus principales cabecillas, fracasan en su intento y en su retirada asesinan al Coronel Camilo Gay y su esposa y secuestran al Coronel Ibarzábal, al que retienen en cautiverio durante diez meses antes de ejecutarlo, el gobierno nacional interviene la Provincia de Buenos Aires, a los pocos días Santucho anuncia “De los hechos expuestos, surge con claridad meridiana que el verdadero jefe de la contrarrevolución, el verdadero jefe de la política represiva... es precisamente el General Juan Domingo Perón”.

No voy a rotular esta conducta, como el ERP se autodefinía “trotskista” lo mejor es recurrir a León Trotsky, en 1911 y para “Der Kampf”, revista socialdemócrata alemana dirigida por Kautsky, escribe “El atentado, aún el que tiene éxito, ¿acarrea la desorientación en los círculos dirigentes? Eso depende de las circunstancias políticas concretas, en todo caso se trataría de una perturbación de corto tiempo. 

El Estado capitalista no reposa sobre ministros y no puede ser destruido, destruyendo sus ministros, encontrará enseguida otros servidores, el mecanismo continúa intacto y sigue funcionando. 

Pero la turbación que los atentados terroristas acarrean a la clase obrera es de una gravedad mucho más profunda. ¿Si basta con armarse de un revólver para alcanzar los objetivos, para qué entonces los esfuerzos de la lucha de clases?, ¿si basta con un poco de pólvora y plomo para atravesar la cabeza del enemigo, para que sirve entonces la organización?, ¿Si los grandes dignatarios pueden ser intimados por el ruido de una explosión, para qué sirve el partido, para qué sirve la agitación, para qué las reuniones, para qué las elecciones, si se puede tan fácilmente tomar por blanco, desde las tribunas del parlamento, el sillón de los ministros? El terrorismo individual es, precisamente, inadmisible a nuestros ojos, porque rebaja a las masas frente a sí mismas, las reconcilia con su impotencia y orienta sus perspectivas y sus esperanzas hacia el gran vengador, el liberador, que vendrá un día y cumplirá su obra”. 

Estas palabras del dirigente bolchevique y artífice de la Revolución Rusa, me eximen de comentarios para definir a un grupo de iluminados, que se subrogan el derecho al terrorismo, supuestamente para hacer una revolución que otorgará el poder del Estado a los trabajadores, pero sin que ellos participen en el proceso revolucionario. 

Más grave aún resulta que hagan todo eso asumiendo una filiación ideológica que, o bien es falsa o bien revela que nunca han leído a su ideólogo, ya que como hemos visto descalificaba al terrorismo individual. 

Largo sería enumerar los desatinos criminales que las conducciones de estas organizaciones llevaron adelante hasta llegar al golpe del 24 de marzo de 1976, el pase a la clandestinidad de Montoneros el 6 de setiembre de 1974, dejando expuestos a ciento de militantes de superficie, estudiantiles, sindicales y sociales, que no podían abandonar su vida laboral y pasar a vivir en “casas operativas” en medio, ahora sí, del fuego cruzado de las organizaciones como el C de O y la CNU, las bandas criminales de la triple A y la fuerzas policiales, el ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29 en Formosa, en octubre de 1975, donde fueron asesinados 10 soldados conscriptos, y el intento de conformar una guerrilla en el monte tucumano, asociados al ERP. 

Estos últimos, a su vez, luego de los fracasos en tomar el Grupo de Artillería de Defensa Aérea 141 de San Luis, el Batallón de Comunicaciones 121 de Rosario y el Regimiento de Infantería Aerotransportada 17 de Catamarca, logran copar la Fábrica Militar de Explosivos de Villa María, llevándose secuestrado al Coronel Argentino del Valle Larrabure, quien permaneció 372 días en una “cárcel del Pueblo” hasta ser asesinado. 

Como represalia por las muertes de 16 combatientes, mientras huían luego del frustrado ataque al Regimiento de Catamarca, anuncian que van a “ejecutar” a nueve oficiales del ejército, estuvieran o no vinculados a los sucesos mencionados, en palabras de Gorriarán Merlo “Atentaríamos indiscriminadamente sobre oficiales del ejército hasta igualar a los compañeros asesinados en Catamarca”, (indudablemente nunca habían leído el artículo de Trotsky de 1911), tuvieron éxito en los nueve asesinatos, pero en el último, al atacar al capitán Humberto Antonio Viola, logran darle muerte pero matan también a su hija de 5 años y dejan herida, con disparos en la cabeza a su otra hija de 3 años. 

Podría seguir enunciando hechos que demuestran hasta el hartazgo la actitud criminal, soberbia, gorila y antipopular de los jefes de los grupos terroristas, sobre cómo apostaron al golpe de estado a fin de “agudizar las contradicciones”, el mesianismo de imaginar un escenario donde ante el golpe el pueblo se iba a volcar hacia las “organizaciones armadas” y de ahí, mediante “la guerra popular” iban a tomar el poder y construir el socialismo. Podría escribir sobre cómo desde el exilio, la conducción de Montoneros (que hacía conferencias de prensa vestida con uniforme militar) en París y Madrid, calculaba que si perdían 1.500 militantes, era una “cifra razonable” y más tarde ordenaba una contraofensiva en 1979, que se transformó en una masacre, porque el pueblo argentino “se iba a poner bajo su conducción en cuanto llegaran y la dictadura, que según ellos ya estaba retrocediendo, seria derrotada”. 

Podría escribir sobre la responsabilidad de esas conducciones en la muerte o desaparición de miles de jóvenes, militantes, convencidos de la necesidad de hacer una revolución que terminara con las injusticias y fueron llevados al “matadero” en acciones y enfrentamientos condenados al fracaso de antemano, donde sumaban derrota militar tras derrota, pero eran “victorias políticas”. 

Podría escribir sobre cómo sus actos fueron funcionales a la conspiración golpista de las Fuerzas Armadas, que los dejaron actuar, pese a tenerlos totalmente infiltrados, para debilitar al gobierno constitucional, prueba de ello es que las organizaciones que “Estaban listas para derrotar al ejército y tomar el poder” fueron aniquiladas en menos de un año. 

“Perón, mientras vivió, se opuso terminantemente a la intervención militar para combatir a la guerrilla, sabía que eran las fuerzas armadas que bombardearon Plaza de Mayo en 1955, fusilaron ilegalmente y en basurales en 1956, acompañaron o ejecutaron políticas de entrega entre 1955 y 1973, eran ferozmente antiperonistas y sumisas al imperialismo, y no había tenido tiempo de reformarlas” 
Sin embargo es necesario dejar aclarado que nada de esto disculpa el terrorismo de Estado, desatado a partir del 24 de marzo de 1976, salvaje, brutal, inmisericorde en lo humano y cipayo, antinacional y entreguista en lo político, Perón, mientras vivió, se opuso terminantemente a la intervención militar para combatir a la guerrilla, sabía que eran las fuerzas armadas que bombardearon Plaza de Mayo en 1955, fusilaron ilegalmente y en basurales en 1956, acompañaron o ejecutaron políticas de entrega entre 1955 y 1973, eran ferozmente antiperonistas y sumisas al imperialismo, y no había tenido tiempo de reformarlas. Finalmente, el golpe no se llevó a cabo para pacificar el país o terminar con la “subversión”, eso ya lo habían hecho, se hizo para liquidar al peronismo, al país industrial y con una clase trabajadora organizada y poderosa, liquidar una generación que era la que Perón soñaba protagonizara el “Trasvasamiento Generacional” para el proyecto nacional, para ello contaron con dirigentes terroristas tan gorilas como ellos, tan soberbios como ellos, que despreciaban al pueblo como ellos y mesiánicos como ellos, fueron las dos caras de la misma moneda y los argentinos las víctimas de tanta demencia criminal

Omar Auton*
* Abogado. Secretario de Coordinación de Profesionales UPCN Seccional Trabajadores Públicos Nacionales y del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
UPCN Copyrights © 2018 Todos los derechos reservados.