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IA en el sector público

 01/12/2025   3323
IA en el sector público

A partir del video presentado en el Módulo 2 del Cursado de la Materia Derechos Laborales y Sindicales y escuchando atentamente a Magíster Néstor Balich en su conferencia denominada Innovación e inteligencia artificial en el sector público, se abrieron interrogantes y desafíos que, como trabajadora pública, sentí que debía explorar con el objetivo de formarme, superar miedos y prejuicios instalados socialmente y sobre todo en la Administración Pública sobre la aplicación de la Inteligencia Artificial. 

Néstor Balich es miembro del Centro de investigación, desarrollo e innovación para el sector público (CIDISP) del Sindicato de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN). 

Tal como se define en el sitio web, la misión/ visión de CIDISP es desarrollar actividades profesionales de investigación, desarrollo, formación y consultoría de carácter multidisciplinario, para incrementar la calidad en la formación profesional y jerarquizar la investigación en todos los ámbitos de la Administración Pública. 

Particularmente en el área de inteligencia artificial, el Centro de Investigación evalúa y gestiona el impacto de la IA en el mundo del trabajo de hoy. 

Que el Centro de Investigación CIDISP sea parte de un Sindicato como UPCN, nos revela la importancia de la presencia de las organizaciones sindicales ante estos nuevos desafíos de la Administración Pública y la necesidad de generar conocimiento e investigación para anticiparse a las transformaciones, con mirada formativa a fin de acompañar a los trabajadores públicos en los cambios tecnológicos y de gestión que se van presentando. 

El sindicato es la organización primordial en la defensa de los derechos de los trabajadores, cuestión que nos interpela a fortalecer esas instituciones frente al avance actual de los modelos neoliberales que buscan desacreditar, desprestigiar y desmovilizar a los trabajadores. 

Esta ofensiva contra los sindicatos no es casual ni novedosa y así lo demuestra la historia de la Internacional de Servicios Públicos, precisamente a partir de 1980, la función del sector público como promotor de la responsabilidad social colectiva se vio eclipsada por el nuevo concepto monetarista del sector público como algo intrínsecamente indeseable y económicamente ineficiente. Se decía que los sindicatos, el Estado y los servicios públicos eran obsoletos. Sobrevinieron recortes de los servicios públicos y del gasto público. Era fácil tildar de enemigos al gobierno y a su burocracia, tomando en cuenta que todo el mundo puede en algún momento haber tenido alguna experiencia desfavorable en el trato con las autoridades públicas. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional fueron los primeros en entrar en la pelea, obligando a que se privatizaran los servicios públicos. Después siguió Margaret Thatcher. Los servicios públicos fueron entregados en masa al sector privado y los sindicatos diezmados, perdiéndose millones de puestos de trabajo sindicalizados. En la década de 1990, la ideología comunista con sus sectores públicos fue reemplazada por otra ideología: citando a Hans Engelberts, Secretario General de la ISP (1981-2007) se trata de la “tiranía de fuerzas de mercado desenfrenadas que no rinden cuentas al pueblo” (Keller & Hoferl, 2007, página 81) . 



Actualmente, en la Argentina, nos enfrentamos nuevamente a lo que las autoras denominan una “guerra contra los gobiernos”, librada en nombre de la ideología neoliberal. Las promesas del neoliberalismo de riquezas para todos han quedado sin cumplir, produciendo enormes daños económicos y sociales. Eso muestra las razones por las cuales en el futuro se necesitará con urgencia mayor presencia de los servicios públicos. Se necesitan servicios públicos para procurar suficiente protección de la salud humana, para facilitar oportunidades de trabajo, ingresos suficientes, bienestar y protección contra los infortunios de la vida. Los servicios públicos han aportado considerablemente al bienestar de la humanidad. Deben, pueden y, de hecho, seguirán haciéndolo así en el futuro, porque eso es lo que la gente quiere y para eso luchan los sindicatos (Keller & Hoferl, 2007, página 85).

“Por ello frente a la necesidad de mayor presencia de servicios públicos en un escenario nacional de pobreza, desigualdad y violencia, como trabajadores públicos debemos estar preparados y formados. Primero preparados ante la embestida del modelo de reducción del Estado y segundo formados ante el avance tecnológico.”

En el mismo sentido, Federico Dávila vicepresidente de la Internacional de Servicios Públicos (ISP) entiende que estamos en presencia de una nueva etapa del neoliberalismo caracterizada por una plutocracia global (gobierno de ricos), representando los intereses de una oligarquía financiera internacional y con una clara participación de los principales impulsores y desarrolladores de la economía digital (TICs, IA), dejando en claro que eso no implica estar en contra de la tecnología, ni del capital, sino que entendemos que ambas deben estar al servicio de los pueblos y no para explotarlos o, aun peor, excluirlos (Dávila, 2021). 

Por ello frente a la necesidad de mayor presencia de servicios públicos en un escenario nacional de pobreza, desigualdad y violencia, como trabajadores públicos debemos estar preparados y formados. Primero preparados ante la embestida del modelo de reducción del Estado y segundo formados ante el avance tecnológico. 

Tomando las palabras de Néstor Balich, no es lo mismo la aplicación de IA en el sector privado que en el sector público, destaca la importancia de incorporar IA en el sector público e introduce el concepto de IA con valor social, lo cual implica el desarrollo de tecnologías, innovación y uso de IA orientado a generar impactos positivos y equitativos en la sociedad, priorizando el bien común, la inclusión, la ética y la transparencia. 

La IA es un concepto complejo y dinámico y está lejos de tener una definición unívoca y estática. La IA es una parte de las Ciencias de la Computación que se dedica al desarrollo de sistemas inteligentes. Como la IA aún no es una entidad en sí misma y se utiliza para implementar soluciones, es más conveniente hablar de sistemas inteligentes o sistemas de IA (Solano, Estévez, & Peralta). 

Un Sistema de IA puede, en base a grandes volúmenes de datos, identificar patrones y tendencias y tomar decisiones basadas en esa información, lo que la convierte en una herramienta valiosa para mejorar la eficiencia y eficacia en diversos ámbitos, incluyendo el sector público. Los Sistemas de IA necesitan grandes volúmenes de datos estructurados, pertinentes y de calidad, una infraestructura tecnológica robusta que incluya recursos de cómputo de alto rendimiento, conectividad de red de alta velocidad e infraestructura de centros de datos adecuada. La IA puede ser visible o no al usuario final. Los sistemas de IA pueden interactuar directamente con las personas, como un chatbot para responder consultas o bien puede operar en segundo plano analizando datos para optimizar procesos internos sin que el usuario lo perciba directamente, como el algoritmo inteligente usado por plataformas para recomendarnos series o películas. La autonomía de un Sistema de IA se refiere al grado de participación humana en el funcionamiento del sistema, específicamente hasta qué punto el sistema puede tomar una decisión o ejecutar una acción independientemente de la intervención humana y cómo los humanos utilizan los resultados del sistema. La autonomía es uno de los criterios que se utiliza para clasificar los sistemas de IA, ya que es importante conocer cómo un sistema toma decisiones. En algunas áreas críticas se requiere que la decisión la tome una persona y no un sistema de IA. Los sistemas de IA que están supervisados por una persona o funcionan como asistentes en el trabajo de un ser humano, se consideran sistemas con la “persona en el loop”. Los sistemas de IA se basan en algoritmos como todo sistema de software, utilizan algoritmos, que son conjuntos de instrucciones o reglas definidas y finitas que permiten resolver un problema o realizar una tarea específica. Estos algoritmos, al procesar datos, pueden estar sujetos a sesgos que reflejan prejuicios o parcialidades. Esos sesgos pueden estar presentes en los propios datos que usa el sistema de IA, pero también en los procesos de entrenamiento o el diseño del propio algoritmo. Por ello, es fundamental garantizar la transparencia algorítmica, es decir, la capacidad de un sistema de IA para explicar de manera comprensible cómo se han tomado ciertas decisiones o se han obtenido determinados resultados, promoviendo la confianza y la rendición de cuentas (Solano, Estévez, & Peralta, página 4). 

Desde CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) se ha elaborado una guía para el uso de IA en el sector público, donde se desarrollan una serie de requisitos para la implementación de la IA, centrándose en cuatro dimensiones: 

a. Infraestructura de datos. No hay inteligencia artificial sin datos confiables y de calidad. Es fundamental avanzar en políticas de integración, apertura y estandarización que garanticen la interoperabilidad entre sistemas y la disponibilidad de datos útiles para entrenar y validar modelos. 

b. Capacidades institucionales y humanas. El desarrollo de IA en el sector público no requiere únicamente perfiles técnicos. Se necesitan capacidades híbridas que combinen conocimientos digitales (IA, datos, ética digital) con habilidades estratégicas como análisis prospectivo, gestión de procesos complejos e innovación colaborativa. La inteligencia artificial debe integrarse con la inteligencia individual y colectiva, fortaleciendo el trabajo interdisciplinario entre áreas de innovación, estadística, sistemas y los equipos responsables de la toma de decisiones en cada política pública. 

c. Marco normativo y ético. La implementación de IA debe apoyarse en marcos legales claros y adaptativos que regulen el uso de datos personales, garanticen la transparencia de los procesos algorítmicos y aseguren el respeto por los derechos de la ciudadanía. Es clave promover estándares éticos y criterios de uso responsable de algoritmos que eviten sesgos, aseguren la rendición de cuentas y prioricen la equidad. 

d. Infraestructura digital. Contar con conectividad adecuada, servidores o servicios en la nube pública o híbrida y plataformas compartidas de desarrollo (como sistemas de gestión o portales ciudadanos) acompañado de estrategias robustas de ciberseguridad que protejan tanto los datos como los sistemas involucrados. 

Además, la guía propone recomendaciones. Primeramente, diseñar una estrategia de IA para el Sector Público participativa, ética y basada en evidencia, identificando los problemas públicos prioritarios que la IA puede abordar de manera efectiva. Seguidamente propone adoptar un enfoque incremental que comience con proyectos piloto o casos de uso concretos que permitan evaluar su efectividad y los riesgos asociados, "quick wins" o victorias rápidas puede generar confianza sobre los beneficios de la IA. Otro aspecto es crear marcos de gobernanza y regulación, que implica definir responsabilidades y establecer mecanismos de supervisión y control. Los gobiernos deben crear normativas que incluyan principios éticos en el diseño y el uso de IA, de forma que se garanticen la transparencia, la equidad y la rendición de cuentas. Por último, recomienda invertir en capacitación continua de los funcionarios públicos en áreas relacionadas con la inteligencia artificial, el manejo de datos y la ética digital, creando marcos para atraer y retener talento especializado. Además, debe fomentarse la formación de perfiles híbridos que combinen conocimientos en gestión pública, tecnología y ética, para asegurar una integración eficiente de la IA en las políticas gubernamentales (Solano, Estévez & Peralta, página 10). 

Teniendo en cuenta la última recomendación, invertir en capacitación, se evalúa la importancia de la formación en competencias laborales. 

Teniendo en cuenta el Directorio Central de Competencias Laborales de la Oficina Nacional de Empleo Público (ONEP), las competencias se dividen en tres grandes grupos: Institucionales, Funcionales y de Gestión. Las competencias laborales institucionales son aquellas con las que deben contar todos los trabajadores de una organización. Es decir, son una serie de competencias requeridas de forma igualitaria para todos los agentes o empleados, ya que constituyen un nexo entre los valores institucionales y los comportamientos deseados para sus empleados. Las competencias funcionales, o antiguamente denominadas “competencias técnicas”, son aquellas directamente vinculadas con las propias del puesto por ocupar y se asocian de forma automática con las tareas a realizar. Dentro de ese grupo, para todos los autores examinados, se encuentra el uso de las Tecnologías de la Información y Comunicaciones, en adelante, TIC (Romero Lamas, página 250). 

Afianzar las competencias para la aplicación Opinión “La inteligencia artificial debe integrarse con la inteligencia individual y colectiva, fortaleciendo el trabajo interdisciplinario entre áreas de innovación, estadística, sistemas y los equipos responsables de la toma de decisiones en cada política pública.” 85 Opinión de la inteligencia artificial en el sector público es el desafío, no hay futuro sin servicios públicos, tal como lo plantea Rosa Pavonelli, Secretaria General de la Internacional de Servicios Públicos (ISP), pero es preciso desarrollar competencias para brindar servicios públicos de calidad. En ese sentido, desde mi ámbito laboral, en el Instituto Nacional de Vitivinicultura, en coordinación con el Instituto Nacional de la Administración Pública (INAP) en el mes de junio de 2025, se realizó una capacitación en inteligencia artificial, cuyo objetivo fue la formación de los trabajadores del organismo con un concepto claro de desarrollar la aplicación de IA para brindar mejores servicios. 

Finalmente, tomando las palabras de Omar Auton de UPCN expresadas en el Seminario Regional Los desafíos de la negociación colectiva en el sector público, organizado por la Internacional de Servicios Públicos (ISP), él habla de nuevos desafíos, haciendo referencia a la tecnología. Promueve no tener miedo a la tecnología porque la tecnología es un instrumental al servicio de los seres humanos, afirmando que de no ser usada por los trabajadores, al servicio del conjunto de la población, la usará el poder económico para enriquecerse, por lo cual el problema de fondo es el ejercicio del poder y no de la tecnología en sí misma, y culmina que frente al avance del poder en las condiciones laborales de los trabajadores debemos dar un paso más hacia delante y definir qué tecnología, cómo se la aplica, dónde se la aplica y con qué características. Afirma que esas definiciones se deben resolver en el marco de la negociación colectiva, instrumento fundamental para mejorar las condiciones laborales, reducir las desigualdades y promover la equidad con justicia social.


Opinión Bibliografía 
(2024). Obtenido de https://www.youtube. com/watch?v=ezWcSGfTKpo&t=11874s 
Balich, N. (s.f.). virtual.usal.edu.ar. Obtenido de https://virtual.usal.edu.ar/ultra/courses/_7457_1/outline/file/_489597_1 cidisp. com.ar. (s.f.). Obtenido de https://cidisp. com.ar/ 
Dávila, F. (2021). Sindicalismo y Ambiente: una agenda cargada de nuevos desafios. . 
Keller , F., & Hoferl, A. (2007 ). Internacional de Servicios Públicos. La lucha por los servicios públicos. Vivir mejor en un mundo mejor. 
Ledesma , C. (2011). Derechos sindicales en el sector público en América Latina. Centro Internacional de Formación de la Organización Internacional del Trabajo. 
Muciaccia, F. (2023). Pensamiento estratégico en la incertidumbre de la crisis ecológica. . En Ambiente, Ecología y Justicia Social. PSI . 
Romero Lamas, I. (s.f.). La incorporación de nuevas tecnologías y las relaciones laborales en la Administración Pública Nacional. En Una administración pública perfectible. Constuyendo servicios publicos de calidad. USAL-UPCN. 
Solano, M., Estévez , E., & Peralta, A. (s.f.). Guía para el uso de IA en el sector público en la Argentina. CIPPEC.

Ana Cecilia Oldrá
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