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12 de agosto. Día Internacional de la Juventud Informe 2025: Nada sobre nosotros sin nosotros

 01/12/2025   287
12 de agosto. Día Internacional de la Juventud Informe 2025: Nada sobre nosotros sin nosotros

Introducción 

Este documento gremial, realizado por la Secretaría de Juventud de nuestra Delegación UPCN Desarrollo Social, en el marco de nuestro Día Internacional, tiene como objetivo visibilizar la situación de las juventudes trabajadoras en el Estado argentino, particularmente entre los años 2023 y 2025, en un contexto de ajuste estructural, despidos masivos y exclusión generacional. 

Partimos del análisis de datos oficiales, informes internacionales, documentos internos, estadísticas de elaboración propia y reflexiones del Papa Francisco, que nos permiten construir una mirada crítica y propositiva sobre el lugar de las y los jóvenes en el mundo del trabajo. 

En los últimos años, asistimos a una transformación del mercado laboral mundial, marcada por una precarización creciente de las condiciones laborales y un debilitamiento de los marcos normativos protectores; cambios significativos generados por la globalización, el avance de la tecnología y la evolución de las estructuras económicas.

Las juventudes se ven especialmente afectadas por esta reconfiguración, quedando muchas veces excluidas. Existe un marcado contraste entre el empleo soñado que las y los jóvenes deseamos y aquél que realmente podemos encontrar en el mercado de trabajo.

“Creemos que las juventudes no son meramente una categoría etaria. Nos sentimos portadores de responsabilidades y con el deber de participar, como nos lo pidió Francisco aquel 27 de julio de 2013: “No balconeen la vida. Métanse en ella”.”

La crisis laboral juvenil: Perspectiva Internacional 

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su Informe Técnico 2025 “Juventud en cambio: desafíos y oportunidades en el mercado laboral de América Latina y el Caribe”, de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe: 

? El 60% de los jóvenes en América Latina trabaja en la informalidad, siendo la característica predominante del empleo juvenil. 

? Tanto la sobre cualificación como la sobre educación se han convertido en un fenómeno común. Muchos jóvenes tienen títulos universitarios, pero acceden a trabajos de baja calificación o empleos por cuenta propia sin protección laboral ni de previsión social. 

? El trabajo en plataformas o las nuevas modalidades de trabajo prevalecen en los jóvenes y crece sin regulación ni derechos laborales, lo que consolida nuevas formas de precariedad. 

? Se observa un cambio en la valoración del trabajo, con un mayor énfasis en la búsqueda de un equilibrio entre la vida laboral y personal. 

? La percepción de los jóvenes sobre el funcionamiento del sistema laboral es crítica, generando desmotivación, frustración, desconfianza, desmovilización y alcanza hasta la depresión. 

Además, la crisis laboral juvenil no se manifiesta de manera homogénea: afecta con más fuerza a las mujeres jóvenes, a quienes viven en zonas rurales y a los sectores populares. Estas desigualdades reflejan un problema estructural más profundo: la ausencia de políticas concretas que garanticen el acceso equitativo a empleos de calidad y bajo el derecho protectorio del trabajo. A su vez existe una marcada desconfianza en las instituciones que brindan educación y formación para ingresar en el mercado laboral. 

En el presente de una economía global que prima la cultura del descarte, el escenario de las y los jóvenes presenta desafíos históricos, como la desocupación y el subempleo, pero también nuevos desafíos para el siglo XXI, como la automatización del trabajo y la inestabilidad laboral. 


Nuestro escenario: El ajuste sobre las y los jóvenes en el Ministerio de Desarrollo Social 

Desde que asumió la administración de la alianza Libertad Avanza – Pro, con la conducción presidencial de Javier Gerardo Milei, y ministerial tanto de Sandra Viviana Pettovello como de Federico Adolfo Sturzenegger, el gobierno nacional implementó una política de “reducción del gasto estatal”. Esto implica la realización de despidos masivos. A través de diferentes herramientas, pomposamente denominadas bajo consignas de: “Transformación del Estado”, “Desregulación”, “Desburocratización”, o como se titula la Ley N° 27742 “Ley de Bases y Puntos de partida para la libertad de los argentinos”, lo único que se efectiviza es ocultar la realidad, que es despedir personal de la Administración Pública Nacional, trabajadores/as con experiencia, vocación y conocimiento especializado. Llevando al máximo la falsa dicotomía de un Estado fuerte o un Estado débil, dejando a la población sin las políticas concretas que realizaban los agentes despedidos. 

En nuestra particularidad del entonces Ministerio de Desarrollo Social, hoy reducido a Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, el ataque fue planificado, decididamente brutal, porque somos el organismo de las políticas sociales, promotor de la justicia social, de abordaje territorial y con enfoque federal. Entre diciembre de 2023 y agosto de 2025: 

? 936 despidos de trabajadores/as de 35 años o menos. 

? En la actualidad los jóvenes representamos solamente el 17,8 % de la dotación total del personal. 

Éstos son los números que queremos visibilizar. Ésta es la situación que atravesamos las y los jóvenes del Ministerio de Desarrollo Social por decisión política de la gestión actual. 

El gobierno convirtió al Estado en un agente expulsor, en lugar de ser garantía de derechos. 

La discontinuidad de los vínculos laborales no sólo afectó las trayectorias individuales de los trabajadores, sino que también debilita la capacidad del Estado para generar políticas de calidad. 

El vaciamiento del Estado, de sus trabajadores y trabajadoras jóvenes no responde exclusivamente a necesidades presupuestarias. Es una elección política de largo alcance, que reconfigura la estructura de la Administración Pública, una decisión que erosiona la capacidad creativa e innovadora. 

La decisión de exclusión de las juventudes implica no sólo pérdida de empleo, sino de calidad institucional, porque las y los jóvenes garantizamos nuevas formas de pensar, de comunicar, de planificar, de realizar nuestras tareas con aptitud, idoneidad laboral y valores nacionales. 

Entre la dignidad negada y la urgencia de un nuevo pacto social 

Frente a esta crisis, no bastan las estadísticas ni las reformas superficiales. Hace falta una transformación profunda de las prioridades sociales, el compromiso de un nuevo pacto social que vuelva a poner en el centro la humanidad. 

En el contexto actual de desempleo, precariedad e incertidumbre estructural, las juventudes aparecen como uno de los sectores más golpeados por las transformaciones del mundo del trabajo. Esta exclusión no es neutra ni accidental, es el resultado de decisiones políticas, de modelos económicos que priorizan la rentabilidad financiera por sobre la dignidad humana y que reducen a generaciones enteras a la marginalidad estructural.

 “Una generación sin trabajo es una derrota para la humanidad” Francisco (julio de 014) 

La frase del Papa no es sólo una crítica, es una advertencia. Una humanidad que tolera que su juventud viva sin horizonte, sin propósito, sin posibilidad de construir su futuro, es una humanidad que renuncia a sí misma. Una sociedad que naturaliza la exclusión juvenil rompe su pacto social. El trabajo no es una mercancía, es un derecho y una obligación, un vínculo social, una forma de habitar el mundo con dignidad. 

Frente a esta realidad, la palabra del Papa Francisco cobra un valor profundo. Ha abordado de manera sistemática la problemática del trabajo y la exclusión juvenil, tanto en sus encíclicas como en sus intervenciones públicas ante dirigentes políticos, sindicales, empresariales y sociales. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, Francisco sostiene con claridad que el trabajo no es sólo un medio de subsistencia, sino una dimensión constitutiva de la esperanza y la dignidad humana, “La esperanza, de hecho, no es optimismo que depende de las circunstancias, sino confianza que se engendra a través de la construcción comprometida y participativa del bien común. 

El trabajo, por tanto, es el protagonista de la esperanza, es la forma de sentirse activos en el bien como servidores de la comunidad.” (Mensaje del Papa Francisco a los participantes en ‘LaborDì’, diciembre de 2023) El trabajo, entonces, dignifica no por su utilidad económica, sino porque permite al ser humano realizarse junto a otros. 

Esta afirmación resulta especialmente urgente en un momento en que los recortes y el desmantelamiento de políticas públicas no sólo no garantizan la inserción laboral de las juventudes, sino que la empuja aún más hacia los márgenes de la sociedad. En su mensaje resuena una interpelación ética y espiritual que desborda el plano económico, cuya denuncia a la “cultura del descarte” atraviesa las lógicas del capitalismo contemporáneo. 

Esta cultura convierte a las y los jóvenes en cuerpos prescindibles, en cifras estadísticas sin historia ni identidad, negándoles no sólo el trabajo, sino también el reconocimiento, el sentido y la posibilidad misma de proyectarse. Esta forma de exclusión priva a la comunidad de la vitalidad, la creatividad y la potencia transformadora de sus nuevas generaciones. Desde esa misma lógica, una juventud que no encuentra su lugar en el mundo del trabajo es una juventud a la que se le impide ejercer plenamente su humanidad. Negarle el acceso al trabajo digno es negarle la posibilidad de habitar el mundo con plenitud. Es quitarle no sólo el ingreso económico, sino el reconocimiento y la posibilidad de imaginar un futuro común. 


Perspectiva a futuro 

Francisco nos recuerda que ningún proyecto de país será viable si deja afuera a sus jóvenes, si los condena a la frustración, al desarraigo o al individualismo defensivo. Por eso, en este presente, el llamado de Francisco resuena con más urgencia, no hay humanidad posible sin una juventud con derechos. La salida, como él mismo señala, no vendrá de modelos que se reproducen a sí mismos a costa de los sectores más vulnerables. Vendrá de una alianza generacional, capaz de poner en el centro no el lucro, sino la vida, no el descarte, sino la inclusión, no la especulación, sino el trabajo digno y creador. 

Las juventudes no son un problema particular a gestionar, sino la respuesta que aún no hemos querido escuchar. Lejos de considerar a las juventudes como simples destinatarias de políticas asistenciales, las entendemos como protagonistas del nuevo contrato social, basado en la equidad, la participación activa y el cuidado integral del ambiente, de las personas y de nuestra Nación. 

Las juventudes, entonces, no son una categoría, son una energía colectiva que reclama sentido, justicia, lugar y palabra. Porque la necesidad de nuestra juventud es ser parte: del trabajo, de la vida y de la historia. Así está contemplado en el Informe señalado de la OIT, sólo una minoría de las estrategias de empleo juvenil se formulan con la participación plena de los jóvenes. Se destaca la necesidad de que las y los jóvenes participen en el diálogo social, ya que las políticas son más efectivas cuando se basan en el conocimiento y la experiencia de los actores sociales. 

Para una reconstrucción real del Estado nacional y de nuestra patria, es imprescindible reconocer el lugar de los jóvenes trabajadores como protagonistas de la historia. Es necesario reconstruir los sistemas económicos sobre la base de la justicia intergeneracional. 


Porque detrás de cada necesidad, hay un derecho. 

Nada sobre nosotros sin nosotros por todo esto, en este contexto donde la crueldad es llevada adelante por la autoridad máxima del estado, donde prima la mezquindad, la persecución, el hostigamiento a los trabajadores estatales y a sus juventudes, resulta imprescindible destacar la importancia de la existencia del movimiento obrero organizado y las organizaciones libres del pueblo en su conjunto, como únicos actores político-sociales y territoriales que le hacen frente al gobierno de Javier Milei, contraponiendo organización, discusión y síntesis en cada puesto de trabajo, en cada comedor barrial, en cada universidad, en cada sindicato. Las juventudes se organizan y alzan su voz, impulsando su propia agenda. 

Es así que para materializar un proyecto nacional que refleje las realidades y necesidades de las juventudes en todo el territorio argentino, el Estado debe recuperar su rol de promotor y convocar a la comunidad, a través de sus organizaciones libres, a pensar y participar en las soluciones que nuestro país necesita. 

Como trabajadores organizados, debemos ser garantes de repensar un Estado al servicio del pueblo, donde las soluciones surjan del diálogo entre la comunidad y sus trabajadores. Donde la síntesis de la discusión sea la base para construir un futuro mejor, y nadie que no comparta nuestras luchas y cicatrices pueda determinar el camino que debemos seguir. 


Conclusión 

Lo que está en juego no es solamente el empleo de un sector, sino el modelo de Estado y de Nación que se quiere construir. Excluir a las juventudes de la Administración Pública y del mundo del trabajo formal, implica condenar al fracaso a la Argentina. 

Apostar por las y los jóvenes no es un acto de caridad, es una decisión estratégica para la restauración nacional. Un pueblo que no cuida a sus jóvenes no tiene futuro, porque renuncia a sus raíces y a su promesa. Defender el lugar de las juventudes en el Estado es defender la dignidad del trabajo, el derecho al porvenir y la justicia social.




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