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La relevancia de los Organismos de Control, en este caso en el Transporte por Automotor (CNRT)

 01/12/2025   389
La relevancia de los Organismos de Control, en este caso en el Transporte por Automotor (CNRT)

Introducción 

El presente ensayo no tiene pretensiones académicas ni teóricas, más bien pretende mostrar una versión (seguramente sesgada) de mi vivencia personal, luego de haber trabajado por más de 25 años en la Comisión Nacional de Regulación de Transporte (en adelante CNRT) y describir cómo la irrupción del organismo modificó profundamente aspectos del transporte automotor, marcando las fortalezas de este proceso, como también debilidades y desafíos. Si bien la CNRT, tuvo facultades en el ámbito automotor y ferroviario, sólo me referiré al área automotor donde desarrollé mi actividad principal. 

La Comisión Nacional de Regulación del Transporte fue creada por el Decreto del Poder Ejecutivo Nacional N°660, del mes de junio de 1996. Su estructura y funciones se aprobaron por Decreto Nº1388 de noviembre de 1996 y está conformada por la fusión de la ex-Comisión Nacional de Transporte Automotor (CoNTA), la ex-Comisión Nacional de Transporte Ferroviario (CNTF) y la absorción de la Unidad de Coordinación del Programa de Reestructuración Ferroviaria (UCPF). Cabe consignar que la CoNTA inició su actividad en 1994. 

Conocer 

Más allá de las misiones y funciones formales que le son propias a cada organismo por imperio de los actos administrativos de su creación y reglamentación, me parece oportuno resaltar las funciones que considero fundamentales.



La primera es la de conocer en profundidad el segmento objeto de su control, en efecto para conocer un sistema complejo, como en este caso el transporte de pasajeros y cargas por automotor, es fundamental conocer a los operadores, su parque móvil, los pasajeros y cargas transportadas, contar con datos históricos, y todo un bagaje de información asociada que sólo es posible mediante la continuidad y el trabajo de funcionarios capacitados y honestos. 

Todo esto requiere años, ya que hay que desarrollar recursos humanos en muchas materias, contable, ingenieril, del derecho administrativo, de la medicina, de las ciencias sociales y la comunicación, de la fiscalización, por mencionar algunos, también es necesario desarrollar herramientas informáticas, ya que hay que contar con bases de datos robustas y software que permita cada día ejercer una fiscalización más eficiente donde la tecnología haga la diferencia. Lo expuesto resulta de perogrullo, ya que uno no se imagina a un médico debiendo diagnosticar a un enfermo y tratarlo exitosamente si no cuenta con los respectivos estudios médicos y la evolución de los parámetros en los últimos tiempos. 

Del mismo modo, tomar decisiones políticas en materia de transporte (sean éstas con una mirada de mayor o menor regulación) requiere mínimamente conocer el sistema y a posteriori, de la puesta en producción de una determinada norma efectuar el seguimiento de los indicadores que permitan señalar en forma temprana la efectividad del camino elegido y eventualmente su corrección. 

En este orden de ideas, la CoNTA y luego la CNRT han cumplido con esta misión. En efecto cada administración política se nutrió de la información del organismo, de sus sistemas bien desarrollados y del asesoramiento de sus técnicos. Seguramente el consejo sincero y desinteresado evitó en múltiples ocasiones, decisiones erróneas y con afectaciones graves para la operación del transporte automotor. 

Proteger 

El transporte por automotor cumple una función social al facilitar la movilidad, la conectividad y el acceso a oportunidades de la población, fundamentalmente en los denominados servicios públicos. Los entes de control deben garantizar los derechos de los ciudadanos en general y en particular de las personas con discapacidad, personas adultas mayores y otros grupos vulnerables de la sociedad. 

Claramente, el usuario individual tiene una capacidad muy limitada de ejercer sus derechos ante una empresa de transporte, esta afirmación no surge de alguna teoría del derecho, esto es lo que hemos visto a lo largo de los años los/as trabajadores/as de la CNRT, con cada ciudadano, con cada pasajero que era maltratado o ignorado por las empresas ante un reclamo. Seguramente con muchos errores, las distintas áreas han hecho arduos esfuerzos para garantizar estos derechos, desde la actuación institucional y jurídica hasta directamente el accionar personal y las intervenciones de buenos oficios. 

La crítica fácil podría señalar el descontento de algunos usuarios respecto a la CNRT para minimizar esta función, pero quizá sería interesante pensar cómo funcionaría el transporte si el organismo no hubiera realizado sus funciones, la forma más fácil de evidenciarlo es ver cómo operan las empresas que no están bajo el control de un organismo de fiscalización, como veremos más adelante en una serie de ejemplos que propongo. 

Hacer cumplir las reglas 

En el sistema de transporte automotor, como en cualquier otro hay reglas a cumplir y costos a internalizar, sea que el sistema se presente más o menos regulado, pensemos en las reglas laborales, las jornadas de trabajo, el cumplimiento impositivo, las reglas técnicas de seguridad, las condiciones de confort, la antigüedad del parque móvil, el cuidado del medio ambiente, las reglas vinculadas al servicio, por citar sólo algunas. 

El empresario que invierte en el sistema, si bien puede estar afectado puntualmente con este marco regulatorio y de control, son también las condiciones que lo protegen y aseguran su inversión, porque cualquier otra empresa que quiera competir deberá internalizar los mismos costos y obligaciones. 

Pensemos un sistema anárquico, donde la empresa que mantiene su personal en relación de dependencia y asegurando el cumplimiento riguroso de la jornada laboral, deba competir con un operador que tenga sus empleados en negro, por citar sólo un ejemplo. 

La experiencia en otros países donde el transporte se desarrolla sin un marco de regulación mínimo y de control, sea de hecho o de derecho, lo que observamos es una atomización y degradación del transporte, con un impacto negativo en la calidad del servicio, la seguridad, la exclusión de las personas con movilidad reducida, congestión, impacto ambiental e incluso el precio que debe pagar el pasajero. Es una guerra de todos, contra todos, donde se verifica sobre oferta, unidades vetustas y mal mantenidas e informalidad del sistema. 

Quizá un caso a recordar, fue el fenómeno de los remises en los 90, muchas personas que dejaron sus trabajos y fueron indemnizadas, compraron un automóvil y empezaron a trabajar con estos rodados, el impacto inicial fue positivo; los ciudadanos tenían un servicio de calidad y asequible para movilizarse y las personas que habían perdido sus trabajos en relación dependencia tenían una salida laboral razonable, claro el “razonable” era porque no se internalizaban los costos del servicio, muchos no ahorraban la cuota parte de la amortización del automóvil utilizado, o no efectuaban sus aportes previsionales, a la postre las unidades se hicieron obsoletas y el servicio tendió a la pauperización y el sistema previsional sufrió estos efectos negativos.

Concretamente 

Lo expuesto, ha sido genérico y puede resultar algo vacío de contenido, como funcionario de la institución desde sus orígenes, a continuación, presentaré datos objetivos que fueron lográndose con el accionar del organismo en el ámbito automotor; 

“El empresario que invierte en el sistema, si bien puede estar afectado puntualmente con este marco regulatorio y de control, son también las condiciones que lo protegen y aseguran su inversión, porque cualquier otra empresa que quiera competir deberá internalizar los mismos costos y obligaciones”

Resolución ST. Nº 417/92. 

En resumen, si bien a nivel mediático el accionar de la C.N.R.T. probablemente cuente con detractores, se considera que el sistema nacional presenta niveles de formalidad y de calidad de servicio muy superiores a la media que presentan en otras jurisdicciones. 

Desafíos y perspectivas futuras 

A pesar de su relevancia, los entes de control enfrentan desafíos importantes, entre ellos la corrupción, la politización, el crecimiento innecesario de la organización y la resistencia al cambio hacia esquemas más modernos. 

En efecto, un aspecto importante a señalar es la necesidad de entender que el organismo debe encontrar un equilibrio entre recursos aplicados al control y el cumplimiento del plexo legal de los operadores. Lo ideal sería un sistema donde los operadores cumplan el plexo legal con una fiscalización mínima, como en algunos países donde con sólo un cartel de “pare” se ordena el tránsito en una encrucijada, aquí hace falta un semáforo, un sistema de foto multas, para asegurar parcialmente un tránsito seguro. 

Pero es cierto que en general existe una tentación de aumentar los recursos aplicados al control hasta sus niveles de ineficiencia o despilfarro, veamos un gráfico para ejemplificar lo expuesto. su reducción, ya que los controles informáticos deberían aumentar su participación y lograr mayor eficiencia en los procesos de control. 

En general, tendemos a evaluar la fiscalización por el número de controles realizados sobre una determinada exigencia del Como se observa, es fundamental encontrar un “óptimo” en el uso de los recursos aplicados al control, ya que cada incremental requiere muchos recursos adicionales para una mejora marginal. 


Asimismo, dicho nivel de recursos debería mantenerse en el tiempo, o incluso tender a sistema, cuando en realidad deberíamos focalizarnos en el resultado, es decir, si la exigencia en cuestión presenta un nivel de cumplimiento elevado, el accionar del organismo es correcto. 

En lo personal entiendo que es posible lograr este objetivo, para lo cual es importante; • Contar con un plexo legal sintético, claro y con niveles de exigencia razonable para los operadores (en general se tiende a generar marcos normativos kafkianos, muy exigentes y de difícil control). 

“En general, tendemos a evaluar la fiscalización por el número de controles realizados sobre una determinada exigencia del sistema, cuando en realidad deberíamos focalizarnos en el resultado, es decir, si la exigencia en cuestión presenta un nivel de cumplimiento elevado, el accionar del organismo es correcto.” 

• Generar plantillas de personal altamente calificado. 

• Promover la carrera profesional, evitando la politización. 

• Fuerte desarrollo de software y fiscalización digital. 

Conclusión 

Como resumen de lo expuesto, puede expresarse que se considera fundamental la función de los organismos de control, muchos de ellos ya han transitado un largo camino de evolución y seguramente son una herramienta indispensable para garantizar la calidad del servicio, la defensa de los derechos de los usuarios y la aplicación de políticas públicas exitosas, estas consideraciones son de aplicación para cualquier gobierno, independientemente de su color político.


Roberto Domecq*
* Ingeniero mecánico. Especialista en transporte 
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