EDITORIAL
Compañeros y compañeras, vamos
concluyendo este 2025 y continuando nuestra costumbre de poner a su
consideración un nuevo número de
“Escenarios”, que llega a sus manos
siempre en las postrimerías del año y que
será motivo de charlas y debates como cada
uno de los ejemplares que, como resultado
de los encuentros y las diferentes opiniones,
sintetizan los temas que demandan nuestra
atención, expectativas y/o reflexiones, siempre en la vocación común por construir un
Estado al servicio de los intereses y necesidades de nuestro pueblo.
En este caso hemos tomado como
eje de la publicación el tema del transporte,
cuestión que nos ocupó muy especialmente
a lo largo de 2025, tanto así que le dedicamos una serie de programas en nuestro
streaming “¿Sirve el Estado?, difundimos
un excelente y detallado documento elaborado por nuestros compañeros/as de la
Delegación gremial, que los interesados
pueden encontrar en “elespacio.blog”, e invitamos a compañeros/as, profesionales en
la materia, a nuestro programa “Bar del Encuentro”, cuando comenzaron a circular los
comentarios acerca de presuntos recortes y
eliminación de diferentes áreas, vinculadas
con esta actividad.
Si bien este gobierno, desde sus
inicios, dejó muy claro que su proyecto
político-económico, requería la reducción
a su mínima expresión del aparato estatal, muy especialmente aquellos sectores
vinculados con las funciones de regulación
y contralor de los servicios públicos, sin
embargo en sus comienzos se ocupó en
la fusión de ministerios y organismos así
como a despedir a miles de trabajadores/
as simplemente en base a una justificación
de supuestos ahorros presupuestarios,
aunque ello significara destruir o reducir a
su mínima expresión áreas, cuyo cometido
era asistir a aquellos compatriotas que, por
alguna contingencia laboral, social o sanitaria, veían menoscabadas sus posibilidades
de desarrollo personal.
En este sentido, si la fusión de ministerios como Cultura, Trabajo y Desarrollo
Social, constituía un dislate, dado que
mezclaba políticas públicas, objetivos y
contenidos que no tenían ninguna vinculación entre sí, era una señal clara que el
ajuste prometido sobre “la casta” recaería
en realidad sobre los sectores más humildes y castigados de nuestra sociedad, los
que subsistían, apenas, a partir de un plan
social, los pacientes oncológicos y de otras
enfermedades, cuyo tratamiento depende
de medicamentos extremadamente onerosos, los jubilados y jubiladas, que después
de años de trabajo se encontraban con el
desasosiego de ingresos que los enviaban
a la pobreza y a no poder adquirir la medicación que necesitaban, las personas con
discapacidad, que apenas subsistían con
míseras pensiones y que necesitaban de
asistencia para rehabilitación o atención
personalizada.
Esa política era una verdadera novedad, en distintos momentos se planteó
la necesidad de reformas del Estado, algunas se llevaron a cabo, disminución de su tamaño o funciones, siempre fue, al menos
en las palabras, fundado en lograr la mayor
eficiencia en el manejo de los recursos o
eficacia en el éxito de sus políticas, jamás
como ahora se lo justificaba en la vocación
de destruir el Estado, en una suerte de anarquismo de nuevo cuño, basado en teorías de
economistas que hoy en día ni se estudian
ya en las grandes universidades del mundo
o jamás habían tenido aplicación concreta
en país alguno.
El propio presidente se ufanaba del
placer que sentía de ser “El topo metido en
el Estado para destruirlo”, no importaba dotar
de racionalidad o justificación a lo que se
hacía, se hacía para destruir simplemente.
Todo ello ocurría frente al silencio
de “La Casta Política” cuya destrucción se
había anunciado en la campaña electoral,
las mayorías en las cámaras de Diputados
y Senadores votaban todos sus proyectos,
incluso delegándole facultades extraordinarias, justificándose en que era necesario darle al gobierno “los instrumentos que necesita
para gobernar”, asimismo el poder judicial
faltaba, sin aviso, a su función de control de
legalidad y constitucionalidad de las normas
que se emitían ya sea a través de Decretos
de Necesidad y Urgencia (como el N°70/23)
o de leyes como la llamada comúnmente Ley
Bases, parafraseando la obra de Alberdi.
Así por acción de unos y omisión de
otros se puso en marcha un proceso de
traslación de ingresos brutal, de exclusión,
de aumento de la pobreza por caída del
poder adquisitivo de los salarios y de parálisis o supresión de la actividad estatal, de
disciplinamiento social ante el temor al despido o perder el plan y también de “batalla
cultural” agrediendo e insultando periodistas
y comunicadores, estigmatizando conceptos como la Justicia Social, los derechos
laborales, las diversidades de género, los
derechos de la mujer, la educación pública
y el derecho universal a la salud.
Ante esto
el movimiento obrero encuadrado en la CGT
fue la única fuerza que se alzó, en absoluta
soledad, y a través de paros, movilizaciones
y acciones legales, logró frenar, por ejemplo,
las reformas laborales y sindicales que se
intentó poner en marcha apenas asumido el
gobierno, a través del DNU ya mencionado.
Este año trajo una nueva etapa: el
ataque frontal a todo organismo de regulación y control de la actividad económica,
bajo el discurso decimonónico que la eliminación de toda injerencia del Estado iba a
permitir la libertad económica y a partir de
ella la iniciativa privada sería el motor del
despegue definitivo de la Argentina hacia
un destino que en principio era Alemania,
luego Irlanda o Singapur.
No satisfechos con ello se buscó
eliminar todos los organismos que llevaban
a cabo políticas de investigación científica
de apoyo a la actividad económica como el
Instituto Nacional de Tecnología Industrial
(INTI) o el de Tecnología Agropecuaria
(INTA), recortar funciones de organismos
de control alimentario o sanitario (Anmat),
volvieron a resurgir propuestas disparatadas como transferir establecimientos de
salud como el Hospital Laura Bonaparte o
el Garrahan a la Ciudad de Buenos Aires o
deshacerse de los centros de alta complejidad derivando su manejo y financiamiento
a las provincias.
Todo lo descripto no era más que una
política brutal de ajuste sobre los gastos con
el fin de alcanzar un equilibrio fiscal, que luego se demostró falso, que haría que llegaran
inversiones y con ello los “brotes verdes” de
la prosperidad prometida, lo real ha sido que
ese equilibrio no existe, que hay números
dibujados, como el crecimiento, ocultados,
como la deuda pública contraída que se incrementó en un 25%en apenas un año, o la
gigantesca emisión monetaria, equivalente
a cuatro veces la base monetaria, mientras
se afirmaba que no se emitía.
Como en otras oportunidades estos
ajustes repercuten en la recaudación fiscal,
con lo cual, al no alcanzar los recursos para
cumplir con las obligaciones, se abandonó
la obra pública, esto ocasionó la caída de la
actividad y por ende agravó la caída de los
ingresos, lo que se pretendió remediar con
más despidos y eliminación de políticas y
organismos del Estado, mientras se paralizaban obras de viviendas, mantenimiento
de rutas y caminos, lo que provocó una
crisis en las economías de las provincias,
aumentando su dependencia de los Aportes
del Tesoro Nacional (ATN) y por ende condicionando los votos de sus representantes
en el parlamento.
Pero, por si todo lo expuesto fuera
poco, se puso el foco en la eliminación
de organismos como Vialidad Nacional, la
Agencia Nacional de Seguridad Vial y la
Comisión Nacional del Tránsito y la Seguridad Vial, así como la reestructuración de la
Comisión Nacional de Regulación del Transporte, emitiendo para ello el Decreto 461/25.
Ante la parálisis de la obra pública la
tarea de Vialidad Nacional fue titánica para,
desfinanciada y sin que las provincias pudieran sostener el mantenimiento de las rutas,
sostener la transitabilidad de los 40.000 km.
de rutas nacionales, lo que se buscaba era
privatizar 9.000 km, considerados rentables
y por ende apetecibles para los privados
por el sistema de peajes y dejar el resto
abandonado.
Es tal la ceguera del gobierno
que empresas extranjeras que habían prometido inversiones, en minería, por ejemplo,
anunciaron el abandono de sus proyectos
dado que necesitaban que se asegurara el
adecuado mantenimiento de rutas y caminos
para que los costos de su logística fueran
sostenibles.
Esto se agravaba con la eliminación
de la Agencia Nacional de Seguridad Vial.
El organismo fue creado a raíz de un accidente sufrido por alumnos del colegio ECOS
en el año 2006 en la ruta 11, que ocasionó
12 muertes entre alumnos y docentes que
regresaban luego de una tarea solidaria
y su trabajo es precisamente asegurar la
seguridad en los caminos, con controles y
educación vial, asimismo el rol de la CNRT
era vital porque tenía que asegurar los
controles y regulaciones en el transporte
terrestre y ferroviario.
Rutas en buen estado al igual que las vías férreas y el debido
control y capacitación permanente de sus
usuarios son vitales para sostener una logística adecuada en todo país, pero mucho
más en uno con el tamaño, la importancia
de la actividad agropecuaria y el proyecto
de incremento de la minería de la Argentina,
buscar desesperadamente inversiones en
actividades primarias y descuidar la red vial
o ferroviaria es un contrasentido y no puede
terminar bien.
Fue en ese momento que nos lanzamos a utilizar todas las herramientas
disponibles para esclarecer a la comunidad
la gravedad de estas iniciativas y produjimos
los programas y acciones que mencionamos
al comienzo para defender el rol de estos organismos. Felizmente el Congreso rechazó
los DNU y obligó al gobierno a derogar todas
las medidas e iniciativas.
Sin embargo no debemos confiarnos,
mantenernos alertas, atentos y sostener las
acciones de información y divulgación es
clave para, en principio, detener esta política
de destrucción irracional y antinacional, es
imprescindible y estratégico, cualquier modelo de país que pensemos, más o menos
liberal o más o menos intervencionista en lo
económico, pero que lo piense con trabajo,
producción y crecimiento, con oportunidades
para todos, industrial y con justicia social
requiere indispensablemente mantener,
mejorar y modernizar sus infraestructura
terrestre, aérea y marítima, regular el tránsito y controlarlo para hacerlo más seguro,
educación vial y en todo esto, no hay ningún
país del mundo que no tenga en el Estado un rol activo y promotor, fuerte y eficaz, serio
y profesional.
Es desde ese objetivo que, en este
número de Escenarios, son los/as trabajadores/as del área de transporte los que dispongan de la sección “Debates” para seguir
difundiendo la importancia de su trabajo, el
compromiso que ponen en cada acción, la
capacidad y profesionalidad de su labor.
Volvemos a nuestro objetivo de siempre,
de poner en valor las políticas públicas,
defenderlas a partir de nuestra decisión de
mejorar permanentemente y satisfacer una
necesidad vital de nuestro pueblo.
Dejemos en claro que nuestra acción
no se limita a un rol defensivo, conservador
de un status quo o de intereses corporativos,
como lo hemos dicho pública y sostenidamente, los/as trabajadores/as públicos
organizados somos abanderados de un objetivo, queremos reconstruir un Estado que
no subrogue la actividad privada ni mucho
menos, pero que sea el adalid de los intereses y necesidades del pueblo argentino, para
ello debe profesionalizarse, especialmente
en sus cargos de dirección, la tan mentada
“alta dirigencia pública”, abandonando el
clientelismo y la cooptación por grupos o
sectores de los partidos gobernantes.
Asimismo debe profundizar los modelos de carrera laboral, capacitación permanente y movilidad sectorial, simplificar sus
estructuras, hacerlas más horizontales y
agilizar la interacción y circulación de las informaciones entre organismos, nadie puede
negar que la Unión del Personal Civil de la
Nación ha asumido un compromiso estratégico con estos temas, convencidos de que
el diálogo social expresado en la negociación colectiva era el instrumento necesario
para democratizar las relaciones laborales,
asegurar los derechos al desarrollo y carrera
laboral y el salario que sea la expresión y
reconocimiento de la calidad laboral de los/
as trabajadores/as.
En lo que va de este siglo hemos sufrido las contingencias de la improvisación,
escaso compromiso, cuando no elusión
de las responsabilidades que le caben a
la conducción política del Estado en estas
materias, lo hemos expresado, incluso en
los editoriales y artículos de esta revista, lo
que nos exime de insistir en la descripción
de tales actitudes.
En el mismo sentido cuestionamos
consignas como “Estado presente”, cuando
sabíamos que ello no era real y que vastos
sectores de nuestro pueblo no tenían asegurada la seguridad en sus domicilios y calles,
la educación pública de calidad, el empleo
registrado y con derechos, o la salud para
todos.
Tampoco creemos que el Estado
debe ser el gendarme de la actividad de los
ciudadanos sino el facilitador, el acompañante de la actividad de sus emprendedores
y empresarios nacionales y el que abra las
puertas del mundo a nuestros productores.
No somos ingenuos, no creemos en
teorías de “derrame” ni de una supuesta
“libertad económica” que sea la libertad de
explotar y de saquear, por eso sostenemos
que debe existir una amplia aplicación
del tripartismo y el diálogo constructor de
consensos, allí los empresarios y los trabajadores debaten no sólo la distribución del
producto de la actividad económica sino
la misma organización de la producción y
el modelo productivo, el Estado convoca,
conduce y allana la resolución de conflictos.
Es rol del Estado además establecer las
reglas del juego y asegurar las condiciones
de infraestructura para potenciar ese modelo
de comunidad.
Siempre rechazamos el liberalismo
que impone una ley de la selva y el estatismo
que ahoga la iniciativa de los/as argentinos/
as, por eso somos peronistas, disponemos
de un modelo civilizatorio que nace de
nuestra doctrina.
Ya hemos dicho que este desorden y
desgobierno, sólo busca destruir la comunidad nacional y reinstalar el modelo colonial
de factoría que condena a la exclusión de
las grandes mayorías del pueblo argentino
e inclusive a la balcanización de la nación.
Por eso no alcanza con la queja, la
protesta o la mera defensa de derechos, es
necesario reconstruir también el movimiento
nacional, que, como en 1945 y 1973, convoque a todos los sectores nacionales para
construir la unidad nacional, un modelo
argentino y un proyecto nacional, tenemos
los antecedentes y la doctrina, la memoria
y la experiencia, sólo hace falta que nos
pongamos, ya mismo a trabajar, no hace
falta esperar líderes iluminados, no los hay,
irán surgiendo en el camino.
Como trabajadores/as del Estado
nuestra responsabilidad es fundamental, somos los artífices y ejecutores de las políticas
públicas, hasta ahora planteamos la discusión acerca de las condiciones de empleo en
que lo hicimos, es tiempo de reclamar nuestra participación en la definición y ejecución
de esas políticas, al fin de cuentas somos
los que sufrimos las consecuencias de los
errores y equivocaciones de la dirigencia política, aquilatamos el conocimiento empírico
de todo ello y disponemos también del saber
y formación profesional necesarios, es hora
que se los ponga en valor.
También es hora que el movimiento
obrero disponga los espacios, que se ha
ganado con creces, en los cargos políticos
de representación, una “clase política” que
ha perdido sus vínculos con las demandas
y necesidades populares debe dar paso a
una representación que esté anclada en la
auténtica raíz de los distintos sectores de
nuestra comunidad.
Hay mucha tela para cortar, mucha
decepción que remontar, pero es necesario
el debate amplio, sin anteojeras ni prejuicios,
deponer algunas pretensiones cediendo a la
voluntad del conjunto y al auxilio de todos
los que han sido excluidos en estos años
de democracia.
Hay que poner manos a la
obra ahora, sin demoras, los peligros que
acechan a nuestro nihilismo o cobardía son
inmensos y autoexcluirnos de la participación nos va a dejar sin consuelo cuando
padezcamos las consecuencias.
Escribimos esto cuando aún subsisten los análisis y esperanzas nacidos de las
elecciones del 7 de setiembre en la Pcia. de
Buenos Aires y aún no se han producido las
elecciones nacionales de octubre, pero los
conceptos y propuesta aquí volcados no
dependen de esos resultados, los mismos
solamente harán más necesario no perder
tiempo y arremangarse para el trabajo que
la hora impone.
Compañeros y compañeras, vivimos
tiempos muy difíciles, angustiosos, desesperanzadores, pero de todo laberinto
se sale por arriba, nuestras familias, la
amistad, el compañerismo, la solidaridad,
son las fuentes del amor que debe conducir
nuestros pasos, la fe en Dios, cualquiera
que fuere el que reverenciemos, el sentido
de trascendencia que nos enseña a superar
las coyunturas y la banalidad y todo ello
conforma nuestra identidad como pueblo,
recordémoslo cuando nos reunamos para
vivir la Navidad y recibir un nuevo año.
Muy Felices Fiestas para ustedes y
sus seres queridos.
La Dirección