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EDITORIAL

 01/12/2025   816
EDITORIAL 

Compañeros y compañeras, vamos concluyendo este 2025 y continuando nuestra costumbre de poner a su consideración un nuevo número de “Escenarios”, que llega a sus manos siempre en las postrimerías del año y que será motivo de charlas y debates como cada uno de los ejemplares que, como resultado de los encuentros y las diferentes opiniones, sintetizan los temas que demandan nuestra atención, expectativas y/o reflexiones, siempre en la vocación común por construir un Estado al servicio de los intereses y necesidades de nuestro pueblo. 

En este caso hemos tomado como eje de la publicación el tema del transporte, cuestión que nos ocupó muy especialmente a lo largo de 2025, tanto así que le dedicamos una serie de programas en nuestro streaming “¿Sirve el Estado?, difundimos un excelente y detallado documento elaborado por nuestros compañeros/as de la Delegación gremial, que los interesados pueden encontrar en “elespacio.blog”, e invitamos a compañeros/as, profesionales en la materia, a nuestro programa “Bar del Encuentro”, cuando comenzaron a circular los comentarios acerca de presuntos recortes y eliminación de diferentes áreas, vinculadas con esta actividad. 

Si bien este gobierno, desde sus inicios, dejó muy claro que su proyecto político-económico, requería la reducción a su mínima expresión del aparato estatal, muy especialmente aquellos sectores vinculados con las funciones de regulación y contralor de los servicios públicos, sin embargo en sus comienzos se ocupó en la fusión de ministerios y organismos así como a despedir a miles de trabajadores/ as simplemente en base a una justificación de supuestos ahorros presupuestarios, aunque ello significara destruir o reducir a su mínima expresión áreas, cuyo cometido era asistir a aquellos compatriotas que, por alguna contingencia laboral, social o sanitaria, veían menoscabadas sus posibilidades de desarrollo personal. 

En este sentido, si la fusión de ministerios como Cultura, Trabajo y Desarrollo Social, constituía un dislate, dado que mezclaba políticas públicas, objetivos y contenidos que no tenían ninguna vinculación entre sí, era una señal clara que el ajuste prometido sobre “la casta” recaería en realidad sobre los sectores más humildes y castigados de nuestra sociedad, los que subsistían, apenas, a partir de un plan social, los pacientes oncológicos y de otras enfermedades, cuyo tratamiento depende de medicamentos extremadamente onerosos, los jubilados y jubiladas, que después de años de trabajo se encontraban con el desasosiego de ingresos que los enviaban a la pobreza y a no poder adquirir la medicación que necesitaban, las personas con discapacidad, que apenas subsistían con míseras pensiones y que necesitaban de asistencia para rehabilitación o atención personalizada. 

Esa política era una verdadera novedad, en distintos momentos se planteó la necesidad de reformas del Estado, algunas se llevaron a cabo, disminución de su tamaño o funciones, siempre fue, al menos en las palabras, fundado en lograr la mayor eficiencia en el manejo de los recursos o eficacia en el éxito de sus políticas, jamás como ahora se lo justificaba en la vocación de destruir el Estado, en una suerte de anarquismo de nuevo cuño, basado en teorías de economistas que hoy en día ni se estudian ya en las grandes universidades del mundo o jamás habían tenido aplicación concreta en país alguno. 

El propio presidente se ufanaba del placer que sentía de ser “El topo metido en el Estado para destruirlo”, no importaba dotar de racionalidad o justificación a lo que se hacía, se hacía para destruir simplemente. Todo ello ocurría frente al silencio de “La Casta Política” cuya destrucción se había anunciado en la campaña electoral, las mayorías en las cámaras de Diputados y Senadores votaban todos sus proyectos, incluso delegándole facultades extraordinarias, justificándose en que era necesario darle al gobierno “los instrumentos que necesita para gobernar”, asimismo el poder judicial faltaba, sin aviso, a su función de control de legalidad y constitucionalidad de las normas que se emitían ya sea a través de Decretos de Necesidad y Urgencia (como el N°70/23) o de leyes como la llamada comúnmente Ley Bases, parafraseando la obra de Alberdi. 

Así por acción de unos y omisión de otros se puso en marcha un proceso de traslación de ingresos brutal, de exclusión, de aumento de la pobreza por caída del poder adquisitivo de los salarios y de parálisis o supresión de la actividad estatal, de disciplinamiento social ante el temor al despido o perder el plan y también de “batalla cultural” agrediendo e insultando periodistas y comunicadores, estigmatizando conceptos como la Justicia Social, los derechos laborales, las diversidades de género, los derechos de la mujer, la educación pública y el derecho universal a la salud. 

Ante esto el movimiento obrero encuadrado en la CGT fue la única fuerza que se alzó, en absoluta soledad, y a través de paros, movilizaciones y acciones legales, logró frenar, por ejemplo, las reformas laborales y sindicales que se intentó poner en marcha apenas asumido el gobierno, a través del DNU ya mencionado. Este año trajo una nueva etapa: el ataque frontal a todo organismo de regulación y control de la actividad económica, bajo el discurso decimonónico que la eliminación de toda injerencia del Estado iba a permitir la libertad económica y a partir de ella la iniciativa privada sería el motor del despegue definitivo de la Argentina hacia un destino que en principio era Alemania, luego Irlanda o Singapur. 

No satisfechos con ello se buscó eliminar todos los organismos que llevaban a cabo políticas de investigación científica de apoyo a la actividad económica como el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) o el de Tecnología Agropecuaria (INTA), recortar funciones de organismos de control alimentario o sanitario (Anmat), volvieron a resurgir propuestas disparatadas como transferir establecimientos de salud como el Hospital Laura Bonaparte o el Garrahan a la Ciudad de Buenos Aires o deshacerse de los centros de alta complejidad derivando su manejo y financiamiento a las provincias. 

Todo lo descripto no era más que una política brutal de ajuste sobre los gastos con el fin de alcanzar un equilibrio fiscal, que luego se demostró falso, que haría que llegaran inversiones y con ello los “brotes verdes” de la prosperidad prometida, lo real ha sido que ese equilibrio no existe, que hay números dibujados, como el crecimiento, ocultados, como la deuda pública contraída que se incrementó en un 25%en apenas un año, o la gigantesca emisión monetaria, equivalente a cuatro veces la base monetaria, mientras se afirmaba que no se emitía. 

Como en otras oportunidades estos ajustes repercuten en la recaudación fiscal, con lo cual, al no alcanzar los recursos para cumplir con las obligaciones, se abandonó la obra pública, esto ocasionó la caída de la actividad y por ende agravó la caída de los ingresos, lo que se pretendió remediar con más despidos y eliminación de políticas y organismos del Estado, mientras se paralizaban obras de viviendas, mantenimiento de rutas y caminos, lo que provocó una crisis en las economías de las provincias, aumentando su dependencia de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y por ende condicionando los votos de sus representantes en el parlamento. Pero, por si todo lo expuesto fuera poco, se puso el foco en la eliminación de organismos como Vialidad Nacional, la Agencia Nacional de Seguridad Vial y la Comisión Nacional del Tránsito y la Seguridad Vial, así como la reestructuración de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, emitiendo para ello el Decreto 461/25. 

Ante la parálisis de la obra pública la tarea de Vialidad Nacional fue titánica para, desfinanciada y sin que las provincias pudieran sostener el mantenimiento de las rutas, sostener la transitabilidad de los 40.000 km. de rutas nacionales, lo que se buscaba era privatizar 9.000 km, considerados rentables y por ende apetecibles para los privados por el sistema de peajes y dejar el resto abandonado. 

Es tal la ceguera del gobierno que empresas extranjeras que habían prometido inversiones, en minería, por ejemplo, anunciaron el abandono de sus proyectos dado que necesitaban que se asegurara el adecuado mantenimiento de rutas y caminos para que los costos de su logística fueran sostenibles. 

Esto se agravaba con la eliminación de la Agencia Nacional de Seguridad Vial. El organismo fue creado a raíz de un accidente sufrido por alumnos del colegio ECOS en el año 2006 en la ruta 11, que ocasionó 12 muertes entre alumnos y docentes que regresaban luego de una tarea solidaria y su trabajo es precisamente asegurar la seguridad en los caminos, con controles y educación vial, asimismo el rol de la CNRT era vital porque tenía que asegurar los controles y regulaciones en el transporte terrestre y ferroviario. 

Rutas en buen estado al igual que las vías férreas y el debido control y capacitación permanente de sus usuarios son vitales para sostener una logística adecuada en todo país, pero mucho más en uno con el tamaño, la importancia de la actividad agropecuaria y el proyecto de incremento de la minería de la Argentina, buscar desesperadamente inversiones en actividades primarias y descuidar la red vial o ferroviaria es un contrasentido y no puede terminar bien. 

Fue en ese momento que nos lanzamos a utilizar todas las herramientas disponibles para esclarecer a la comunidad la gravedad de estas iniciativas y produjimos los programas y acciones que mencionamos al comienzo para defender el rol de estos organismos. Felizmente el Congreso rechazó los DNU y obligó al gobierno a derogar todas las medidas e iniciativas. 

Sin embargo no debemos confiarnos, mantenernos alertas, atentos y sostener las acciones de información y divulgación es clave para, en principio, detener esta política de destrucción irracional y antinacional, es imprescindible y estratégico, cualquier modelo de país que pensemos, más o menos liberal o más o menos intervencionista en lo económico, pero que lo piense con trabajo, producción y crecimiento, con oportunidades para todos, industrial y con justicia social requiere indispensablemente mantener, mejorar y modernizar sus infraestructura terrestre, aérea y marítima, regular el tránsito y controlarlo para hacerlo más seguro, educación vial y en todo esto, no hay ningún país del mundo que no tenga en el Estado un rol activo y promotor, fuerte y eficaz, serio y profesional. 

Es desde ese objetivo que, en este número de Escenarios, son los/as trabajadores/as del área de transporte los que dispongan de la sección “Debates” para seguir difundiendo la importancia de su trabajo, el compromiso que ponen en cada acción, la capacidad y profesionalidad de su labor. 

Volvemos a nuestro objetivo de siempre, de poner en valor las políticas públicas, defenderlas a partir de nuestra decisión de mejorar permanentemente y satisfacer una necesidad vital de nuestro pueblo. 

Dejemos en claro que nuestra acción no se limita a un rol defensivo, conservador de un status quo o de intereses corporativos, como lo hemos dicho pública y sostenidamente, los/as trabajadores/as públicos organizados somos abanderados de un objetivo, queremos reconstruir un Estado que no subrogue la actividad privada ni mucho menos, pero que sea el adalid de los intereses y necesidades del pueblo argentino, para ello debe profesionalizarse, especialmente en sus cargos de dirección, la tan mentada “alta dirigencia pública”, abandonando el clientelismo y la cooptación por grupos o sectores de los partidos gobernantes. 

Asimismo debe profundizar los modelos de carrera laboral, capacitación permanente y movilidad sectorial, simplificar sus estructuras, hacerlas más horizontales y agilizar la interacción y circulación de las informaciones entre organismos, nadie puede negar que la Unión del Personal Civil de la Nación ha asumido un compromiso estratégico con estos temas, convencidos de que el diálogo social expresado en la negociación colectiva era el instrumento necesario para democratizar las relaciones laborales, asegurar los derechos al desarrollo y carrera laboral y el salario que sea la expresión y reconocimiento de la calidad laboral de los/ as trabajadores/as. 

En lo que va de este siglo hemos sufrido las contingencias de la improvisación, escaso compromiso, cuando no elusión de las responsabilidades que le caben a la conducción política del Estado en estas materias, lo hemos expresado, incluso en los editoriales y artículos de esta revista, lo que nos exime de insistir en la descripción de tales actitudes. 

En el mismo sentido cuestionamos consignas como “Estado presente”, cuando sabíamos que ello no era real y que vastos sectores de nuestro pueblo no tenían asegurada la seguridad en sus domicilios y calles, la educación pública de calidad, el empleo registrado y con derechos, o la salud para todos. 

Tampoco creemos que el Estado debe ser el gendarme de la actividad de los ciudadanos sino el facilitador, el acompañante de la actividad de sus emprendedores y empresarios nacionales y el que abra las puertas del mundo a nuestros productores. No somos ingenuos, no creemos en teorías de “derrame” ni de una supuesta “libertad económica” que sea la libertad de explotar y de saquear, por eso sostenemos que debe existir una amplia aplicación del tripartismo y el diálogo constructor de consensos, allí los empresarios y los trabajadores debaten no sólo la distribución del producto de la actividad económica sino la misma organización de la producción y el modelo productivo, el Estado convoca, conduce y allana la resolución de conflictos. 

Es rol del Estado además establecer las reglas del juego y asegurar las condiciones de infraestructura para potenciar ese modelo de comunidad. Siempre rechazamos el liberalismo que impone una ley de la selva y el estatismo que ahoga la iniciativa de los/as argentinos/ as, por eso somos peronistas, disponemos de un modelo civilizatorio que nace de nuestra doctrina. 

Ya hemos dicho que este desorden y desgobierno, sólo busca destruir la comunidad nacional y reinstalar el modelo colonial de factoría que condena a la exclusión de las grandes mayorías del pueblo argentino e inclusive a la balcanización de la nación. Por eso no alcanza con la queja, la protesta o la mera defensa de derechos, es necesario reconstruir también el movimiento nacional, que, como en 1945 y 1973, convoque a todos los sectores nacionales para construir la unidad nacional, un modelo argentino y un proyecto nacional, tenemos los antecedentes y la doctrina, la memoria y la experiencia, sólo hace falta que nos pongamos, ya mismo a trabajar, no hace falta esperar líderes iluminados, no los hay, irán surgiendo en el camino. 

Como trabajadores/as del Estado nuestra responsabilidad es fundamental, somos los artífices y ejecutores de las políticas públicas, hasta ahora planteamos la discusión acerca de las condiciones de empleo en que lo hicimos, es tiempo de reclamar nuestra participación en la definición y ejecución de esas políticas, al fin de cuentas somos los que sufrimos las consecuencias de los errores y equivocaciones de la dirigencia política, aquilatamos el conocimiento empírico de todo ello y disponemos también del saber y formación profesional necesarios, es hora que se los ponga en valor. 

También es hora que el movimiento obrero disponga los espacios, que se ha ganado con creces, en los cargos políticos de representación, una “clase política” que ha perdido sus vínculos con las demandas y necesidades populares debe dar paso a una representación que esté anclada en la auténtica raíz de los distintos sectores de nuestra comunidad. 

Hay mucha tela para cortar, mucha decepción que remontar, pero es necesario el debate amplio, sin anteojeras ni prejuicios, deponer algunas pretensiones cediendo a la voluntad del conjunto y al auxilio de todos los que han sido excluidos en estos años de democracia. 

Hay que poner manos a la obra ahora, sin demoras, los peligros que acechan a nuestro nihilismo o cobardía son inmensos y autoexcluirnos de la participación nos va a dejar sin consuelo cuando padezcamos las consecuencias. 

Escribimos esto cuando aún subsisten los análisis y esperanzas nacidos de las elecciones del 7 de setiembre en la Pcia. de Buenos Aires y aún no se han producido las elecciones nacionales de octubre, pero los conceptos y propuesta aquí volcados no dependen de esos resultados, los mismos solamente harán más necesario no perder tiempo y arremangarse para el trabajo que la hora impone. 

Compañeros y compañeras, vivimos tiempos muy difíciles, angustiosos, desesperanzadores, pero de todo laberinto se sale por arriba, nuestras familias, la amistad, el compañerismo, la solidaridad, son las fuentes del amor que debe conducir nuestros pasos, la fe en Dios, cualquiera que fuere el que reverenciemos, el sentido de trascendencia que nos enseña a superar las coyunturas y la banalidad y todo ello conforma nuestra identidad como pueblo, recordémoslo cuando nos reunamos para vivir la Navidad y recibir un nuevo año. 

Muy Felices Fiestas para ustedes y sus seres queridos. 

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