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El 17 de Octubre como culminación. El sindicalismo argentino como condición para la existencia del peronismo

 26/09/2025   640
El 17 de Octubre como culminación. El sindicalismo argentino como condición para la existencia del peronismo.
Josefina Dopico*

Introducción

Al cumplirse 80 años de aquel enorme acontecimiento que fue el 17 de octubre de 1945, el peronismo sigue recibiendo embates y cuestionamientos no sólo de los enemigos de siempre, sino de quienes se dicen propios.

No se trata ya de destruir al peronismo físicamente encarcelando y matando peronistas como en otras épocas, cosa que se demostró imposible, sino atacándolo en su raíz misma, esa que le permite siempre resurgir y que es su doctrina, profundamente arraigada en el pueblo argentino. Desde la vuelta de la democracia en 1983 esta es la estrategia contra el peronismo, una que a estas alturas debemos aprender a identificar y contrarrestar.

Suele ser la actualización doctrinaria el arma utilizada por quienes se dicen propios para vaciar de sentido al peronismo, desnaturalizarlo y dejarlo convertido en un participante más del juego demoliberal. La que debiera ser una adaptación a los tiempos que permitiese al movimiento transitar los vaivenes temporales sin perder su esencia, es ahora la excusa esgrimida por quienes intentan convencernos de que un cambio de circunstancia histórica es excusa para desnaturalizar al peronismo.



Un antecedente del vaciamiento de sentido: El fin del mundo bipolar y la renuncia a la tercera posición.

Podemos recordar cómo, en la década de 1990, con la excusa de la actualización doctrinaria se abandonó uno de los pilares de la doctrina peronista: La tercera posición. Ésta ubicaba a nuestro país a saludable distancia de las dos potencias que en ese momento se dividieron el mundo, EEUU y la Unión Soviética. Pero no solo desde el punto de vista geopolítico insertando a nuestro país de manera independiente en la política internacional, sino también doctrinario, con un concepto de justicia en función de lo social armonizando la libertad y los derechos individuales con la solidaridad en comunidad.

Al caer la Unión Soviética, y quedar Estados Unidos como única potencia mundial indiscutida, el poder económico y sus agentes locales nos convencieron de que el fin del mundo bipolar convertía a la tercera posición el resabio de una circunstancia histórica ahora inexistente. Pero este pilar de la doctrina no existía para salvar una circunstancia. Sino para protegernos del imperialismo, tanto ideológico como material que ambas potencias ejercían y que EEUU no dejó de ejercer al desaparecer su rival.

El abandono de la tercera posición implicó el abandono de las tres banderas del peronismo: Una patria económicamente independiente, políticamente soberana y socialmente justa, imposibilitando su realización. La destrucción del sistema ferroviario nacional, el abandono del plan nuclear (uno de los mejores del mundo) y la privatización a precio irrisorio de las empresas del estado fueron solo algunas de las consecuencias finales de esa supuesta actualización doctrinaria.

Después de la crisis de 2001 ya nadie consideró acertado el accionar político de aquella década y sin embargo, hoy nos enfrentamos a un embate similar, aunque mucho más peligroso. El abandono de la tercera posición por parte de la clase política es reversible, aunque sus consecuencias tarden años en enmendarse. Nos encontramos frente a un nuevo intento de supuesta actualización, mucho más pernicioso que el que se dio en los ’90, pues implica abandonar algo que no es una estrategia o un posicionamiento, sino una condición para la existencia del peronismo, me refiero al movimiento obrero organizado, su columna vertebral.

Otra vez algunos iluminados, convencidos (o no) de un cambio de circunstancia histórica, buscan vaciarnos de sentido y de representación. El problema radica en que de lo que ahora quiere prescindirse es de uno de los principales elementos que posibilitó la existencia de nuestro movimiento: Los sindicatos. No hay más que remontarnos al origen del 17 de octubre, e incluso antes, a los orígenes de la acción política de Perón para entender que sin sindicatos no hay peronismo.

Suele considerarse al 17 de octubre como la fecha nacimiento del movimiento, sin embargo, sería más acertado entenderlo como la maduración de corrientes preexistentes, de ideas y praxis tanto políticas como sociales sin los cuales ese momento no podía ocurrir. Llevaron a ese día décadas de organización y lucha de los trabajadores argentinos. Perón no fue un demiurgo, trabajo sobre las sólidas bases que le brindo el pueblo argentino y su doctrina se acopló al sentir de este para darle la mayor posibilidad de realización y dignidad. El 17 de octubre es entonces una cristalización y la culminación de un largo recorrido que para los sindicatos fue de décadas si bien el encuentro de estos con Perón comenzó con la revolución del 43, que puso fin a la llamada década infame.

El 4 de junio del 43, un levantamiento militar derrocó al gobierno de Ramon Castillo, fruto del fraude que caracterizó a la época que terminaba. El G.O.U, un grupo de militares nacionalistas que intentaba mantener la neutralidad de la Argentina en la guerra mundial tomó el poder. Entre ellos se encontraba el coronel Juan Domingo Perón, quien si bien no tenia en principio ningún cargo fungía de Secretario privado de Farrell, en aquel tiempo Ministro de Guerra del nuevo gobierno de facto. Fue luego de recibir a los representantes de los sindicatos para iniciar.

Otra vez algunos iluminados, convencidos (o no) de un cambio de circunstancia histórica, buscan vaciarnos de sentido y de representación. El problema radica en que de lo que ahora quiere prescindirse es de uno de los principales elementos que posibilitó la existencia de nuestro movimiento: Los sindicatos los contactos entre el movimiento obrero y el gobierno que quedó a cargo del Departamento Nacional del Trabajo. Este fue su primer cargo político, recién más tarde sería también Ministro de Guerra y Vicepresidente. Es aquí donde comienza la colaboración entre Perón y los gremios que es el núcleo que da origen a nuestro movimiento.

Este ya vetusto organismo al que ningún otro miembro del levantamiento del 43 dio importancia, fue la principal herramienta de Perón para iniciar una revolución que superaría con creces cualquier expectativa de sus compañeros de armas. Llevaba ya 36 años de existencia y aunque de naturaleza meramente técnica e imposibilitado para realizar ningún cambio significativo en pos de los trabajadores, había sido testigo y parte de las luchas de estos desde principios del siglo XX.
El Departamento Nacional del Trabajo y el movimiento obrero organizado.

Hacia fines del siglo XIX, las élites económicas locales veían a la actividad sindical y sus luchas como un resultado de la infiltración ideológica socialista y anarquista, ideologías llegadas con los inmigrantes sin otra meta que sembrar el caos en la sociedad. No fue sino después de la huelga general de 1902, iniciada por los estibadores del puerto de Rosario, que se comenzó a ver “la cuestión obrera” con cierta seriedad, como una problemática que necesitaba ser tratada con algo más que una violenta intervención policial.

El 14 de marzo de 1907, el presidente Figueroa Alcorta creó por decreto el Departamento Nacional del Trabajo, dependiente del Ministerio del Interior, con la finalidad de “recoger, coordinar y publicar todos los datos relativos al trabajo de la república, especialmente en lo que concierne a las relaciones del trabajo y del capital y a las reformas legislativas y administrativas capaces de mejorar la situación material, social, intelectual y moral de los trabajadores”. Era un organismo técnico. Y pudo comenzar a funcionar recién en 1912 al ratificarse su carta orgánica.

Estaba dividido en tres áreas principales: Legislación, Estadística e Inspección y Vigilancia. Esta última, estaba encargada de inspeccionar los locales donde se ejerciera alguna industria o comercio, pudiendo labrar multas si no se les permitía el paso a sus inspectores o si encontraban faltas en el cumplimiento de la legislación. Estas multas serían aplicadas por el DNT apelando a la Justicia Ordinaria. Es decir que, aunque se labraran, no tenían carácter vinculante. Lo mismo sucedía con su intervención en los conflictos que estallaban entre obreros y patrones. Si bien comenzó a darse a instancias de los funcionarios del organismo, la participación de obreros y patrones en la mediación del departamento era voluntaria, al igual que la aceptación de las decisiones que alcanzara su arbitraje. Sumado a esto, su ámbito de actuación, en numerosas oportunidades, entraba en conflicto con otras oficinas del Estado, creando tensiones en las negociaciones, siempre que este intentara ir más allá de su función principal que era la de generar estadísticas y sugerir legislación. (Martínez Tami, bollo, pag.2-3)

Las represiones de cualquier forma de protesta, despidos y arrestos fueron una constante en aquel tiempo. Fue recién al llegar Yrigoyen al poder en 1916, como el primer presidente democráticamente electo de la historia argentina, que se intentó desde el poder ejecutivo un cambio en esta dinámica. A pesar del descontento del empresariado, se llevó adelante una política laboral que en líneas generales aceptaba el derecho de huelga y la negociación colectiva. Si bien había aún represión e intervención policial en algunos conflictos, que estas no fueran ya la principal forma de relación entre los trabajadores y el gobierno favoreció un crecimiento exponencial de la actividad sindical y hubo conflictos gremiales que ayudados por la mediación gubernamental lograron importantes mejoras para los trabajadores, como la de la Federación Obrera Marítima (FOM) en 1916 y la de la Federación Obrera Ferroviaria (FOF) en 1917. Desde el Departamento Nacional del Trabajo, a cargo de Alejandro Unsain quien luego sería el primer representante argentino ante la OIT, se envió al Congreso el proyecto de la Junta de Trabajo para marítimos, un organismo consultivo para conflictos donde éste actuaría como un tribunal de trabajo marítimo. Éste y muchos otros proyectos no lograron aprobación en el congreso, pero demostraban la intención del gobierno de regular pacíficamente las relaciones entre el capital y el trabajo.

A pesar de estos avances la relación entre el radicalismo y el movimiento obrero quedó frustrado para siempre debido a cuatro enormes masacres obreras, únicas por su magnitud en la historia de nuestro país: la Semana Trágica de 1919 con unos 800 muertos, la Patagonia Rebelde de 1922 con unos 1500 muertos, la masacre de La Forestal de 1922 con unos 600 muertos y la masacre de Napalpí de 1924, con unos 400 muertos. Estos números son aproximaciones, pues el gobierno nunca dio a conocer la lista y los nombres de los fallecidos. Y si bien la responsabilidad de Yrigoyen y Alvear en estos hechos es discutible pues venían perdiendo incidencia tanto entre las fuerzas armadas como entre la policía, que se estaban convirtiendo en catalizadores de los intereses de la ya no gobernante oligarquía local, la relación del radicalismo con los sindicatos nunca se recuperó.

Yrigoyen fue derrocado el 6 de septiembre de 1930. Tres semanas después, y luego de dos años de negociaciones, se creó la Confederación General del Trabajo. Esta recién nacida CGT debió afrontar tanto la primera dictadura militar, como la mayor crisis económica mundial del siglo XX.

Conformada como producto de la unificación de dos centrales obreras preexistentes, la Unión Sindical Argentina (USA, de tendencia sindicalista) y la Confederación Obrera Argentina (COA, que agrupaba a los militantes obreros del Partido Socialista y a otros cuadros sindicalistas), la CGT agrupaba en ese momento unos 400 sindicatos, de los cuales unos 260 eran seccionales de la Unión Ferroviaria y de la Asociación de Trabajadores del Estado totalizando unos 150.000 trabajadores. Otros integrantes eran la Confederación de Empleados de Comercio, La Fraternidad, la Unión de Tranviarios y la Unión de Obreros y Empleados Municipales. El resto eran pequeñas agrupaciones de trabajadores. A pesar de las dificultades afrontadas la CGT tuvo un importante crecimiento durante los años de la Década Infame.

Si bien con una fuerte presencia de socialistas y comunistas, también había una corriente “sindicalista” es decir abocada exclusivamente a la actividad sindical y a los temas que afectaran a los trabajadores. Esta última fue la que primó, sentando desde el origen de la central su principio de “prescindencia política”, que si bien fue muy criticada le permitió una gran libertad de acción independiente tanto de los vaivenes políticos locales como internacionales, liberándose de los vaivenes políticos de los llamados “partidos obreros”. El gobierno de facto permitió su existencia, pero limitó su actividad, persiguiendo y encarcelando a los obreros de los sindicatos dirigidos por anarquistas y comunistas. El grueso de estos últimos se agrupó en el Comité de Unidad Sindical Clasista [CUCS].

Esta prescindencia política le valió a la CGT el calificativo de “dialoguista”, sin embargo, esto le permitía cierta capacidad de negociación y contacto con el gobierno que otros grupos no tenían. Una de las primeras victorias de la CGT en ese sentido fue el salvar la vida de tres choferes anarquistas condenados a la pena capital por enfrentarse a la policía con armas de fuego en una manifestación. Los anarquistas, fueran de extracción sindical o de cualquier otra, no eran considerados como parte de la “cuestión obrera”, sino que se los consideraba simplemente delincuentes y terroristas. La CGT elevó una solicitud con un pedido de clemencia para que se conmutara la pena de los condenados, lo cual se logró. La pena capital fue conmutada por cadena perpetua, y dos años después fueron indultados y puestos en libertad. (Leguizamón, pág. 166)

El poder ejecutivo, con Uriburu a la cabeza, no demostró ningún interés en relacionarse con la dirigencia sindical. Sin embargo, el DNT, que quedó a cargo de Eduardo F. Maglione, se acercó a los sindicatos e intentó hacer cumplir las leyes laborales existentes e incluso mandó nuevos proyectos para mejoras laborales al ejecutivo que nunca se concretaron. Los sectores empresariales no tardaron en enviar sus quejas a Uriburu disconformes con el accionar del organismo. La UIA incluso denunció ante el ejecutivo las medidas de Maglione para hacer cumplir la jornada laboral de seis horas diarias para trabajos insalubres, considerándolo un abuso por parte del funcionario. En 1931 Maglione se vio forzado a renunciar, siendo reemplazado por Carlos Guiraldes, quien enseguida atendió los reclamos de la clase empresarial y cortó relación con la dirigencia sindical. Guiraldes hizo reformar por Decreto la Ley 4661 de descanso dominical, tomó varias medidas en contra de la legislación social existente y fue un gran promotor de medidas represivas, que luego eran ejecutadas por el gobierno. En febrero de 1932 ejecutó la detención de más de mil militantes sindicales y la expulsión del país de unos 150 dirigentes de origen extranjero.

Quedaba demostrado que el accionar del organismo quedaba librado a la buena voluntad del encargado de turno. Y si bien hubo buena intención en su creación, sus logros fueron escasos, degenerando en un organismo de vigilancia de la actividad sindical en su último tiempo.

En 1935, la CGT planteó al Congreso Nacional la necesidad de leyes que contemplaran un programa mínimo. Este incluía: vacaciones anuales pagas, salario mínimo, seguro nacional de desempleo, salud, vejez y accidentes de trabajo, y una política de viviendas públicas. Ninguno de estos puntos se concretó. (Golzman, pág. 60) A fines de 1935, por diversos conflictos suscitados por la creación de nuevos gremios y por la situación interna de la Unión Ferroviaria, la central se dividió, la tan deseada unidad había durado solo 5 años. El resultado de la división fueron la CGT Independencia y la CGT Catamarca llamadas así por las calles en que cada una tenía su sede. A los conflictos locales se le sumaba una situación internacional complicada al estallar la guerra civil española al año siguiente que, en este país, con una gran cantidad de españoles e hijos de españoles se vivió como una tragedia local afectando también la dinámica de las organizaciones gremiales. La tan mentada prescindencia política de la CGT unificada se volvía imposible en este contexto. En aquel tiempo los socialistas vivieron un auge.

Luego de varios vaivenes la CGT Catamarca dejó de llamarse CGT y volvió a ser USA, aunque no logró despegar, generando una fuga de trabajadores, así la CGT independencia se convertía de hecho en la mayor represente de los trabajadores en aquel tiempo. La segunda mitad de la década fue conflictiva, pero la recuperación económica y el nacimiento de nuevas industrias por la política de sustitución de importaciones del gobierno de Justo dio una gran fuerza a los sindicatos, que no vivieron grandes derrotas ni pérdida de derechos. El porcentaje de huelgas ganadas y transigidas fue superior al 70% (Leguizamón, 2022, pag.179). Sin embargo, los conflictos internos continuaron y hacia el año 1942 la CGT tuvo una nueva división entre la CGT 1 y la CGT 2
Esto fue lo que Perón encontró en el 43. Un movimiento sindical fuerte, aunque dividido y con presencia en todo el país y un organismo estatal débil que aunque dotado de personal idóneo, no tenía capacidad alguna para cumplir con los cometidos para los cuales había sido creado.

La secretaria de trabajo y previsión.

Los 36 años de historia del Departamento Nacional del Trabajo llegaron a su fin el 27 de noviembre de 1943 al ser absorbido por la recién creada Secretaría de Trabajo y Previsión. Perón fue su primer titular, ocupando el cargo hasta su detención el 12 de octubre de 1945.

La recién creada Secretaría, también absorbió a casi todos los organismos dispersos en la administración pública que tenían alguna incidencia en el mejoramiento de las condiciones de vida y trabajo de los sectores populares: la Comisión de Casas Baratas, la Cámara de Alquileres, las Secciones de Higiene Industrial y Social de las Leyes de Previsión Social de la Dirección Nacional de Salud Pública y Asistencia Social, la Sección Accidentes de la Caja Nacional de Pensiones y Jubilaciones Civiles, la Comisión Asesora para la Vivienda Popular, la Junta Nacional para combatir la Desocupación e incluso la Dirección de Inmigración y la Comisión Honoraria de Reducciones de Indios.

Todas las funciones de conciliación y arbitraje y de policía del trabajo e inspección, descentralizadas hasta entonces en distintas reparticiones, pasaban a integrar las atribuciones de la STP. Las cajas jubilatorias y las de Maternidad y Ahorro Postal, también quedaban bajo su control como base de la articulación previsional, incluidas aquellas de la órbita de las provincias. (Luciani MP 2014 pg.4) También se creó, en agosto del ‘44 una División del Trabajo y Asistencia de la Mujer encomendada a la Dra. Lucila de Gregorio Lavié, quien destacó al comenzar su ejercicio que se trataba del primer organismo oficial especializado en la mujer que había existido en el país. (Luciani MP 2014 pg.5)

Ese mismo año, mediante el Decreto 21.425, se dio a esta Secretaría aquello que el DNT nunca tuvo, la capacidad para hacer cumplir sus cometidos. Se reconoció allí la necesidad de dar claridad y celeridad al tratamiento de resarcimientos por accidentes de trabajo, reconociendo en sus considerandos que “la anterior intervención del extinguido Departamento Nacional del Trabajo, por carecer de la fuerza necesaria para fijar normas, en todos los casos, por la ausencia de garantías a los que a él se sometían y porque sus determinaciones no obligaban a las partes había traído como consecuencia natural el descrédito de la acción oficial y su raquitismo”. También se definía un procedimiento administrativo obligatorio para llevar adelante un reclamo de resarcimiento por accidente de trabajo frente a la STP, se definían reglas de competencia de las autoridades intervinientes, el procedimiento, los peritajes médicos y el modo de resolución de la STP.

La Secretaría avanzaba así en la facultad ejecutiva para la aplicación de las sanciones. Sin embargo, en caso de que las resoluciones de la STP no fuesen aceptadas por las partes, podría apelarse ante el Juez en Primera Instancia en lo Civil y Comercial, o el Tribunal o Juez de Apelación de la Justicia de Paz Letrada. Fue por ello que tres meses después, con el Decreto N° 32.347, se crearon los Tribunales de Trabajo y se delineó su organización. Así, se creaba una justicia, diferenciada de la ordinaria, para tratar los problemas referidos a un derecho autónomo (Martínez Tami, Bollo, pags. 11-12).

Fue inestimable en todo este proceso la colaboración de hombres como Atilio Bramuglia, hijo de ferroviarios, abogado laboralista y asesor de la Unión Ferroviaria y de la CGT. No veía a los gremios únicamente como medios para la lucha salarial, sino también como espacios para mejorar íntegramente la vida de los trabajadores y en su paso por la Unión Ferroviaria, ya había insistido en la necesidad de que se desarrollaran tareas culturales y educativas en los sindicatos, tales como la organización de bibliotecas, programas de alfabetización, cursos de capacitación profesional, programas de radio y publicaciones para los obreros, cuestiones que también promovió desde su lugar en la STP (Rein, 2006)

Perón entra en contacto y colaboración fluida con los sindicatos, que con cuadros ya capacitados fueron de una ayuda incalculable para el proyecto del aquel entonces coronel. El cambio en la arquitectura jurídica en favor de los trabajadores fue de una magnitud nunca vista. Ganándose en poco tiempo la enemistad de las patronales, la oligarquía y los sectores conservadores.

El accionar de Perón al frente de la STP duró solo un año y diez meses. Fue detenido el 12 de octubre del 45, el 17 de octubre aconteció una movilización masiva como nunca en la historia de nuestro país se había visto. Los trabajadores fueron protagonistas y los sindicatos los principales organizadores de la movilización. Fue tal el acontecimiento que al gobierno militar no le quedó más que llamar a elecciones. Perón, como sabemos fue candidato y ganó, asumiendo la presidencia a principios del 46. Su partido, el Partido Laborista, fue una herramienta electoral armada por los sindicatos, para llevar a su candidato al poder.

El peronismo no empezó ni el 17 de octubre, ni en la cabeza de Perón en junio del 43, empezó cuando los trabajadores organizados, ya con años de experiencia en la lucha por la reivindicación de sus derechos se encontraron con quien sería después su líder. A los gremios no había que enseñarles nada, ya habían pasado varias décadas organizándose y luchando no únicamente por sus intereses sino por una vida digna para la familia argentina. Conocían la rapacidad, tanto del empresariado extranjero como el local, y a sus agentes en el gobierno y en las fuerzas de seguridad. El pueblo organizado estaba en condiciones de hacerse cargo de los destinos de la patria, solo necesitaba un líder, y lo encontró.

Cuando hoy se nos dice que los gremios ya no representan a la mayoría de los trabajadores y por lo tanto han perdido su carácter de columna vertebral del movimiento peronista, no estamos más que enfrentándonos a un nuevo intento de destrucción y vaciamiento del movimiento por parte de los mismos de siempre. La no promoción de empleo registrado en las últimas décadas es simplemente un nuevo intento de debilitamiento, como lo fue en mayor medida la destrucción del sistema productivo nacional durante la última dictadura. Querer que exista, o creer que puede existir peronismo sin los sindicatos como protagonistas es una negación de la realidad y de la historia, agitada maliciosamente por aquellos que saben que como no pueden destruirnos, mejor reducirnos a un partido político más
“El peronismo no empezó ni el 17 de octubre, ni en la cabeza de Perón en junio del 43, empezó cuando los trabajadores organizados, ya con años de experiencia en la lucha por la reivindicación de sus derechos se encontraron con quien sería después su líder.”


* Licenciada en Historia, Delegada UEJN


Bibliografía
Golzman Valentín, El departamento nacional del trabajo en los 15 años previos a Perón, ¿una espada de papel?, Universidad Torcuato Di Tella, Boletín del Posgrado en Historia Nro 6, Marzo 2014.
Luciani María Paula (2014). La etapa formativa de la Secretaría de Trabajo y Previsión (1943-1946): primeros pasos organizativos y figuras relevantes. Anuario del Instituto de Historia Argentina, (14). Recuperado a partir de: http://www.anuarioiha.fahce.unlp.edu.ar/article/view/IHAn14a01
Leguizamon Hugo, La espada: Trece años de quiebres decisivos en la Argentina (1930-1943), CEES, Buenos Aires, 2022.
Leguizamon Hugo, La reparación: 14 años de gobiernos radicales, Editorial del Pilar, Buenos Aires, 2021.
Martínez Tami, V, González Bollo, H. La dinámica institucional del paso del Departamento Nacional del Trabajo a la Secretaría de Trabajo y Previsión (1937-1945); 12° Congreso Nacional de Estudios del Trabajo: El trabajo en su laberinto. Viejos y nuevos desafíos; Buenos Aires; Argentina; 2015; 1-13
Rein, R. (2006). Juan Atilio Bramuglia. Bajo la sombra del líder. La segunda línea de liderazgo peronista, Buenos Aires: Lumiere
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