UPCN Digital
Profesionales

Centralidad sindical para la reconstrucción del Movimiento Nacional

 26/09/2025   226
Centralidad sindical para la reconstrucción del Movimiento Nacional 
Mario Luis Gambacorta*

Identidad del movimiento obrero y la centralidad sindical

El movimiento obrero se encuentra una vez más en la línea de fuego. Lo ataca una formación hegemónica histórica antinacional. Hoy se enarbola un proyecto -casi un experimento social- en contra del pueblo y los intereses de la Nación argentina. Por ello, es que se ataca también al movimiento obrero organizado.

Es frente a situaciones como estas, cuando uno y todos tenemos que recuperar la identidad, la unidad, y redefinir un proyecto. Para ello, debemos hacer memoria y escarbar en las raíces históricas y en los logros que ya nos permitieron la consolidación de un proyecto de Nación, a partir de nuestros valores; de ser nosotros mismos.

Es así que, desde una identidad definida, y desde la realidad efectiva de un país como Argentina; podremos comenzar a establecer categorías propias, realizar un correcto diagnóstico, y avanzar en las transformaciones que hacen falta.

Es ineludible entonces, converger en la unidad del movimiento obrero, reivindicando el modelo sindical como parte del modelo argentino para el proyecto nacional.

Me gusta destacar, en vista de la reconstrucción de un proyecto nacional, la necesidad de tres centralidades:

a) La centralidad de la industrialización.
b) La centralidad del trabajo dependiente y tutelado.
c) La centralidad sindical.

Es precisamente en esta última donde quiero detenerme. En ella, han estado y siguen estando muchas de las respuestas para, desde un modelo nacional, reconstruir un proyecto alternativo de Nación, el cual sintetizamos en la idea de industrialización con justicia social.1

La formación hegemónica histórica antinacional que, precedentemente referíamos, se opuso y se opone a este proyecto.

2. Historia, movimiento obrero organizado y política

Para formular la política actual, tenemos que hacer un poco de historia, atendiendo las etapas más relevantes del movimiento obrero argentino. Estas se van a dar con el peronismo y la aplicación eficaz de su doctrina. Primero, será con el impulso, el reconocimiento, la integración de los trabajadores y sus organizaciones, a la vida política nacional. Indubitablemente, realizada por Juan Domingo Perón. Desde ese, inicialmente, Departamento Nacional del Trabajo que elevará a Secretaría de Trabajo y Previsión; antecedente del Ministerio de Trabajo de la Nación. Hoy, tristemente reducido a Secretaría (que ni se aproxima a aquélla) y que, día a día se va vaciando; abandonándose competencias con una apreciable intencionalidad de debilitar al movimiento obrero, perjudicando a las y los trabajadores.

Fue Perón, quien impulsará, un modelo sindical, en el cual y a través del cual, promocionará la actividad sindical, en vista de lo que, me atrevo a sintetizar en dos objetivos fundamentales:

a) El fortalecimiento de la dignidad de quienes trabajan.
b) La consolidación de una herramienta estratégica para acompañar un proyecto político de industrialización.
Todo esto, en vista de fortalecer la soberanía y la independencia de la Nación argentina. Es lo que podemos encontrar en aquellas palabras que refieren a la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria. En sintonía con estos postulados, ya adelanto que, quizás, la actualización doctrinaria sea volver a la doctrina.

"La formación hegemónica histórica antinacional que, precedentemente referíamos, se opuso y se opone a este proyecto.”


Pero la formación hegemónica histórica antinacional que, precedentemente referíamos, se opuso y se opone a este proyecto. Esta lucha no comenzó en diciembre de 2023, sino que a partir de allí se exacerbó salvajemente. Es una formación hegemónica que ya podíamos apreciar, como “reacción”; inmediatamente, producida la Revolución de Mayo de 1810. Valga recordar, a modo de ejemplo, algunos de los apellidos de quienes conspiraron contra esa revolución y contra la independencia nacional; que siguen integrando la oligarquía, o que son meros sirvientes de esa oligarquía y demás hasta el presente, en ámbitos diversos y funcionales a esta.

Esa formación hegemónica histórica antinacional será la misma que encarcelará a Perón en 1945, e inclusive, pensarían en asesinarlo. Pero será el pueblo, el pueblo organizado, organizado en sindicatos quien, prioritariamente, fue al rescate de aquel Coronel popular que les había dado dignidad; no sólo a través de la consolidación creciente del derecho del trabajo -tanto en el plano individual como colectivo- sino con sus acciones y resultados concretos.


3. La verdad surgía de la realidad…

La única verdad es la realidad, se explicitaría luego. Y respetuosamente, me permito recordar también las palabras del Papa Francisco, cuando nos enseñaba que la realidad es superior a la idea.

En síntesis, los movimientos populares y nacionales, no son sólo valorados por sus postulados teóricos, sino también por cómo efectivizan sus ideas, poniéndolas al servicio de un proyecto.

Y por ello el pueblo que rescató a Perón el 17 de octubre de 1945, eso lo tenía claro. Perón les había presentado una doctrina; pero también la había puesto en práctica, rescatando aquello que probablemente sea lo más valioso para un ser humano: su dignidad. Quebrando décadas (en varios aspectos quizás siglos) de humillación y frustración; de humillaciones al pueblo; de represión y fracaso ante cualquier forma de organización del pueblo; ahora, fundamentalmente, se organizaba en sindicatos.

Ya estamos hablando del 17 de octubre, ese día que, como dijo Scalabrini Ortiz, “Era el subsuelo de la Patria sublevada”. Eran aquellos que habían sido ocultados, abusados, postergados; descartados, al decir de Francisco.

Porque cuando el pueblo encuentra más que dirigentes, líderes que le presentan un camino, está dispuesto a recorrerlo con ellos. El pueblo acompaña a aquellos que lo acompañan; y si tienen alguna dificultad o son atacados (como Perón), están dispuestos a defenderlos. Como hizo ese pueblo el 17 de octubre de 1945. Y ese pueblo estaba y se seguía organizando. Esto también trata de lealtad. Lealtad, entendida como agradecimiento, como respaldo, como acompañamiento, como consustanciación. Como continuidad de la lucha, inclusive luego de la partida del gran conductor. Es el reconocimiento a lo hecho, y la decisión de acompañarlo. Por haber sido integrados y sentirse parte de esas transformaciones.

Es precisamente por eso, que hablamos de una imprescindible centralidad sindical, porque la centralidad sindical, no hace sólo a la libertad sindical, hace a la vigencia y fortalecimiento del sistema democrático. Hace a una continuidad en la construcción de una ciudadanía plena, entendida no solo en términos de derechos civiles y políticos sino también en términos de derechos sociales. Todo eso era lo que brotó aquel 17 de octubre.

Cuestionar la libertad sindical como estamos verificando en Argentina; adoptando decisiones como los últimos Decretos 340 y 342, ambos del 20 de mayo de 2025; así como los numerosos proyectos legislativos que presentan contra las organizaciones sindicales, tanto el oficialismo en estado puro, como el oficialismo colaboracionista; es atentar contra la libertad sindical y, consecuentemente, contra la plena vigencia de un sistema democrático.

4. Ataques a la libertad sindical y la democracia. La centralidad sindical al presente

Cuestionar la libertad sindical como estamos verificando en Argentina; adoptando decisiones como los últimos Decretos 340 y 342, ambos del 20 de mayo de 2025; así como los numerosos proyectos legislativos que presentan contra las organizaciones sindicales, tanto el oficialismo en estado puro, como el oficialismo colaboracionista; es atentar contra la libertad sindical y, consecuentemente, contra la plena vigencia de un sistema democrático. Por añadidura, se perjudica al pueblo, aunque gran parte de éste no lo perciba inmediatamente.

Y todo este actuar anti-sindical, anti-trabajador; busca también dificultar la centralidad sindical que impulsamos, frente al inconmensurable poder de ciertos grupos empresariales -cada vez más extranjerizados-, frente al escenario de la globalización económica neoliberal. Más salvaje hoy en día, por su crisis y agotamiento, ante el avance de un mundo multipolar que no es de su agrado.

Con relación a lo anterior, la centralidad sindical la pensamos para potenciar nuevas formas de estructura sindical, como las que venimos postulando en cuanto a fortalecer y desarrollar, cada vez más, formas de estructura sindical confederal.
Tomando el ejemplo y la enseñanza del modelo sindical argentino, postulamos una mayor concentración como respuesta a la concentración del capital transnacional. En términos de estructura, y particularmente de esta última que señalamos -confederal-, nos estamos orientando a mecanismos organizacionales que; sea en el plano nacional, regional e internacional; contribuyan a mejores respuestas gremiales y políticas, a lo largo de toda la cadena de valor. Es sabido que el capital busca controlar los distintos eslabones de la cadena de valor -de ser posibles todos-. Esto, también para contrarrestar a las organizaciones sindicales cuando reclaman y accionan. Busca aprovechar cualquier fragmentación en las estructuras sindicales; en especial, las que facilitan la desarticulación en cuanto a los diversos eslabones de dichas cadenas productivas.

"Cuestionar la libertad sindical como estamos verificando en Argentina; adoptando decisiones como los últimos Decretos 340 y 342, ambos del 20 de mayo de 2025; así como los numerosos proyectos legislativos que presentan contra las organizaciones sindicales, tanto el oficialismo en estado puro, como el oficialismo colaboracionista; es atentar contra la libertad sindical y, consecuentemente, contra la plena vigencia de un sistema democrático.”

En consecuencia, se dificulta para las organizaciones sindicales brindar una respuesta integral e integrada ante los ataques del capital, cuando este último articula para disminuir la distribución de la riqueza y maximizar su ganancia. En primera o última instancia, cuando el capital avanza, para limitar derechos y afectar la dignidad de quienes trabajan.

La centralidad sindical también debe darse frente al Estado. Pero hay que diferenciar entre Estado y gobierno. Concretamente, me refiero a que el Estado puede ser un aliado, pero también puede ser un enemigo; depende del gobierno que lo gestiona. Por ello, hay que entender al gobierno de turno que está en el poder y en la gestión del Estado. Con lo cual, esa centralidad y estos elementos que venimos sumando para fortalecerla; pueden constituir un anclaje y un fortalecimiento, tanto para acompañar proyectos transformadores en beneficio de nuestra Patria y su pueblo, como para confrontar con proyectos antinacionales y antipopulares.

5. Centralidad sindical, hegemonía deslaboralizadora y lawfare

La centralidad sindical, también en estos momentos, es casi imprescindible para enfrentar el denominado lawfare, que también afecta a los trabajadores, en el marco de otro concepto que, también queremos traer a este modesto análisis. Nos referimos concretamente a la hegemonía deslaboralizadora, categoría central del enfoque crítico tutelar de las relaciones laborales2 que vengo impulsando. Ésta busca sintetizar el escenario que estamos atravesando, en términos de disminución y recorte de derechos.
Entendemos que el sindicato no sólo cumple funciones de representación en términos genéricos, sino es quien puede enfrentar, cuestionar y accionar, frente a determinados abusos. Debe estar lo más fortalecido posible, por ejemplo, como ya señalábamos, en su estructura y también en sus recursos. Por ello, la categoría de centralidad sindical.

En esta misma inteligencia, no hay que tener temor de manifestar que, las organizaciones sindicales necesitan financiamiento. Parecería que, en este mundo, en el cual estamos gran parte del tiempo hablando del capital, del consumo, de la riqueza; cuando el sindicato, simplemente, necesita recursos para llevar adelante su accionar, eso sería un pecado. Es, a nuestro entender, una perversa paradoja en el marco de la hegemonía deslaboralizadora.

Con todo esto, estoy introduciéndome en otra temática que busca afectar o destruir las potencialidades de una centralidad sindical, hablo de los intentos para eliminar las contribuciones de solidaridad. Derecho correspondiente a las organizaciones sindicales y que, desde hace décadas, la propia jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha reconocido.

Sin desmedro de lo anterior, nos preocupan los cambios discrecionales, por no decir arbitrarios, que se vienen produciendo en algunos aspectos jurisprudenciales y que, reflejan una voluntad de transformación desprotectoria, en el marco de esa hegemonía deslaboralizadora. Todo ello, para potenciar salvajemente al capital, en permanente desmedro del trabajo. Y decir que es en desmedro del trabajo, es decir, que es en desmedro de las y los trabajadores, y de sus organizaciones representativas.

Hablamos de un lawfare antisindical. Éste es apreciable cuando hemos constatado que se lo refería, en términos demasiado peligrosos, como una Gestapo antisindical. Hoy, volvemos a verlo: en los proyectos legislativos que señalábamos, en las nuevas y arbitrarias reglamentaciones, en el abuso de los decretos de necesidad y urgencia, en la vulneración del ejercicio del derecho de huelga, en el desconocimiento de la normativa internacional; y los precedentes internacionales de la Organización Internacional del Trabajo que, a través de sus órganos suelen ser referencia para un camino de entendimiento.

El actual gobierno no tiene en cuenta nada de lo que señalamos. Solamente, atiende un concepto de propiedad exacerbada que colisiona radicalmente con la función social de la propiedad. Tiene una lógica de maximización de las ganancias a cualquier precio, sin considerar aspectos que hagan a la dignidad del ser humano. Son políticas profundamente deshumanizadoras. Y aquí, una vez más recuerdo al Papa Francisco, cuando señalaba que el trabajo precario deshumaniza. Agregamos que, el trabajo precario requiere de todo este proceso de flexibilización en un sentido desprotectorio.

Considero que, verdaderamente, lo que estamos atravesando en la Argentina no son proyectos normativos para generar más trabajo. Se trata de la brutal adecuación de los proyectos de vida de las personas, en términos laborales y de la seguridad social, a un modelo de país que prioriza, excluyentemente, la primarización, el extractivismo, y la financiarización. Colegimos que, en ese modelo, el derecho del trabajo y la seguridad social no tienen lugar. Y por eso, es tan importante la centralidad sindical: para evitarlo, superarlo, y construir un proyecto alternativo.

6. Modelo de Nación, modelo de relaciones laborales, y modelo sindical argentino

Llegados a esta instancia, me voy a permitir hacer un poco de memoria y diferenciación histórica entre Europa y América Latina, respecto de los procesos que han dado origen al derecho del trabajo, en su directa relación con la industrialización.

En Europa, se produjo la revolución industrial a principios del siglo XVIII. Este nuevo sistema industrial generó y potenció una serie de abusos en contra de las y los que trabajan de manera subordinada. A su vez, surgirán las respuestas de quienes eran abusados, en la lógica de maximización de la ganancia, del ya existente sistema capitalista -industrial-. Esto enmarca el surgimiento del sindicalismo moderno. Y será recién, luego de alrededor de 150 años de luchas que, comenzará a institucionalizarse el derecho del trabajo; a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, dependiendo del país. Y esto último, no es un dato menor.

En América Latina, este proceso es distinto, porque a menudo y como consecuencia de realizar análisis con categorías eurocéntricas, confundimos las cosas. La revolución industrial se dio primero en Escocia e Inglaterra, y continuó en las principales potencias industriales de la época (Francia, Alemania y Estados Unidos, prioritariamente). Sirva de ejemplo que, a cien años del inicio de la revolución industrial, en nuestro país no había ni fábricas ni proletariado.

En América Latina, el proceso es muy distinto. Suelo señalar que, prácticamente, al revés. En un escenario mayoritario de no industrialización, en los países de nuestra región, solo se darán incipientes atisbos de industrialización. Esto también guarda relación con la división internacional del trabajo, y el rol de productores de materias primas, asignado a los países periféricos por las potencias hegemónicas industriales.

En consecuencia, serán los gobiernos de varios estados latinoamericanos; aclaro, gobiernos con distintos sesgos ideológicos, pero una preocupación común por su soberanía en sentido amplio, los que impulsarán el proceso de industrialización. O, mejor dicho, querrán impulsarlo en un escenario, en general, no favorable, por no decir hostil; en función de la potencial competencia a los grandes centros de poder, a la que podría lugar dar lugar esta industrialización.

En esta línea de análisis, veremos que, en América Latina y, obviamente en Argentina, no comenzamos con una revolución industrial, que luego dio lugar a luchas sindicales y, posteriormente, al surgimiento del derecho del trabajo. Por el contrario, aquí -en términos generales- vamos a comenzar con el reconocimiento de los derechos sociales, en especial el del derecho del trabajo (en el orden individual y, particularmente, en el colectivo) para acompañar e impulsar un proyecto de industrialización.

Particularmente será el sindicato, como actor social y político, como protagonista histórico; quien acompañará a los gobiernos que habían decidido llevar adelante tan relevantes transformaciones, de carácter revolucionario, por su proyección en la modificación de las estructuras productivas, a través de una industrialización.

Lo expresado precedentemente, lo podremos apreciar en el gobierno de Battle y Ordóñez, en Uruguay; en el gobierno de Getulio Vargas, en Brasil; en el de Lázaro Cárdenas en México; y en el de Perón en Argentina; amén de que otros relevantes dirigentes de nuestra región impulsarán, a veces con matices, estos mismos procesos. Lamentablemente, entendemos que, este proceso no ha sido finalizado. A la vez, sostenemos que es el desafío a efectivizar.

En síntesis, estos gobiernos, para impulsar la industrialización también se valieron del impulso a los derechos sociales; para construir una vida más digna que acompañara esos procesos. Todo ello, a la vez, con el impacto distributivo de la riqueza que tiene los derechos sociales. Especialmente, el impulso que puede a dar a una distribución progresiva, el accionar de las organizaciones sociales, prioritariamente, a través de la negociación colectiva.

Y aquí es valioso, hacer memoria, y señalar que, el modelo sindical argentino, se caracteriza -y destaca- por su unicidad y concentración; otorgando facultades exclusivas al sindicato más representativo (que es aquel que ha obtenido la personería gremial); fundamentalmente, para que lleve adelante la negociación colectiva. Por otro lado, concentra la representación a través del tipo organizativo sindical por actividad. De esta manera, busca proyectar esa organización y esa representación en la negociación colectiva.

¿Cómo lo hace? A través de la promoción de un tipo sindical como el de actividad, con una mayor cobertura y alcance. Así, la negociación por actividad beneficiaría y alcanzaría a todos los y las trabajadoras. Ello, a diferencia de la negociación por empresa que, si en la práctica puede verificarse, sólo alcanzaría a los establecimientos más grandes. Frente a lo cual, es dable concluir que, los establecimientos más pequeños, quedarían sin cobertura convencional y, probablemente, alcanzados sólo por el salario mínimo.
Casi expresado a modo de pregunta retórica cuestionamos si, esto último no es lo que se está buscando al presente en Argentina, cuando se pretende impulsar la negociación por empresa. Una negociación que busca dejar de lado la negociación más abarcativa por actividad, o vaciarla de contenido.

Frente a esto, sostenemos que, la negociación por actividad es parte de un modelo negocial argentino que, se enmarca en un modelo de Nación. En él, encontramos una conjunción de derechos sociales, acción sindical y políticas de industrialización.
Todo esto es lo que se quiere evitar cuando se ataca y agrede al derecho del trabajo, y a las organizaciones sindicales representativas de trabajadores. Y el lawfare antisindical busca consolidar una hegemonía deslaboralizadora, la cual desprotege y neutraliza cualquier aspecto tutelar.

Por eso, formulamos la siguiente pregunta: ¿quién se beneficia con todo esto? Creemos estar en condiciones de afirmar que, no son ni las y los trabajadores ni sus organizaciones representativas. Sin embargo, se viene dando un proceso de desconfiguración de subjetividades, en el cual muchos trabajadores, en términos de desesperación o desinformación, entienden que seguir resignando derechos, les podría mejorar alguna condición.

Reflexionaba, hace unos días al desarrollar un tema en clase que, estos procesos en Argentina comenzaron el 24 de marzo de 1976. Estos problemas no comenzaron con la recuperación de la democracia, como algunos quieren presentarnos o engañarnos. Sino que la democracia tuvo y tiene que seguir padeciendo las consecuencias de la desindustrialización y la deslaboralización, impulsadas como objetivos socio-económicos-laborales (y por ello políticos) de la última dictadura cívico-militar. Y este fenómeno se repotencia en la década de 1990, con lo cual, tenemos una verificación empírica, de prácticamente medio siglo, de estas políticas flexibilizadoras en un sentido desprotectorio; disminuyendo, sistemáticamente, todo lo que hace a la justicia social; en sintonía con la desindustrialización.

“Debemos reconstruir una centralidad sindical para evitar que, sigan desapareciendo los trabajadores en relación de dependencia, ante los elementos y contrataciones deslaboralizadoras, precarizadoras.”

Todo lo anterior, ineludiblemente, impacta en el movimiento sindical y, más aún, en el Movimiento Nacional.

Debemos reconstruir una centralidad sindical para evitar que, sigan desapareciendo los trabajadores en relación de dependencia, ante los elementos y contrataciones deslaboralizadoras, precarizadoras.

7. Desde la centralidad sindical en el Movimiento Nacional, una industrialización con justicia social

Es imprescindible recuperar la centralidad sindical. Como ya lo hemos señalado en otro trabajo, estamos frente a una verdadera autocracia confederal-empresarial-estadual.3 Ante este escenario, debemos reconstruir una centralidad sindical para evitar que, sigan desapareciendo los trabajadores en relación de dependencia, ante los elementos y contrataciones deslaboralizadoras, precarizadoras. Por ejemplo, con el abuso de figuras como el emprendedurismo.

Podemos verificar que, varias de las alternativas presentadas como superadoras de un trabajo, despectivamente categorizado como “tradicional”; no han hecho más que precarizar, profundizar la desigualdad, y avanzar en la desintegración o fragmentación de los colectivos laborales. En consecuencia, entendemos que debemos apuntar a objetivos como la transformación del trabajo con la superación de sus heterogeneidades; para la generación de trabajo dependiente y tutelado. Consideramos que, así se fortalecerá, simultáneamente, a las organizaciones sindicales, mediando la referida centralidad sindical que impulsamos.

Las organizaciones sindicales deben ser repotenciadas, no sólo como actores gremiales, sino también como actores políticos que, desde nuestro enfoque, acompañan y construyen un proceso de industrialización. El modelo sindical argentino, reitero es una herramienta estratégica -así me gusta definirlo-. Su estructura sindical se proyecta en la estructura negocial, impulsa y acompaña un proceso de distribución que, favoreciendo un consumo interno responsable; ayudaría a un proceso de industrialización.

Para ello, es menester fortalecer el mercado interno. Argentina destina alrededor del 70% de su producción al mercado interno. Y esto, a su vez, nos demuestra que el modelo de “inversiones-exportación”, no puede ser aislado, y menos, el objetivo central; si se pretender llevar adelante una verdadera transformación para el crecimiento y la integración. Es, a nuestro juicio, un elemento a tener en cuenta, pero sin excluir ni desatender el mercado interno. A nuestro juicio, desatender el mercado interno es, en gran parte, desatender la calidad de vida y, consecuentemente, la dignidad de nuestro pueblo.

La centralidad sindical implica el rol de acompañamiento, participación y sostenimiento; por parte de las organizaciones sindicales a un proyecto político. 

3.Gambacorta, Mario L. Centralidad sindical y lawfare contra las organizaciones de trabajadores. Categorías en un enfoque crítico, tutelar de las relaciones laborales. En el libro Heterogeneidades sociolaborales. Nora Goren; Mario Luis Gambacorta (Coordinación general). Edunpaz 2024.

Ello conlleva su derecho a ser consultadas, y poder participar en las decisiones políticas que se adopten. Debe haber una profunda convergencia desde los intereses sectoriales con relación al interés general; y eso sólo podrá lograrse, coincidiendo y convergiendo en un proyecto alternativo de Nación que, reitero, sintetizamos como de “industrialización con justicia social”.

La industrialización con justicia social, implica un proceso de crecimiento y distribución, distribución y crecimiento, todo en simultáneo. No puede ni debe ser sesgado, conforme plantean algunos neoliberalismos, o algunos progresismos que, ponen el foco sólo en una de estas dos variables.

La centralidad sindical deberá contribuir a una hegemonía alternativa, un proyecto alternativo que pueda enfrentar y sostener los embates de esa formación histórica hegemónica anti nacional, y debe verse reflejada en nuevas configuraciones institucionales.

Siempre digo que la institucionalidad, en sí misma, no es buena o mala. Por eso, debemos impulsar una reconfiguración institucional en un sentido tutelar, en beneficio de las mayorías populares. Esto, no implica ir en contra del capital ni de la producción, sino ponerle un límite a los abusos que se vienen desarrollando en beneficio de pocos, y en desmedro de demasiados.

Es el camino a una comunidad organizada. En ésta, debe haber una intervención tutelar del Estado que, promueva la acción sindical sin afectar la autonomía de dichas organizaciones. Esto es lo que entendemos por efectiva, libertad sindical y, particularmente, dentro de reglas de aplicación de la libertad sindical como el impulso a la negociación colectiva; herramienta estratégica apoyada en el modelo sindical argentino, para la industrialización.

En síntesis, la centralidad sindical ha sido ineludible para construir y reconstruir el Movimiento Nacional; tanto en el 17 de octubre de 1945 para consolidar el reconocimiento de los derechos sociales; como debe serlo en 2025 para recuperarlos, defenderlos y promoverlos.

Muchos ya perdieron sus derechos. Por eso, debemos no sólo defender lo que tenemos sino recuperar lo que perdimos, y desde allí, avanzar cada vez más hacia una sociedad más justa, más feliz; hacia una Nación soberana.

No se trata de retroceder ochenta años en el tiempo, como algunos quieren confundirnos. Se trata que, desde la centralidad sindical, el Movimiento Nacional evite que nos hagan volver mucho más atrás que ochenta años; que no nos lleven al siglo XVIII, a una lisa y llana inexistencia de derechos sociales para los que trabajan subordinados. Se trata de detener la agresión, y avanzar hacia una industrialización con justicia social.

REFERENCIAS:

* Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor universitario. Autor de diversos artículos y publicaciones.

1 Gambacorta, Mario L. (Dir.) Grupo Ofensiva Nacional Democrática: para una industrialización con justicia social. Declaraciones y documentos 2024. Buenos Aires. Publiquemos, 2025.

2 GAMBACORTA, Mario L. (2021). “Un enfoque crítico tutelar para las relaciones laborales: categoría de análisis a modo de manifiesto”, Conceptos, Vol. 96, Nº 511, pp. 73-105.
UPCN Copyrights © 2018 Todos los derechos reservados.