Resumir el origen, el desarrollo y la crisis del mundo semicolonial es todo un desafío. Quizás convenga comenzar por el final, la descomposición de la semicolonia próspera, la crisis, ese estado vegetativo y degradante de un país atado a un pacto ruin entre la oligarquía y el imperialismo británico. La descomposición es un momento de la crisis. Para aquellos que provenimos de las ciencias sociales nos resulta muy tentador caer en esquemas de interpretación teóricos como el que propone Antonio Gramsci en Cuadernos de la Cárcel cuando sentencia aquella frase que las crisis se definen como “lo viejo que no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer”. Por supuesto que los que nos enrolamos dentro del campo de los nacionales sabemos que la caracterización de la crisis también depende de un cuadro situacional, es decir, las crisis como un momento de un proceso histórico no son homologables y encuentran diferencias. En nuestro caso la década del 30 es una crisis de dominación periférica y descomposición de una clase oligárquica encargada de administrar la vida de los argentinos desde 1880.
Por tal motivo los nacionales no solo nos contentamos con definiciones europeas y acudimos al panteón del pensamiento nacional latinoamericano para profundizar un poco más. En este sentido, advertimos una intersección entre la interpretación de Gramsci en el contexto de ascenso del fascismo italiano y la decadencia de la década del 30 en Argentina señalada por Arturo Jauretche. Pero conviene advertir algunas diferencias entre ambos autores, si bien los dos parten de una crisis decadententista, en el caso de Gramsci caracterizado por el agotamiento del bloque dominante para generar consensos en torno al encubrimiento de la dominación, en el caso de Jauretche la denuncia opera en torno a cómo la mentalidad colonial sigue siendo la última frontera para la toma de conciencia acerca de la gravedad de la crisis. A la hora de analizar las respuestas o las salidas acerca de la crisis podemos identificar algunos indicadores que marcan la diferencia. Mientras que para el italiano se debe buscar una nueva construcción del bloque histórico en este caso representado por las clases subalternas, en Jauretche la alternativa se da en la identificación acerca de lo nacional, pero este sustrato ya se encuentra sostenido en los sectores populares. Éstos poseen un activo, una suerte núcleo que se logró mantener en el interior del país más allá de las pretensiones de la colonización pedagógica, es un sentido común sostenido en las necesidades reales de la cotidianeidad, un imperativo de vida necesario para reproducir la comunidad.
* Sociólogo, especialista en Pensamiento Nacional Latinoamericano, docente adjunto en la Universidad Nacional de Lanús.
En los momentos de crisis y sobre todo en América Latina la cultura toma la delantera a la hora de caracterizar la coyuntura. En Argentina con un movimiento nacional (yrigoyenismo) huérfano de conducción e incapaz de dar respuestas o de reconstruir un relato seductor para con las mayorías, podemos identificar cómo determinados resortes culturales son los encargados en caracterizar la crisis semicolonial.
Volviendo a la cultura y la década del 30 (momento de crisis si los hay) el tango es la expresión que mejor retrata este período; en aquel género se advierte el termómetro social de ese caldo de cultivo que era la Argentina de la Década Infame, atravesada por la idea de crisis económica, social y política. Las clases populares huérfanas de representación política ante el ocaso del yrigoyenismo canalizan su malestar a través del tango, es éste quien interpela y retrata la frustración y la esperanza de los argentinos, la poética y la narrativa así reemplazan la diatriba de la política.
“Las clases populares huérfanas de representación política ante el ocaso del yrigoyenismo canalizan su malestar a través del tango, es éste quien interpela y retrata la frustración y la esperanza de los argentinos, la poética y la narrativa así reemplazan la diatriba de la política.”
Es que el tango a partir de la década del 30 se reconfigura. La crisis también interpela al tango y así se va armando un círculo de retroalimentación. El declive de la semicolonia próspera, concepto desarrollado por Jorge Enea Spilimbergo, quien advirtió cómo los principales resortes de la economía se encuentran en manos extranjeras. En esa semicolonia se identifica una burguesía incipiente de talleres que es dependiente y sin creación, y una clase trabajadora en reconfiguración que no logra organizarse.
Al aumentar la dependencia con Gran Bretaña crece la crisis social, todo proyecto que tenga como horizonte el endeudamiento externo e interno tiene como correlato crisis social. Acá aparece el tango que viene a dar voz a las largas filas de argentinos que salen a buscar trabajo luego de haberlo perdido. Al aumentar la pobreza y el desempleo crece la desesperanza y la rebeldía que no es conducida políticamente, pero es representada sentimentalmente por el tango; en este hay nostalgia, sensación de derrota pasajera, pero también expresa la cuota de dignidad.
La desazón se funde en la frustración social dando paso a la marginalidad que algunos estudiosos la verán como la rebeldía. Es que Argentina busca un sujeto social. Scalabrini Ortiz también lo buscaba desde su reflexión cuando pensaba en el hombre que está solo y espera. Este último será el eslabón y galopará entre la cultura en tanto denuncia social y el ensayo político. El tango desnuda de manera visceral sin filtros y con pasión la decadencia y la corrupción argentina durante la década del 30 siendo Discépolo a través del clásico Cambalache quien mejor grafique la argentinidad del momento.
“Las clases populares huérfanas de representación política ante el ocaso del yrigoyenismo canalizan su malestar a través del tango, es éste quien interpela y retrata la frustración y la esperanza de los argentinos, la poética y la narrativa así reemplazan la diatriba de la política.”
Entrega de la soberanía implica degradación del tejido social. Mientras festejan unos pocos aliados a Gran Bretaña el pueblo encuentra su voz en el tango, un refugio de emotividad ante las injusticias, sus letras evocan la decadencia de la dirigencia política y la corrupción reinante. Es que entrega de la soberanía va de la mano siempre de corrupción política. El tango es un transmisor de conciencia compartida ante la adversidad, que logra darle sentido al alma nacional oprimida y construye una memoria crítica en clave de presente.
En parte lo mismo sucede con las artes plásticas; las largas filas de desocupados buscando empleo, el mundo del arrabal y el trabajo manual dan cuenta de este escenario de crisis. Entre los artistas plásticos se destacan Antonio Berni en su icónica obra titulada Desocupados. Otro de los artistas plásticos que nos invita a reflexionar acerca de la crisis y el mundo del trabajo fue Benito Quinquela Martín quien recrea en su obra la vida de los trabajadores portuarios, las grúas, los barcos y la comunidad que se construye en torno al puerto, el trabajo colectivo era un reparo de la dignidad nacional, en esa comunión del hombre, el esfuerzo y trabajo, se trasluce la sensación de que el trabajo fomenta a un héroe colectivo basado en la cooperación en una sociedad nacional sujeta a los designios de la entrega.
El arrabal y la periferia forman parte de la preocupación de la cultura en un contexto de crisis, hay algo que va quedando por fuera que es marginado y esto es un problema en las sociedades modernas, la cultura es un llamado de atención ante la extensión de una sociedad que va adquiriendo rasgos de anomia.
Conceptos y articulaciones conceptuales en la sociedad semicolonial.
Como siempre partimos de la noción de que los conceptos que surgen de las ciencias sociales para analizar las dinámicas de las sociedades pueden modificar su contenido y su interpretación de acuerdo con el lugar desde donde pretenden ser analizadas.
Dicho esto, advertimos que el liberalismo existe en plural, no es lo mismo si se analiza en Europa o en América. A grandes rasgos representa un orden democrático desde lo político y una sensación de libertad de comercio dentro del orden económico, es decir, una libre elección en ambos órdenes. Esta filosofía que aparece como potencia ya desde el siglo XVI, encuentra una consolidación en el siglo XIX y aparece como pensamiento único, como ordenador de las relaciones sociales. Así, el orden económico y político del liberalismo determina las relaciones sociales y las potencias que detentan “la patente” del liberalismo inician una cruzada para llevar ese ideal a nivel mundial, lo que significa la extensión de la civilización.
El liberalismo va aparecer como ideología de la dominación, quien no se entrega a ella corre el riesgo de caer en la barbarie y esto tiene consecuencias. Es aquí cuando empieza a funcionar lo que Jorge Bolívar menciona como los juegos del gran capital y las burguesías europeas que se abalanzan una carrera infernal. El liberalismo que en su correlato económico es deudor de los recursos americanos, en su etapa de consolidación busca nuevamente financiarse de América, pero ahora de manera solapada, de forma ideológica. Esta carrera que Lenin la caracterizó como el nacimiento del imperialismo es el inicio de la edad trágica como la menciona Nietzsche, donde países como el nuestro también sufrirá las consecuencias, al fin y al cabo, la Década Infame es hija de este huevo de la serpiente (liberalismo) que se gestó en el siglo XVI y que se fagocita a sí mismo a partir de la Primera Guerra Mundial.
Ese liberalismo del siglo XVI y hegemónico en la era victoriana del siglo XIX había caducado, la idea de la propiedad privada basada en el trabajo del productor libre había fenecido, el orden económico pilar del liberalismo se había trastocado con la aparición de grandes concentraciones monopólicas a nivel comercial y la reconfiguración de la banca internacional promotora de deudas ruinosas en la periferia. En ese agotamiento del mundo liberal todo se trastoca, se modifica el orden económico social, pero también la relación colonial y el vínculo con la periferia. En paralelo los coletazos del deterioro imperial se vislumbran en la aparición de la Revolución rusa, las guerras mundiales, las guerras coloniales, la lucha por la autodeterminación de las semicolonias impulsadas por la aparición de movimientos nacionales que aceleran la maduración de una conciencia nacional en la búsqueda de un nuevo sujeto capaz de empujar al abismo al imperialismo, este sujeto en nuestro caso será la clase obrera. Pero ya llegaremos a esta parte.
En el tránsito del libre mercado al monopolio también se modifica el rol del Estado en la economía, los países imperialistas se ven impulsados a un capitalismo monopolista de Estado, donde en última instancia las empresas monopolistas intervienen en las decisiones de Estado y éste es un garante del desarrollo de las empresas locales, lo que en el imperio se traduce como nacionalismo económico, en otras latitudes puede advertirse como opresión o falta de oportunidades para el desarrollo de inversiones.
Claro está que el imperio no tiene intenciones de mostrar sus trucos a la periferia y para eso despliega un aparato de propaganda que impulsa la colonización pedagógica. Cuando la periferia logra sortear las trampas de colonización pedagógica y se lanza en una carrera por resolver sus problemas estructurales lo primero que acciona es el resorte estatal para fortalecer estructuras capitalistas incipientes. Cuando esto sucede la lucha antiimperialista está en marcha.
Caracterizada la infección imperialista en nuestro país y su relación con la clase oligárquica, la única forma de enfrentar el poder opresivo era a través de una lucha que sea concreta y realista. En este punto el historiador Rodolfo Puiggros señala cuatro elementos para comprender la lucha imperial y vincularla con el ascenso del peronismo. Lo primero es la unidad del pueblo desde abajo, la reformulación del sistema democrático desde el pie por fuera del ideal democrático liberal que fue el que primó en la Argentina desde 1880 en adelante. El segundo punto para avanzar en una lucha antiimperialista es la aparición de un comando nacional con respaldo único y que contenga a las masas trabajadoras, de esta manera aparece un nuevo sujeto en escena. El tercer punto es una política interna de independencia económica, para esto es necesario un programa que tenga entre sus ítems la industrialización, la nacionalización de recursos y por último una política externa sustentada en la autodeterminación, la prioridad del interés nacional único interés comunitario sobre los particularismos.
En esta estrategia que acompañará el crecimiento en la década del 40 conviven dos luchas o tácticas emancipadoras que se resumen en la idea de que la liberación nacional sólo se realizará con la emancipación social. De esto se desprende que para que el imperialismo pueda hacer un coto de caza de nuestro país sólo es posible gracias y puramente a la bienvenida que le brinda la oligarquía vacuna. En el esquema teórico de Puiggros la variable determinante para comprender la dominación son las contradicciones internas. Siguiendo esa línea y utilizando la paleta teórica de Gustavo Cirigliano las contradicciones internas en determinado momento explican cómo prima el modelo del anteproyecto, lo cual significa la consolidación de la dependencia sobre la autodeterminación.
El sujeto de este anteproyecto generalmente surge de las minorías y va construyendo un tejido legal y jurídico que refuerza la dependencia, mientras tanto la mayoría de la nacionalidad padece el anteproyecto, la esclavitud es su ideal del antiproyecto y esto no es más que la negación del persona, se termina anulando así las capacidades de un pueblo, se le niega cualquier legado y propósito, se le resta identidad y pasado histórico, en este esquema no existe posibilidad de revertir la situación de esclavitud, existe la casta, si tu abuelo fue esclavo, vos y tus nietos lo serán. El anteproyecto prioriza la especulación sobre el trabajo, esto es la exacerbación de la lógica financiera sobre el desarrollo productivo. Cuando impera el anteproyecto el trabajo y el trabajador están en peligro, la traducción es desocupación y marginalidad, el cóctel explosivo de la década del 30 que el peronismo viene a revertir a partir de 1943.
Lo interesante es cómo un fenómeno histórico nació con la capacidad de explicar y operar sobre la realidad y luego se convirtió en una alternativa civilizatoria que dejó huellas en la historia de la humanidad.
Y en eso llegó el peronismo.
El peronismo recibió una gran cantidad de caracterizaciones que varían de acuerdo con la disciplina, a la institución que las brinda o al sujeto emisor. Lo interesante es cómo un fenómeno histórico nació con la capacidad de explicar y operar sobre la realidad y luego se convirtió en una alternativa civilizatoria que dejó huellas en la historia de la humanidad. Generalmente los argentinos somos adeptos a enorgullecernos con los compatriotas que son reconocidos a nivel mundial y han dejado una huella, por mencionar a los dos más importantes Diego Maradona y el Papa Francisco. Sin embargo, no nos damos margen para reflexionar acerca de una nueva propuesta civilizatoria basada en la igualdad, la justicia social, la soberanía y la comunidad, el recorrido es sencillo de lo particular a lo general, así fue el tránsito del peronismo.
Lo interesante es que al nacer sin pretensiones de universalidad el peronismo no se definió por el elemento ideológico, al pronunciarse por las tareas nacionales a resolver lo determina la realidad, en nuestro caso la descomposición semicolonial. Aquí yace la diferencia entre pensamiento ideológico y el realista, el primero como dice Jorge Bolívar es abstracto y sellado, no tiene margen para alimentarse de otras experiencias y realidad, está hecho de rigidez teórica, se destacan como formulaciones ideológicas, el liberalismo, el socialismo, el fascismo, ideologías de la iluminación de ahí que desde sus conglomerados más radicales se destaca la idea de vanguardia.
A pesar de nacer todos desde el pensamiento europeo se presentan como universales, este rasgo que los motivó a anular la aparición de cosmovisiones alternativas emanadas del Tercer Mundo, como fue el caso del peronismo, por ejemplo tanto el liberalismo o el socialismo en Argentina, verdaderos duplicadores de ideologías europeas se encargaron de restarle importancia al peronismo por no ser una ideología nacida en Europa, para estas ideologías las usinas del pensamiento político sólo residen en Europa, al fin y al cabo no es más que una forma de llevar el axioma civilización o barbarie a la disputas por las teorías políticas, todo lo que no es ideología europea más allá del alineamiento izquierda o derecha queda ubicado en el lugar de barbarie.
“Lo interesante es cómo un fenómeno histórico nació con la capacidad de explicar y operar sobre la realidad y luego se convirtió en una alternativa civilizatoria que dejó huellas en la historia de la humanidad.”
El error de este enfoque se da en la pereza analítica de no comprender que las teorías y praxis que son trascendentales en la región son aquéllas que se enfocan en la liberación nacional, es decir, en el flagelo que azota a la mayoría del cuerpo social. Las ciencias sociales al reflexionar en clave ideológica no se dieron la posibilidad de pensar distinciones y prioridades, quedaron atrapadas en la universalidad en lugar de comprender elementos situados que enriquecerían al debate; priorizaron la abstracción, el deber ser de la teoría y así el libro construyó la realidad, para que la revolución triunfe el sujeto de ésta tendría que ser un obrero industrial con un alto grado de conciencia capaz de leer el Manifiesto Comunista en alemán. El pensamiento de la periferia bajo formato de doctrina invierte el orden, así, el pensamiento va detrás de la realidad, de ésta última hacia el libro, la doctrina es flexible y acumulativa, se construye por varias manos que forman parte de la experiencia del pueblo, la doctrina es la forma en que se organiza el pensamiento en culturas mestizas, parafraseando a Silvio Rodríguez es un sueño que se hace a mano sin permiso a lo que agregamos sin corset y policías del pensamiento.
Pero este pensamiento estratégico también necesita de una conducción y no de un liderazgo como el pensamiento ideológico. Nadie puede negar que el peronismo es un punto de quiebre en el proceso histórico nacional. Desde una interpretación dialéctica fue la culminación de una etapa que desnudó las contradicciones internas facilitadas por cambios en el escenario internacional. En su esquema de interpretación Rodolfo Puiggros identifica cuatro factores que posibilitan la emergencia del fenómeno. En primer lugar, el crecimiento de las fuerzas productivas, aumento del desarrollo industrial que tiene su origen en la década del 30 cuando se inicia un proceso forzado de sustitución de importaciones. El segundo elemento poco trabajado por los historiadores del movimiento obrero es que la década del 30 coincide con un momento de agudización de la lucha de clases a diferencia de lo que plantean historiadores que estudiaron el peronismo, la clase obrera no llega huérfana al peronismo sino con un desarrollo elevado de la conciencia de clase que lo ubica en un lugar de maduración en sus perspectivas. El tercer elemento forma parte de las discusiones clásicas en la puja entre izquierdas nacionales e internacionales, Puiggros heredero de la primera tradición considera que la clase obrera eligió al peronismo como mejor opción en un contexto que podría haber elegido otra salida, pero que, producto de su maduración y de la lectura sobre el comportamiento de las izquierdas decidió por el peronismo. Y el cuarto elemento quizás resume el desenlace de la maduración de este período, esto significa el despertar de la conciencia nacional de gran parte del tejido comunitario, entre los que se destacan el Ejército e intelectuales. La idea de frente antiimperialista da vuelta en torno a este elemento.
De a poco nos vamos acercando al vínculo entre trabajo y peronismo, aunque ya dimos algunos elementos que van dando cuenta de esta relación. Ahora detengámonos brevemente en la idea de Estado peronista, en primer lugar, establecer la aclaración que el peronismo dentro de su proyecto de realización no fue estadocéntrico, simplemente debió reorientar el rol del Estado en la economía a través de un proceso de planificación y desarrollo territorial, como también debió avanzar en un proceso de nacionalización de diferentes resortes necesarios para el desarrollo de la soberanía económica. Ante la ausencia o la debilidad de la burguesía nacional el Estado peronista debió completar viejas tareas nacionales en economía. Así tanto la planificación como las nacionalizaciones significan el primer paso necesario para revertir la condición semicolonial. Son planificaciones y nacionalizaciones que no se desprenden de un relato ideológico, sino de las necesidades y de la realidad, no están escritas en un libro, sino que son decisiones fruto de un análisis de una generación que posibilitó la emergencia del peronismo que estudió y convivió con problemas concretos. Para mencionar un ejemplo, el impulso que dio el peronismo a la extensión de la ruta nacional 40 y la centralidad que le otorgó a Vialidad Nacional, por mencionar iconos que se vinculan con la planificación desde una perspectiva realista.
El realismo de la necesidad nos lleva a pensar inmediatamente en cómo el nacionalismo popular en este caso expresado por el peronismo logró por primera vez representar a las mayorías producto de una comprensión histórica sobre éstas, esto es, sus problemas concretos. El peronismo significó la maduración de un clima de ideas que se venía gestando desde 1930. En su preocupación y en la tendencia a jerarquizar la relevancia de la acción política también se encuentra atravesada aquella máxima de Scalabrini Ortiz “volver a la realidad es un acto de heroísmo” este imperativo significó que, por primera vez una fuerza política con voluntad de cambio en la vida de la mayoría se imponga a las agendas de minorías que decían representar a aquellas, pero que se encontraban envueltas desde hacía mucho tiempo en discusiones tales como el apoyo a tal o cual potencia, cuando los problemas de los argentinos lejos estaban de ser parte de esas agendas.
El peronismo debería también ser caracterizado como la política del encuentro, es que en él se logró sintetizar experiencias que en ningún otro momento de la historia habían logrado amalgamarse. A las características de la espontaneidad de la conciencia de lo inmoral y de la injusticia desarrollada en la década del 30 por los sectores populares y que ninguna fracción de izquierda logró capitalizar, el peronismo imprimió a esas características el sello del nacionalismo, se dio en la tecla: el problema del ciclo histórico argentino es la dependencia. Así como el peronismo comprendió que sin sujeto el programa carecía de intérprete y de defensa, el movimiento obrero entendió que sin el nacionalismo y sin programa el encono y espontaneidad contra lo inmoral no podían canalizarse. Ese es el punto de encuentro que posibilitó la experiencia más seria en términos políticos en América Latina, de mayor extensión en el tiempo, de mayor profundidad en sus cambios, y sin proponérselo se constituyó en una filosofía humanista que concibió un nuevo proyecto civilizatorio.
Así como el peronismo comprendió que sin sujeto el programa carecía de intérprete y de defensa, el movimiento obrero entendió que sin el nacionalismo y sin programa el encono y espontaneidad contra lo inmoral no podían canalizarse. Ese es el punto de encuentro que posibilitó la experiencia más seria en términos políticos en América Latina, de mayor extensión en el tiempo, de mayor profundidad en sus cambios, y sin proponérselo se constituyó en una filosofía humanista que concibió un nuevo proyecto civilizatorio.
“Lo interesante es cómo un fenómeno histórico nació con la capacidad de explicar y operar sobre la realidad y luego se convirtió en una alternativa civilizatoria que dejó huellas en la historia de la humanidad.”