El 17 de octubre marcó un cambio en la vida política de Argentina que excede al hecho histórico en sí. Esta movilización y sus efectos dieron lugar al conmemorado día de la lealtad y marcaron una impronta de hacer política desde nociones polisémicas como masa, pueblo, multitud, colectivos, grandes mayorías, etc. Es decir, es la entrada definitiva de la Argentina al siglo XX. Aquello que Ortega y Gasset analizaba en su obra al decirnos que el siglo XX es el siglo de las masas y como:
“La muchedumbre, de pronto, se ha hecho visible, se ha instalado en los lugares preferentes de la sociedad. Antes, si existía, pasaba inadvertida, ocupaba el fondo del escenario social; ahora se ha adelantado a las baterías, es ella el personaje principal. Ya no hay protagonistas: sólo hay coro.
El concepto de muchedumbre es cuantitativo y visual. Traduzcámoslo, sin alterarlo, a la terminología sociológica. Entonces hallamos la idea de masa social.” 1
La entrada a este siglo XX significó la realización de varios 17 de octubre o “los” 17 de octubre del peronismo en donde el protagonista era la muchedumbre visibilizada. Desde el Cabildo Abierto Justicialista de Eva Perón en 1952, el Cordobazo en 1968, el retorno de Perón en 1973 y su posterior triunfo electoral. El listado no se reduce a una enumeración o delimitación temporal. Por el contrario; éste se extiende hasta la crisis de 2001. En tanto, que en estas instancias la denominada masa social se hizo visible en su reclamo y marcó un acontecimiento. A razón de esto surge el postulado propuesto por Eva Perón en su lectura de la historia:
“En la primera clase que di en esta Escuela, para demostrar lo que es la historia universal – que no es más que la base de dos historias: la de los grandes hombres y la de las grandes masas-, dijimos que los individualistas creen que la historia se basa solamente en los grandes hombres y que los colectivistas prescinden de los grandes hombres y creen en las grandes masas.
Pero nosotros tenemos nuestra tercera posición.”
Sin embargo, la masa social debe pasar de lo cuantitativo a lo cualitativo (de masa a pueblo):
“La historia de los pueblos no es más que la larga enumeración de los esfuerzos con que las masas humanas tratan de convertirse en pueblos. Este punto merece una aclaración especial, puesto que yo tengo un punto de vista con el cual creo que todos ustedes coinciden, en cuanto a la distinción de masa y de pueblo.” 3
Justamente en su exposición se dará cuenta de la importancia del encuentro entre la conducción y el pueblo. Pero, esta posición no estará exenta de críticas en esta relación establecida entre conducción-pueblo.
Estas críticas establecidas en posiciones contrarias y antagónicas encierran un mismo prejuicio al analizar la autenticidad de esta relación. En igual medida el liberalismo demo-burgués y la tradición marxista comparten un prejuicio ilustrado al momento de analizar la toma de decisiones políticas de esta masa deviniendo pueblo. En tanto, en ambos casos prima la noción de la ilustración de un juicio crítico donde la “conciencia” racional permite liberar al sujeto de la ignorancia. Es decir, desde el sapere aude de Immanuel Kant a la “falsa conciencia” de Karl Marx4; la razón es el nexo común que nos liberará de los tiranos que imponen la finalidad de las ideas como ideología. En nuestra tradición marxista resalta como crítico, la noción de “Bonapartismo” analizada por Milcíades Peña. El “Bonapartismo” se refiere a un régimen político en el que el poder del Estado se eleva por encima de las clases en pugna (burguesía y proletariado), actuando como árbitro aparente para mantener el orden social. Este tipo de régimen busca cooptar y desmovilizar al movimiento obrero, integrándose en las estructuras del Estado.
La praxis revolucionaria de base y mediante una conciencia de clase de las relaciones de producción permitirá a la clase trabajadora dar cuenta de su error. En similitud, el liberalismo demo-burgués asimilaba nuestra línea histórica bajo el adjetivo de “tirano” de Juan Manuel de Rosas a “tirano prófugo” por Juan Domingo Perón5, quién será visto como un manipulador y demagogo que atenta contra las instituciones legalistas y formalmente republicanas del Estado6. Esta crítica se realiza desde la denuncia de una demagogia, a partir de la obtención material de beneficios como práctica clientelista y personalista del poder. Finalmente, el término conceptual utilizado de manera posterior será el de populismo para criticar desde ambos marcos teóricos a la relación entre la conducción y el pueblo, junto a sus formas de relacionarse para la construcción del poder político.
Ahora bien, la realidad persiste y es superior a la idea, más allá de los supuestos manipuladores de la ideología y las masas. Tal como se comentó al comienzo, los 17 de octubre son inherentes al pueblo concentrado y movilizado. Esto nos demanda retomar el sendero de la pre-compresión de esta relación entre conducción-pueblo; para desde allí abordar sus críticas histórico-políticas. Esto significa revisar las concepciones metafísicas inherentes a estos planteos histórico-políticos, para desde su destrucción7 poder devolver la relación vital y auténtica a los octubre por devenir. Entonces ¿cuál es el prejuicio común a combatir?
En su sentido más intuitivo la conducción es aquella unidad o Uno que se relaciona con la multiplicidad de la masa social que, aunque reunidas siguen siendo heterogéneas en las cuestiones surgidas de su contexto. Es decir, el problema es sobre la relación entre lo Uno y lo múltiple. La historia de la filosofía es el devenir del problema de la verdad y de lo real. En tanto, Platón planteó una correlación entre los grados de ser y los grados de conocer como una escala de la verdad y lo real que en extrapolación al ámbito ético-político también definió tipo de gobiernos y su vicio8. En el análisis de estas dicotomías, en su sentido más llano, hay dos ámbitos: el de las ideas o formas y el de lo múltiple o sensible. Estos ámbitos se vinculan mediante la participación de lo sensible en lo inteligible. Ahora bien, lo múltiple entendido como lo heterogéneo y cambiante debe estar subsumido a la unilateralidad de lo Uno que funciona como fundamento, principio y trascendencia en relación a las ideas y estas a su vez sobre lo sensible. Ahora bien, el objetivo de este breve repaso por el platonismo básico nos encamina a la pregunta por el status ontológico de lo múltiple que se asienta en el ámbito de lo sensible y la materia que en analogía da cuenta de la indeterminación de aquella masa social entrando al siglo XX.
La indeterminación última de la materia se da en la presencia reunida de cada posible ente individual. En tanto, los individuos son en número infinito, no poseen los atributos de la identidad y universalidad; del cual solo pueden participar. Justamente, Paul Ricoer en su obra “Ser Esencia Y Sustancia En Platón Y Aristóteles” nos dice:
“La gran diferencia entre Platón y Aristóteles no concierne a la cuestión del individuo, sino a la de la forma, que no es ya un universal trascendente, sino una quididad inmanente. Pero lo real aristotélico no es menos inmutable que lo real platónico, aunque sea inherente a las cosas mismas. La octava aporía tiende entonces a una reinterpretación de la forma en los términos de la Física y no en una determinación ontológica del individuo como tal. La octava aporía apunta a desprender, entre la Idea platónica que es universal y los individuos, formas inmanentes que estén en lo sensible sin ser sin embargo lo sensible; (...) Toda filosofía de las “formas” conduce a esa clasificación del por sí y de lo accidental; quizá es la dificultad mortal que invita a una revisión desgarradora de ese género de filosofía. Así pues hay que guardarse de todo entusiasmo por una solución demasiado clara de esta paradoja en una filosofía que nunca ha reflexionado ni sobre el estatuto legal de las personas en relación con la naturaleza, ni sobre la singularidad como acontecimiento, como innovación, en la naturaleza misma“ 9
Esta limitación se repitió durante la filosofía medieval del cristianismo en relación con la figura teología de Dios y el legado cristiano de la subjetividad, hasta el cogito o sujeto postulado por Rene Descartes. Aunque, durante la ilustración se buscó una filosofía crítica de la metafísica antigua y medieval se replica el error de subsumir de manera abstracta, extrínseca y unilateralmente a lo múltiple, bajo la lógica de la filosofía de las “formas” y sus fines clasificatorios. De allí, la brecha entre los ideólogos de la idea y la realidad de lo múltiple manifestándose como masa indeterminada. Ya que la indeterminación es consecuencia de una falta de comprensión de su status ontológico según los siguientes postulados:
• Pluralidad infinita y por eso ininteligible.
• Su propia materia designa su inacabamiento, es decir su aptitud para devenir otro.
• Contingencia de la cual dan constancias fácticas diferentes perversiones, monstruosidades y desórdenes.
Para poder volverlo inteligible es necesario determinarlo a algo distinto a su ámbito y atributos. Las consecuencias políticas de estos prejuicios ontológicos derivan en primer lugar en el descreimiento de la posibilidad de organización o las tomas de decisiones en relación a la conducción de un proyecto.
En contraposición, en la actualidad, el status de la individualidad, en el ámbito último de la materia y según lo citado “el estatuto legal de las personas en relación con la naturaleza, ni sobre la singularidad como acontecimiento, como innovación” se enmarca en el análisis de la “diferencia” ontológica. Esta reformulación del problema busca liberar al ser de su condición de fundamento del ente, subsumiéndolo en el devenir como acontecimiento y diferencia. En donde, se abandona la lógica de la falta y definición por la negativa, en busca de afirmar la singularidad y la voluntad de creación. Por lo tanto, si el ser no está fijado en formas universales, sino que es un proceso del devenir, y si la singularidad y el acontecimiento son primarios, entonces lo "múltiple" (la masa) ya no es visto como intrínsecamente indeterminado o caótico, sino como un sitio de potencialidad.
En este nuevo marco teórico es desde donde se orientó la renovación de los estudios del populismo. Ernesto Laclau se destacó al criticar el error de las ciencias sociales al estudiar este fenómeno y analizarlo desde esta nueva reformulación ontológica. En su
9 Ricoeur, P. (2014). Ser, esencia y sustancia en Platón y Aristóteles. Siglo XXI Editores México. pág- 213.
obra dentro del concepto Gramsciano de hegemonía10, el autor plantea que esta es concebida como una capacidad contingente que puede ser organizada por múltiples ejes desde singularidades que dan cuenta de una politización o práctica política de articulación discursiva (desde el ecologismo, el feminismo, movimientos sociales, etc.). Esto lo realiza en contraposición a las determinaciones economicistas del clasismo marxista que justamente derivan en el análisis del Bonapartismo. Esta organización de lo múltiple es un proceso de identificación desde su diferencia específica o singularidad, pero en donde el populismo o la relación conducción-pueblo opera como "frontera" política entre el campo del poder y el campo popular. En esta “frontera” se articulan diversas demandas sociales particulares, bajo la categoría de “populares”. Cuyo término se sobredetermina semánticamente y se cristaliza como calidoscopio en una imagen heterogénea y ausente de contenido específico en donde se proyecta una representación de la totalidad social. Esto se hace desde la afirmación y desde una multiplicidad afirmada en su singularidad y lo auténtico a sus demandas.
Este proceso tiene como consecuencia que ese elemento unificador o Uno culmina siendo un “significante vacío” y flotante. En el cual la significación de los elementos discursivos está en constante disputa (por ejemplo, la noción hoy en día de libertad). Ahora bien, la propuesta del autor permite superar planteos del Marxismo tradicional respecto a cierto clasicismo esencialista de las condiciones materiales de existencia. Pero, en esta disputa política por la hegemonía no se renuncia a la necesidad de la lucha entre antagonismos. Ya que en la unión heterogénea del significante vacío, que se necesita para su reafirmación identitaria. Esta se realiza por la negativa o negatividad de exclusiones (amigos que aman y enemigos que odian, o como se resumió hace tiempo atrás “el amor vence al odio”), que para su propia subsistencia no puede alcanzar un discurso totalizador y representar la plenitud de la sociedad. Esta afirmación culmina en un antagonismo o negatividad infinita que reproduce los errores de las ontologías criticadas.
Este error es el de abstracciones que derivan en dualismo donde la idea se vuelve superior a la realidad. La negatividad que plantea la oposición es una negatividad abstracta y extrínseca desde un entendimiento que busca ordenar lo real para fines propios. Pero que en su imposibilidad de síntesis termina avanzando hacia la nada o nihilismo por su imposibilidad de creación y desarrollo concreto.
Este punto se vuelve central al momento de entender la propuesta conceptual que Juan Domingo Perón propone “predicar” como idea y que será necesario analizarla en la mediación entre conducción-pueblo. Este concepto es el de comunidad en donde se pone en cuestión la necesidad en sí de esta lucha infinita por la hegemonía. Para ir en busca de los elementos conciliadores que aseguren el desarrollo de la comunidad y la satisfacción de estas demandas. Esto se expresa del siguiente modo:
“No existe probabilidad de virtud, ni siquiera asomo de dignidad individual, donde se proclama el estado de necesidad de esa lucha que es, por esencia, abierta disociación de los elementos naturales de la comunidad. Al pensamiento le toca definir que existe, eso sí, diferencia de intereses y diferencia de necesidades, que corresponde al hombre
disminuirlas gradualmente, persuadiendo a ceder a quienes pueden hacerlo y estimulando el progreso de los rezagados.” 11
A su vez, en relación con la cuestión del significante vacío y flotante, lo que priman son las ideas como marco para la finalidad política. Es decir, no hay un “significante vacío” Hay un desarrollo teórico y análisis del contexto para la “predica”:
“Una revolución necesita una preparación humana y una preparación técnica que no se puede improvisar porque deben ser la base de su realización.” 12
En esto aparece como mediación o proyecto de esta relación entre conducción-pueblo la noción de comunidad, como una totalidad a organizar. La pregunta es ¿Qué nos distingue de los marcos teóricos ontológicos en disputa? ¿Cómo es el paso posterior de la organización sin caer la bajada de línea de significantes vacíos? También ¿cómo se manifiesta el paso de la cantidad (masa) a la cualidad (pueblo)?
La primera cuestión a retomar, para poder desarrollar nuestra propuesta, es recordar que desde la propuesta de Ernesto Laclau, la multiplicidad se relaciona extrínsecamente con el signo al cual establece la relación de identificación y en la reunión de la diversidad en ese signo, se diluían los conflictos en la lucha contra el antagonismo propuesto. Es decir, se homogeneizó. Ahora bien, este conflicto es inevitable, en tanto es inherente a la relación intrínseca de estas diversidades en su singularidad. Ya que, eliminar estas mediaciones en tensión es una ilusión de homogeneización, o se vuelve también una dualidad incomunicada y definida mediante reduccionismo. El punto de partida será entonces, no el plano de la trascendencia hacia un significante vacío, sino las determinaciones inmanentes que constituyen los atributos y modos de existencia de las singularidades de la masa social; que en este plano de la inmanencia se encuentran en continuas relaciones diferenciales que los vinculan más allá de las relaciones empíricas vistas. Este conflicto es el que en la constitución de la relación conducción-pueblo se busca organizar, pero manteniendo el status ontológico de la singularidad. Continuando las revisiones a ciertos limitantes de Ernesto Laclau, se utiliza el análisis del filósofo argentino Julián Ferreyra quien en su análisis de lo múltiple nos dice:
“Una multiplicidad deleuziana no es un conjunto de elementos ligados por relaciones extrínsecas. Los elementos de la Idea no son átomos, sino pliegues minúsculos que no cesan de hacerse - deshacerse. (...) La materia concebida como textura infinitamente porosa plagada de pliegues permite comprender de qué manera las relaciones singulares en la Idea pueden encarnarse en determinaciones empíricas.” 13
Entonces solo se existe en la relación y de allí los elementos de creación de toda comunidad, en tanto esta es el universal de toda relación social. La pregunta posterior es sobre el contenido, los modos y costumbres de lo que se encuentra en esos pliegues superpuestos, pero diferenciales del todo social. Justamente, la “prédica” tiene su éxito en base al éxito de la interpretación de las demandas en el movimiento de pliegues sobre los cuales la conducción-pueblo se posiciona. En estos movimientos, lo identificable siempre serán los símbolos que habitamos en los pliegues y que nos sirven como experiencia común de lo nuestro. Desde ese horizonte, la propuesta a pensar, para los octubre por devenir; es lo planteado por Carlos Cullen14 desde la paradoja de la dialéctica “conductor conducido”. Aquí, la multiplicidad como pueblo conserva su status ontológico y tiene un contenido semántico producto de su estar siendo cultural. El cual vive en su inmediatez a la cual renuncia en un desdoblamiento de su conciencia para la toma de decisiones políticas. Justamente, el pueblo como conductor va más allá de la inmediatez e instala el diálogo a partir de su cultura o símbolos derivados de su estar siendo autoconsciente. Sin embargo, el pueblo como conducido teme abrirse a la historia en su apego a la inmediatez y al pasado. Para organizar al pueblo en comunidad será necesario la confianza en que se sabe autoconducción. Debido a que se encuentra en la siguiente condición:
• Conductor depende de lo conducido para relacionarse con los símbolos de su misma comunidad.
• Conducido tiene relación inmediata de elaboración y comunicación con estos mismos símbolos, aunque depende del conductor para liberar su sentido y realización concreta.
En síntesis, la conducción y el pueblo no son asuntos separados, por el contrario, es el mismo proyecto en movimiento, pero desdoblado en diferentes momentos del devenir histórico. Por lo cual, retomando la cita de Eva Perón, el encuentro es en sí el reconocimiento de su desdoblamiento y en caso del temor de sus críticos de los denominados populismos. En última instancia con menos ruidos en las urnas o con más ruido en las calles físicas y digitales, será el pueblo quien hace sonar el escarmiento de su reconocimiento en defensa de esa inmediatez cultural y simbólica que habita como comunidad a organizar en busca de proyectarse.
* Delegado UPCN-Senasa, Profesor de Filosofía
REFERENCIAS
1 Gasset, J. O. (1964). La rebelión de las masas. Revista de Occidente. Recuperado de: https://www.academia.edu/37230391/LA_REBELI%C3%93N_DE_LAS_MASAS . pág- 17.
2. Perón, Eva. (1999). Historia del peronismo. Fundación pro Universidad de la Producción y del Trabajo. Recuperado de https://dn790007.ca.archive.org/0/items/EvaPeronHistoriaDelPeronismo/Eva%20Peron%20-%20Historia%20del%20peronismo.pdf (Obra original basada en clases de 1951). pág-23.
3. Perón, Eva. (1999). Historia del peronismo. Fundación pro Universidad de la Producción y del Trabajo. Recuperado de https://dn790007.ca.archive.org/0/items/EvaPeronHistoriaDelPeronismo/Eva%20Peron%20-%20Historia%20del%20peronismo.pdf (Obra original basada en clases de 1951). pág-35.
4 La referencia alude a una línea de pensamiento fundamental en la filosofía occidental que postula la razón como el motor principal para la emancipación del individuo de la ignorancia y la opresión. Por un lado, se evoca el "Sapere aude" de Immanuel Kant, el lema de la Ilustración. Kant defendía que la razón es la herramienta fundamental para que el ser humano salga de su "minoría de edad", es decir, de la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la guía de otro. Para Kant, atreverse a pensar por uno mismo, a ejercer el juicio crítico, es un acto de liberación individual y social frente a dogmas y autoridades impuestas. Por otro lado, se menciona la "falsa conciencia" de Karl Marx. Aunque desde una perspectiva socioeconómica, Marx también veía en la razón la clave para desvelar las estructuras de dominación. La "falsa conciencia" se refiere a la adopción de ideas y valores que benefician a la clase dominante, y que impiden a los oprimidos reconocer su propia situación y sus intereses reales.
5 Luego del golpe de Estado realizado en 1955, los principales diarios de Argentina se referían de ese modo al exiliado Juan Domingo Perón. Ya que, toda la simbología y nombre propio del partido Justicialista se encontraba proscripto.
6 El gobierno peronista (1945-1955) planteó una transformación de la Argentina surgida en la tradición liberal conformada en la constitución de 1853. Justamente en su reforma constitucional de 1949 se reformulan desde su tercera posición varios principios del orden liberalismo demo-burgués para plantar un constitucionalismo social que redefinió el rol estatal. Estableció un Estado activo y regulador que garantiza la función social de la propiedad, el capital y la actividad económica, incorporando la nacionalización de recursos naturales y servicios públicos. Además, de otorgar rango constitucional a una amplia variedad de derechos sociales.
7 En su obra Ser y Tiempo, Martin Heidegger aborda la "destrucción de la metafísica" no como una aniquilación o un rechazo total de la tradición filosófica occidental, sino como un desmantelamiento crítico. Esta "destrucción" heideggeriana busca deconstruir los supuestos implícitos y las categorías que han velado la pregunta fundamental por el sentido del ser.5 Luego del golpe de Estado realizado en 1955, los principales diarios de Argentina se referían de ese modo al exiliado Juan Domingo Perón. Ya que, toda la simbología y nombre propio del partido Justicialista se encontraba proscripto.
8 La principal obra de Platón fue la República. En la cual, la realidad y la forma en que la conocemos se reflejan directamente en la organización de la sociedad y los gobiernos. Así, los diferentes tipos de gobierno que describe (aristocracia, timocracia, oligarquía, democracia y tiranía) no solo representan distintas formas de organización política, sino que también encarnan un vicio particular o una desviación de lo que él consideraba el gobierno ideal.
10. Antonio Gramsci, pensador marxista italiano, desarrolló la noción de hegemonía para explicar cómo la clase dominante mantiene su poder no solo a través de la coerción, sino también mediante el consenso y la dirección moral e intelectual sobre las clases subalternas. Esto implica la construcción de una visión del mundo que se presenta como natural y universalmente aceptada, a pesar de representar intereses particulares. Laclau fue más allá de la interpretación clasista de Gramsci. Para Laclau, la hegemonía no se limita a la dominación de una clase sobre otra, sino que es un proceso mucho más complejo y contingente de articulación de demandas diversas que, en un momento dado, logran construir una cadena de equivalencias y presentarse como la representación de la "totalidad" social.
11. Perón, J. D. (2014). Perón: la comunidad organizada (2a ed.). Biblioteca del Congreso de la Nación (Argentina), Subdirección Estudios y Archivos Especiales. Recuperado en: https://bcn.gob.ar/uploads/Peron-comunidad-organizada.pdf . pág-123.
12 Perón, J. D. Revolución Justicialista (1a ed.) Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Punto de encuentro, 2021. pág-45.
13 Ferreyra, Julián, Danzas turbulentas: Hegel y Deleuze (1a ed). Adrogué, La Cebra, 2022. pág-43.
14 Carlos A. Cullen, Fenomenosofía de la crisis moral: la sabiduría de la experiencia de los pueblos (1a ed). Buenos Aires. Las Cuarenta, 2015.pág-32 a 35.
Bibliografía
• Gasset, J. O. (1964). La rebelión de las masas. Revista de Occidente. Recuperado de: https://www.academia.edu/37230391/LA_REBELI%C3%93N_DE_LAS_MASAS .
• Perón, Eva. (1999). Historia del peronismo. Fundación pro Universidad de la Producción y del Trabajo. Recuperado de https://dn790007.ca.archive.org/0/items/EvaPeronHistoriaDelPeronismo/Eva%20Peron%20-%20Historia%20del%20peronismo.pdf (Obra original basada en clases de 1951).
• Ricoeur, P. (2014). Ser, esencia y sustancia en Platón y Aristóteles. Siglo XXI Editores México.
• Perón, J. D, Revolución Justicialista (1a ed).Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Punto de encuentro, 2021. pág-45.
• Perón, J. D. (2014). Perón: la comunidad organizada (2a ed.). Biblioteca del Congreso de la Nación (Argentina), Subdirección Estudios y Archivos Especiales. Recuperado en: https://bcn.gob.ar/uploads/Peron-comunidad-organizada.pdf .
• Carlos A. Cullen, Fenomenosofía de la crisis moral: la sabiduría de la experiencia de los pueblos (1a ed). Buenos Aires. Las Cuarenta, 2015
• Ferreyra, Julián, Danzas turbulentas: Hegel y Deleuze (1a ed). Adrogué, La Cebra, 2022.
• Laclau, Ernesto. 2005. La razón populista, Buenos Aires y México: FCE.