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Triángulo organizacional y pentágono de la representación sindical

 28/07/2022   161
Triángulo organizacional y pentágono de la representación sindical

Teniendo en cuenta que el fin de sindicato es lograr que el trabajo intervenga como actor en el conflicto laboral, ganando poder de negociación, entonces la organización sindical tiene que apoyarse en tres grandes vértices: A) Representatividad; b) Acción directa; c) Negociación colectiva. A su vez estos tres grandes pilares quedan reducidos a la nada sin recursos económicos. La recaudación se convierte así en la base sobre la que se apoya el triángulo organizacional. Nos concentramos en este artículo en el vértice superior del triángulo organizacional del sindicalismo: la representatividad.

La representatividad sindical 
¿Por qué representatividad y no representación? El sindicato es una organización representativa y participativa a la vez. El sindicato representa al trabajo frente al capital y el Estado, es la voz del trabajo (Freeman-Medoff). Pero el sindicato no se limita a representar al colectivo laboral, sino que además organiza a las trabajadoras y trabajadores que lo integran, para participar personalmente en la acción directa, principalmente la huelga pero no sólo la huelga, que es la base de su poder. 

Por lo tanto el sindicato representa al colectivo laboral, pero para ser eficiente en esa representación debe ser representativo. La representatividad no es un hecho automático y precisa ser organizada y construida. La representatividad requiere prestar atención a tareas vitales para un sindicato, como la afiliación, la presencia en los lugares de trabajo, la militancia, el conocimiento de los deseos e intereses del colectivo laboral, etc.

La representatividad de clase 
Históricamente la representatividad sindical se constituyó como una representatividad de clase. Los sindicatos representan a la “clase trabajadora”, es decir representan al factor trabajo en la economía. Recordemos que tradicionalmente la actividad económica tiene tres factores de producción: el trabajo (cuya retribución es el salario), el capital (cuya retribución es la ganancia) y la tierra (cuya retribución es la renta). Pues bien, los sindicatos representan al factor trabajo

Si bien la representatividad sindical está referida a la “clase trabajadora”, en los hechos la mayoría de los modelos sindicales del mundo organizaron la representación laboral por ramas de la economía, por oficios o por empresas, a nivel local, provincial, nacional o global. 

De este modo, cada sindicato representa a un sector de la “clase trabajadora”, quedando la representación del conjunto nacional en cabeza de la central sindical nacional (o centrales cuando hay más de una), mientras que la representación de los trabajadores y trabajadoras del mundo queda en cabeza de las dos centrales sindicales mundiales (CSI y FSM). 

La representatividad de clase, sin embargo, ha demostrado no ser suficiente para que un sindicato sea considerablemente representativo. Hace décadas que las trabajadoras mujeres, en consonancia con el movimiento feminista, vienen señalando y reclamando por la escasa presencia de mujeres en los cargos directivos sindicales, y la inadecuada representación por parte de los sindicatos, de los derechos, problemáticas y situaciones específicas de las mujeres trabajadoras. De este modo la representatividad sindical debe medirse a partir de una doble vara: la representatividad de clase y la representatividad de género. 

La representatividad de género 
La cuestión de la representatividad de género ha tomado gran importancia en el sindicalismo actual, con medidas de alto impacto como los cupos femeninos, las secretarías de género, el lenguaje inclusivo, la perspectiva de género y más recientemente los protocolos contra la violencia de género. 



La problemática de la representatividad no se agota en la clase y el género, que constituyen la médula de la misma. Los sindicatos suelen prestar atención a otros aspectos de la representatividad, que pueden volverse cruciales, como la edad, promoviendo la afiliación y militancia sindical de los jóvenes. Aspectos más novedosos de la representatividad tienen que ver con la creciente cantidad de trabajadores y trabajadoras que prestan sus servicios mediante home office, o plataformas digitales, los colectivos LGBT, los trabajadores y trabajadoras migrantes, etc. 

Pentágono de la representatividad sindical 
El cuidado de la representatividad dentro de una organización sindical puede ser sintetizado en un pentágono de cinco dimensiones esenciales. Ya hemos mencionado la dimensión de género y su importancia creciente. Las otras cuatro dimensiones esenciales de la representatividad sindical son: la unidad, la mayoría, la representación y la conducción. 

La unidad sindical es un proceso que va de la mano con la solidaridad. Unir es mucho más que juntar. Unir es transformar a los trabajadores y trabajadoras en un sujeto colectivo, con una voz. Abarca no solo la unidad de los afiliados al sindicato, sino también la unidad del gremio (es decir todos los trabajadores del sector) y la unidad de la clase trabajadora como tal, una tarea que conlleva una fuerte dimensión político-partidaria. 

La representación exige que los órganos sindicales y el sindicato como tal expresen, hagan presente los intereses y la voz del colectivo representado. El modelo sindical argentino reposa sobre un doble mecanismo de representación: la de los trabajadores y las trabajadoras afiliadas expresada en los órganos del sindicato (congreso, consejo directivo, secretariado, elecciones) y la del personal de las empresas y centros de trabajo, expresada en los delegados y delegadas de personal, elegidos con un promedio de un/a representante cada cien trabajadores. 

La regla de mayoría es la regla más conocida para instrumentar el funcionamiento democrático de las organizaciones y los Estados. Sin embargo, “el principio de mayoría es necesario para la democracia, pero no suficiente” (Bobbio). El movimiento sindical, en todos los países del mundo, ha dado prioridad en los hechos a las llamadas “listas de unidad”, poco comprendidas desde afuera del mundo sindical. En realidad las listas de unidad sindicales (que también se usan mucho en el mundo empresarial), tienen dos objetivos: buscar mayor representatividad y evitar las divisiones internas. 

Sin conducción y liderazgo no hay organización. En el sindicalismo es doblemente importante, debido al hecho de que se trata de una organización diseñada para actuar en la vorágine del conflicto social. El liderazgo sindical (como todo liderazgo) es antes que nada un arte, en el sentido literal del término, que lo diferencia de una técnica. Exige, como todo arte, sensibilidad: sentido del momento, del diferencial de poder en cada momento, de lo que sienten y piensan las personas involucradas, y sobre todo exige dosificar la proporción de conflicto y negociación necesaria en cada momento


Alberto “Pepe” Robles*
* Alberto “Pepe” Robles es Abogado laborista. Director de Investigaciones del IMT “Julio Godio” de la UNTREF Titular de la cátedra de Organización y Administración Sindical de la Carrera de Relaciones del Trabajo/UBA
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