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02-05-83

 30/09/2021   152

Caracterizar geopolíticamente a un país nos da la ventaja de evitar discusiones retóricas y, en muchos casos, entender su política exterior por encima de ideologismos o modas políticas coyunturales.

Para llegar a entender en profundidad, cómo la Nación argentina llegó a serlo y cuál es su proyección deben retomarse desde su filiación varios factores concluyentes. Uno de ellos nace desde la pura geografía física original y se transforma con el agregado progresivo de la población humana en esa geografía.

El valor intrínseco de un país depende de la abundancia y de la calidad de sus recursos. Su riqueza en función de su productividad y del valor comercial de su producción. En fin, su potencia política y su fuerza dependen del empleo que puede y sabe hacer de sus recursos y de los productos que éste saca de ellos, es decir de su valor constitutivo y de su riqueza. Un país puede ser un gran valor, hasta ser rico, sin por ello alcanzar la potencia.

La determinación de la frontera política tiene que ver con la determinación geográfica, geoeconómica y finalmente geopolítica. Tomando conciencia de esta geografía y de lo que ella produjo sobre el hombre argentino y lo que el hombre argentino hizo de ella, tenemos que ver cuál es la política espacial para la Argentina. Esto es, definir una geopolítica argentina que se basa fundamentalmente en el control de sus cuencas, en no abandonar por ninguna circunstancia el eje longitudinal norte-sur en su desarrollo y el perforar la barrera de los Andes; para este espacio geopolítico, es vital la conexión del Atlántico con el Pacífico.

Como para hacer una primera síntesis de estos primeros conceptos podemos  tener en cuenta:

  • La situación geovial de nuestro país, si bien nos es desfavorable desde el punto de vista comercial, aspecto éste atenuado por nuestra atracción económica, nos es ventajosa por cuanto nos aleja de las zonas geopolíticamente peligrosas.
  • Ella es muy favorable respecto a los países sudamericanos que nos rodean, lo que se  tiene que trabajar para que se traduzca  en una íntima unión económica.
  • Nuestra posición geovial se verá considerablemente reforzada en oportunidad de que el tecnicismo logre vencer en forma adecuada las barreras que la geografía impone en la actualidad a la proyección de la República Argentina hacia el Polo Sur.
  • El hombre vive en el espacio y lo modela, lo organiza. Dicha organización, en tanto tiene por fin la satisfacción de alguna necesidad, constituye un hecho político.

    A diferencia de lo que proponen algunos autores, para captar la realidad en que nos toca movernos, en toda su complejidad, no podemos partir del análisis de lo local, seguir con lo regional e insertarlo luego en lo continental. Por el contrario pensamos que el análisis debe invertirse, aprehendiendo la realidad mundial inicialmente, a fin de analizar correcta y objetivamente las situaciones regionales y nacionales.

    La historia nos permite establecer una constante predominante en la evolución de la humanidad: la existencia de pueblos conquistados, consecuentemente, como el hombre crea la geografía casi al mismo tiempo que la historia, las políticas aplicadas por los grupos humanos a través de los Estados quedan perfectamente reflejadas en el espacio, que se convierte así en factor político de primera magnitud. Política y geografía han sido a lo largo de la historia, consciente o inconscientemente, los elementos básicos de la conducción de los Estados.

    La República Argentina tiene un gran desafío geopolítico en el presente siglo XXI: la ocupación y explotación del Océano Atlántico Sudoccidental, última frontera a la que accedió a fines del siglo XIX. En él se encuentran riquezas naturales estratégicas y también funciona como puente geográfico para la necesaria integración con la proporción antártica sudamericana, y el afianzamiento de lazos económicos y políticos con el resto de América, el Asia Pacífico y el centro sur de África. La Argentina tiene en el gran espacio costero y marítimo su principal debilidad estratégica. No sólo por su vastedad sino porque en las Malvinas se encuentra la principal amenaza a sus pretensiones soberanas que, en su conjunto con los archipiélagos australes de Georgias y Sandwich del Sur, interrumpen la continuidad jurisdiccional nacional hacia el sur[1].

    Desde nuestro nacimiento como Nación nos costó establecer y mantener políticas, ya sean desde educativas a económicas y culturales, que destacaran los intereses sobre el mar y sus cursos de agua como factor de desarrollo de la Argentina, a pesar de que ya Manuel Belgrano manifestó la importancia de contar con una marina mercante y militar respetable.

    Nuestro país carece de una clara identificación con el mar, se lo valora poco y fundamentalmente, la mayoría de la clase política desconoce todo lo que nos puede entregar. El mar, inexorablemente, adquirirá una creciente importancia como elemento de progreso y será menester diseñar estrategias y políticas, por lo que será escenario de conflictos de variada naturaleza pues, el siglo XXI será el de la geopolítica del mar.

    Aquí hay algo que no podemos soslayar y que marca la posibilidad de encontrar un rumbo cierto a las crisis recurrentes en las que estamos sumergidos: En la operación de la defensa y la protección de su mar, en el desarrollo de tecnologías y en el fomento a la industria naviera y pesquera, existe mucha más renta y mucho más futuro para Argentina que en la discusión de retenciones agropecuarias[2].

     

    La conferencia “reservada” en la Escuela Nacional de Guerra

    El 11 de noviembre de 1953 el Presidente Perón habló ante los jefes militares del país en una conferencia que asumió el carácter de reservada, dada la importancia internacional de su contenido y la tirantez en la relación con el Departamento de Estado de EE.UU:

    “La República Argentina no tiene unidad económica; Chile  y Brasil solos, tampoco tienen unidad económica, pero estos tres países unidos conforman quizás en el momento actual la unidad económica más extraordinaria del mundo entero, sobre todo para el futuro, porque toda esa inmensa disponibilidad constituye su reserva. Estos son países reservas del mundo. Los otros están quizás a no muchos años de la terminación de todos sus recursos energéticos y de materia prima. Esa explotación que han hecho de nosotros, manteniéndonos para consumir lo elaborado por ellos, ahora en el futuro puede dárseles vuelta, porque en la humanidad y en el mundo hay una justicia que está por sobre todas las demás justicias, y que algún día llega. El día que nosotros podamos realizar nuestro comercio entre nosotros, nos habremos realmente independizado de toda corriente y de todo poder extra continental, y en esto debemos pensar que para nosotros latinoamericanos, no debe haber nada mejor que otro latinoamericano”, dijo el General Juan Domingo Perón[3]. (3)

     

    Desafíos geopolíticos sudamericanos

    Algunos desafíos en el orden geopolítico cobran enorme importancia a la hora de plantear la Agenda estratégica Sudamericana:

  • Ocupación del interior continental por medio del desarrollo productivo y expansión de las comunicaciones; así como de otras medidas técnicas como la radarización, vital para tener un control serio sobre estas vastas extensiones. La variable población es esencial en la temática territorial. El desarrollo de hidrovías y obras de energía regional son significativamente predominantes a la hora de plantear una competencia de mercado y una integración regional.
  • Mantenimiento de la cohesión del Mercosur como respuesta geopolítica y geoeconómica al poder de los Estados Unidos, de la Unión Europea y de China. El Mercosur debe plantearse como un verdadero bloque de poder político con relativa autonomía como para poder negociar con los actores relevantes del nuevo orden: EE UU, la UE y la ASEAN.
  • Recuperación del rol del Estado. Generación de un nuevo Estado ante el creciente poderío de los actores transnacionales como las corporaciones económicas, ONGs, el narcotráfico, el etnocentrismo e indigenismo; todos factores de poder relativamente nuevos que están incidiendo en la puja internacional por los espacios.
  • Necesidad de discutir nuevos paradigmas de desarrollo económico social, también de dimensión filosófica y cultural acerca de la integración que necesariamente debemos alcanzar como bloque regional. La falta de discusión filosófica, cultural y política incide directamente en la falta de modelos de desarrollo e incluso de liderazgos políticos.
  • Mecanismos institucionales de protección y defensa en lo económico, también en los bancos regionales, carteras de insumos, provisión de alimentos y energía frente a eventuales bloqueos, crisis, etc. Deben darse con relativa frecuencia, entre los actores Estados Sudamericanos, discusiones sobre inteligencia estratégica, es decir ¿sabemos qué pasa realmente respecto de los intereses estratégicos de los grandes actores internacionales como los EEUU, China, Japón, Rusia o incluso la Unión Europea? Una perspectiva sudamericana que si bien no puede dejar de lado los mecanismos de manejo de poder de los actores centrales, emerge en un contexto de recobrada importancia internacional[4].(4).
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    Consideraciones finales

    Si consideramos, tomando rasgos generales,  caracterizar la historia económica de nuestro país en períodos que van de 1870 a 1930 (Modelo Agroexportador), de 1930 a 1976 (Modelo de Industrialización por sustitución de importaciones), de 1976 a 2001 (Modelo de acumulación rentístico financiero) y una actualidad en la que la realidad y la  sensación es que no se encuentran o consolidan los rumbos  para el siglo en el que nos adentramos, es necesario y tenemos una oportunidad, como parte del Movimiento Nacional Justicialista y de la Confederación General del Trabajo, de exigir y formar parte de las decisiones que atañen al cuidado de nuestros recursos y de poner el rumbo de nuestra producción y empleo mirando y resaltando la oportunidad que tenemos con nuestro mar argentino y el sur del país.

    Si como se viene sosteniendo en varios sectores, cuestiones como la ecología y el cuidado de la casa común no pueden estar fuera de la agenda de cualquier candidato o proyecto político, lo mismo tenemos que alcanzar para que nuestra “bala de plata” no sea rifada y sea herramienta para el bien de la Patria, la felicidad de sus hijos y la grandeza Nacional.


    [1] Geopolítica del Mar Argentino. Instituto de Publicaciones Navales.

     

    [2] “El mar nuestro que no miramos”. Virginia Gamba.

    [3] Historia de la Nación Latinoamericana. Jorge Abelardo Ramos.

     

    [4] Argentina, lineamientos estratégicos 2017. Lic. Adolfo Koutoudjian.

     

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