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OLIGARQUIA-JUAN J. HERNANADEZ ARRGUI

 28/09/2018   14
EL ESPÍRITU DE LA OLIGARQUÍA

Esta conciencia de clase de la oligarquía se fortalece a través de entrecruzamientos diversos, en los "night clubs", en los partidos de polo, en la Sociedad Rural, en la banca, mediante el entretejimiento racional y calculado de los contratos matrimoniales que concentran en pocas mano, siempre las mismas, mediante los latifundios interpretados familiar y jurídicamente por la fusión de los apellidos, su poder material sobre el país.

El sentimientos de un entronque familiar con el pasado, se asocia en la gente de la oligarquía, a la certeza de una situación económica elevada, legítima y dada en el orden natural de las cosas que a su vez, justifica como superioridad innata del espíritu, el ejercicio del poder político. El grupo dirigente no favorece la apertura de sus cuadros a miembros de otros estratos sociales, aunque en períodos de crisis económica, tiende a franquear sus fronteras de clase a los individuos prominentes de la burguesía industrial en ascenso.


La imagen material de este prestigio de clase se identifica en sus integrantes, con la condición de estancieros. La estancia es el basamento de su dominio a través de la visión idealizada del campo, que para la clase oligárquica clausurada en su propio destino sociológico, es la base tanto de su riqueza material como de la importancia de la Argentina en el mundo. Sólo las tareas del campo –la posesión de la tierra hipostasiada en valoraciones espirituales- implica distinción. Expresiones de esta nobleza son la Sociedad Rural como manifestación de bienestar en los negocios, y en el Jockey Club, correlato para sus miembros de elegancia mundana y similar filiación política. El ideal de vida es el reclutamiento de las amistades dentro de la misma clase sobre la norma selectiva de un parecido status económico. Los deportes que integran a la clase alta son aquellos difundidos por EE. UU. e Inglaterra y cuyo costo los hace inalcanzables al resto de la población. Los hijos de la oligarquía estudian con preferencia derecho, preparándose así para la conducción política del país conservador. 

Están convencidos los miembros de esta clase de su superioridad espiritual y de sangre, a pesar de que su nivel cultural, en general es bajo. Tienen además el sentimiento disgustado del crecimiento del país y de la presencia de nuevas clases de origen europeo que amenazan su dominio político. Como toda casta conservadora en descenso, en medio de sus mitos liberales calcinados, se aferra a una imagen histórica del país convertida en categoría inmóvil del ser en general. Y así, , de su propia situación de clase, deriva una visión de lo nacional que no existe fuera de esa psicología de clase estéril, adinerada y ociosa. Chateaubriand ha reparado con exactitud que: "La aristocracia tiene tres edades: la edad de alas superioridades, la edad de los privilegios y la edad de las vanidades". En su decadencia, la oligarquía argentina no posee ya más que el usufructo del privilegio y el boato exterior de sus fiestas nupciales y automóviles americanos. Una vanidad así no puede durar. Por eso la oligarquía tiene miedo.

LA HISTORIA DE LA OLIGARQUÍA

Este espíritu de clase se apoya en todo un sistema ideológico. Ritual por los héroes del a historia – que ellos mismo han escrito- el mismo deslumbramiento por Europa, propio de los bárbaros culturales, convencida de sus másmoles sagrados; unifica también su añoranza del pasado y ese temblor ante el presente representado por el espectro colectivo y sangriento de las montoneras, redivivo en los "cabecitas negras" y por el advenedizo industrial, hijo remoto de la inmigración que ella trajo. La burguesía nacional, la amenaza con desplazarla del mando (nota: ver esto en el marco de un país industrializado durante el peronismo); las calumnias con que esta población es presentada por una historia oficial escrita por uno de los suyos: Bartolomé Mitre. Este odio al pueblo, al que Sarmiento ayudó a difundir, se cuida de citar otros testigos de la época.

Las montoneras, es decir, sobre la "barbarie" intentada por Samiento. Esas masas luchaban por su causa nacional. De otro modo sería imposible explicar la constancia y bravura con que durante años sostuvieron la guerra. José Hernández, silenciado por la oligarquía, diría de esa misma raza difamada por el odio de clases:

 "El general Peñalosa ha sido degollado. El hombre ennoblecido por su inagotable patriotismo, fuerte por la santidad de su causa, el Viriato argentino, ante cuyo prestigio se estrellaban las huestes conquistadoras, acababa de ser cosido a puñaladas en su propio lecho, degollado y su cabeza ha sido conducida como prueba de buen desempeño del asesino, al bárbaro Sarmiento". Esta oligarquía se apoya cada vez más no en el país, sino en centros focales y lejanos de poder mundial de los cuales depende su supervivencia. La clase ociosa se sabe foránea en su propia patria. Trata por eso de abolir toda originalidad nacional negando lo colectivo, descastanto a las capas sociales inferiores mediante el sistema educativo.

LA BARBARIE DELA OLIGARQUÍA

Esta clase, extranjera por su mentalidad, dependen del imperialismo. Sin mediar una guerra civil, ha bombardeado a su propio pueblo y festejando su crimen como otro fasto triunfal de la "civilización" contra la "barbarie".
La oligarquía, en esa espesa red de intereses burocráticos, internacionales, no aparece en primer plano. El secreto de su poder es que es un poder secreto. Empapa con él a todo el país. Desde la mentalidad de la maestra rural que enseña a los niños criollos la historia de esa oligarquía que exterminó a sus antepasados, pasando por Bernardo Houssay que acorazado con su Premio Nobel niega a jóvenes argentinos el derecho a recibirse de médicos, hasta el presidente del Banco Central, faraón mudo de una pirámide cuya base es el tambo y su vértice la Constitución de 1853. la oligarquía, por ejemplo, no aparece como tal en la Universidad, sino mediante profesores que depende de ella por sus actividades profesionales (abogados de empresas extranjeras, médicos, etc. – o como colaboradores de sus salas de conferencias distribuidoras de una fama dirigida, no simplemente como burócratas.

 No le interesa a la oligarquía que tales profesores se califiquen de "izquierdistas" sino que esas ideas de izquierda den la sensación de liberalidad espiritual. Un profesor, por ejemplo, podrá mentar en abstracto la palabra "imperialismo". Esto le dará aires de librepensador a gusto de los estudiantes pertenecientes en su mayoría a la pequeño burguesía, pero lo que este profesor no hará nunca será hablar del imperialismo británico en Argentina, aunque sí, con algunas frases de Lenin, del imperialismo yanqui en otras partes del mundo.
Lo que los estudiantes no deben olvidar es que sus educadores fueron educados, y el sistema que los modeló fue la oligarquía-
Lo que la clase alta odiaba de Yrigoyen o Perón no era la incultura sino el peligro de la democratización de la cultura. Por eso luego del golpe del ’55 cantaban por las calles: "Con Rojas y Aramburu, el país está seguro".

También su admiración por Sarmiento, el bárbaro culto cuyos consejos conserva vivos en su memoria de clase: "Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos" o "Debe manifestarse un brazo de hierro y no tenerse en consideración con nadie". O mejor aún: "Todos los medios son buenos y deben emplearse sin vacilación". Por eso la oligarquía admira a Sarmiento.
Así es que Inglaterra ha protegido su propio comercio de exportación y exigido a las colonias de ultramar trato preferencial para sus productos industriales. De todos los arcos políticos ingleses, han seguido respecto a las colonias, una política invariable. Esta política no se ha fundado en razones éticas. Todos los medios son buenos para favorecer el interés nacional.
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