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Juventud

JUAN JOSE HERNANDEZ ARREGUI/1971-72. MEDIOS-PASADO Y PRESENTE.

 24/08/2018   82
Un manto grasiento de mentiras cubre a la llamada civilización occidental y cristiana. Las mismas informaciones, los mismos alimentos periodísticos científicamente orquestados por un puñado de agencias noticiosas -en su mayoría norteamericanas- son los megáfonos monstruosos de los truts mundiales que dirigen la economía internacional y congelan la opinión pública en una visión aberrante de la vida. Esta información cotidiana que reciben millones de seres no es más que la pantalla deformante del mundo real interpuesto por los monopolios. El imperialismo económico aparea el imperialismo cultural. El 90% de las noticias políticas, financieras, artísticas, historietas para niños y adultos, son acaparadas por diez agencias noticiosas de ilimitado poder difusor, a las que deben sumarse las estadísticas y estudios especializados, no siempre falsos, pero incompletos y dirigidos a deformar la realidad. Estas agencias noticiosas y organizaciones como la CEPAL, UNESCO, etc., fiscalizadas por los monopolios, son fábricas de narcóticos ideológicos, de mercaderías mentales que atrofian en el infantilismo cultural, o en la verdad a medias, a millones de seres en las metrópolis y en las colonias. Nadie está totalmente inmunizado contra esta urdimbre de la propaganda capitalista. De estas invasiones mentales del imperialismo, de esta idiotización pedagógica concentrada que las grandes usinas psicológicas manipulan a fin de inducir a los habitantes de las metrópolis al optimismo más trivial, y a las colonias, a mirar lo propio con ojos extranjeros. O sea, con optimismo importado. La propaganda es la segunda naturaleza del colonizado armada por las vías entrelazadas del cine, la tevé, la radio, los avisos comerciales, etc. En las colonias la realidad social está maquillada. Se imita a las metrópolis productoras de venenos culturales, tanto como de artículos de mercado, se calcan las modas extranjeras, se leen los autores extranjeros. Todo es comercializado. La putrefacción de la cultura de las metrópolis, el hipismo, la homosexualidad, los crímenes orgiásticos de Charles Mason, son exportados, lo mismo que los vicios de la burguesía europea o norteamericana expuestos como formas permanentes de la vida, y no como lo que son, frutos apestosos de una sociedad en descomposición. De este modo, la decadencia cultural adopta en las colonias moldes prestados, el sexo es glorificado, la modelo de TV es el modelo femenino supremo para millones de muchachas solitarias, el impacto erótico de "la colonia que mata", el cigarrillo americano con materias primas argentinas lanzado bajo licencia de Philip Morris, aprisionan en el microcefalismo al gran público, mientras la censura oficial prohibe mostrar los obrajes del Chaco, Misiones, Santiago del Estero, el Tucumán hambriento, el ultraje a la vida humana en las villas miserias, ahogado este horror colonial por los sones frenéticos de la música "beat". He aquí el fúnebre escenario de la cultura del imperialismo que en los subsuelos dorados de las grandes urbes agruma a las clases altas y medias, en el tedio, el miedo o el vértigo, en tanto más abajo, pero cerca ya, las miserables masas se preparan contra una cultura miserable
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