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Oeconomicae et pecuniariae quaestiones.- Consideraciones para un discernimiento

 12/07/2018   48

(Continuacin de esta exposicin reciente del Papa Francisco acerca de conceptos tales como: tica, mercados, dignidad, bien comn, cosificacin, bien comn, comunin, humanizar)


II. Consideraciones bsicas de fondo

 

7. Algunas consideraciones elementales son evidentes a los ojos de todos los que, lealmente, tienen presente la situacin histrica en la que vivimos; y ello ms all de cualquier teora o escuela de pensamiento, en cuyas legtimas discusiones este documento no pretende intervenir y a cuyo dilogo, por el contario, desea contribuir, con la conciencia de que no hay recetas econmicas vlidas universalmente y para siempre.

 

8. Toda realidad y actividad humana, si se vive en el horizonte de una tica adecuada, es decir, respetando la dignidad humana y orientndose al bien comn, es positiva. Esto se aplica a todas las instituciones que genera la dimensin social humana y tambin a los mercados, a todos los niveles, incluyendo los financieros.

 

A este respecto cabe sealar que incluso aquellos sistemas que dan vida a los mercados, ms que basarse en dinmicas annimas, elaboradas por tecnologas cada vez ms sofisticadas, se sustentan en relaciones, que no podran establecerse sin la participacin de la libertad de los individuos. Resulta claro entonces que la misma economa, como cualquier otra esfera humana, tiene necesidad de la tica para su correcto funcionamiento; no de una tica cualquiera, sino de una tica amiga de la persona.[14]

 

9. Por lo tanto, es obvio que sin una visin adecuada del hombre es imposible fundar ni una tica ni una praxis que estn a la altura de su dignidad y de un bien que sea realmente comn. De hecho, por mucho que se proclame neutral o separada de cualquier conexin de fondo, toda accin humana incluso en la esfera econmica implica una comprensin del hombre y del mundo, que revela su mayor o menor positividad a travs de los efectos y el desarrollo que produce.

 

En este sentido, nuestra poca se ha revelado de cortas miras acerca del hombre entendido individualmente, prevalentemente consumidor, cuyo beneficio consistira ms que nada en optimizar sus ganancias pecuniarias. Es peculiar de la persona humana, de hecho, poseer una ndole relacional y una racionalidad a la bsqueda perenne de una ganancia y un bienestar que sean completos, irreducibles a una lgica de consumo o a los aspectos econmicos de la vida.[15]

 

Esta ndole relacional fundamental del hombre[16] est esencialmente marcada por una racionalidad, que resiste cualquier reduccin que cosifique sus exigencias de fondo. En este sentido, no se puede negar que hoy existe una tendencia a cosificar cualquier intercambio de "bienes", reducindolo a mero intercambio de "cosas".

 

En realidad, es evidente que en la transmisin de bienes entre sujetos est en juego algo ms que los meros bienes materiales, dado que estos a menudo vehiculan bienes inmateriales, cuya presencia o ausencia concreta determina, en modo decisivo, tambin la calidad de las mismas relaciones econmicas (como confianza, imparcialidad, cooperacin). A este nivel es fcil entender bien que la lgica del don sin contrapartida no es alternativa sino inseparable y complementaria a la del intercambio de equivalentes.[17]

 

10. Es fcil ver las ventajas de una visin del hombre entendido como sujeto constitutivamente incorporado en una trama de relaciones, que son en s mismas un recurso positivo.[18] Toda persona nace dentro de un contexto familiar, es decir, dentro de relaciones que lo preceden, sin las cuales sera imposible su mismo existir. Ms tarde desarrolla las etapas de su existencia, gracias siempre a ligmenes, que actan el colocarse de la persona en el mundo como libertad continuamente compartida. Son precisamente estos ligmenes originales los que revelan al hombre como ser relacionado y esencialmente marcado por lo que la Revelacin cristiana llama "comunin".

 

Este carcter original de comunin, al mismo tiempo que evidencia en cada persona humana un rastro de afinidad con el Dios que lo ha creado y lo llama a una relacin de comunin con l, es tambin aquello que lo orienta naturalmente a la vida comunitaria, lugar fundamental de su completa realizacin. Slo el reconocimiento de este carcter, como elemento originariamente constitutivo de nuestra identidad humana, permite mirar a los dems no principalmente como competidores potenciales, sino como posibles aliados en la construccin de un bien, que no es autntico si no se refiere, al mismo tiempo, a todos y cada uno.

 

Esta antropologa relacional ayuda tambin al hombre a reconocer la validez de las estrategias econmicas dirigidas principalmente a la calidad global de vida, antes que al crecimiento indiscriminado de las ganancias; a un bienestar que, si se pretende tal, debe ser siempre integral, de todo el hombre y de todos los hombres. Ningn beneficio es legtimo, en efecto, cuando se pierde el horizonte de la promocin integral de la persona humana, el destino universal de los bienes y la opcin preferencial por los pobres.[19] Estos tres principios se implican y exigen necesariamente el uno al otro en la perspectiva de la construccin de un mundo ms justo y solidario.

 

As, todo progreso del sistema econmico no puede considerarse tal si se mide solo con parmetros de cantidad y eficacia en la obtencin de beneficios, sino que tiene que ser evaluado tambin en base a la calidad de vida que produce y a la extensin social del bienestar que difunde, un bienestar que no puede limitarse a sus aspectos materiales. Todo sistema econmico legitima su existencia no slo por el mero crecimiento cuantitativo de los intercambios econmicos, sino probando su capacidad de producir desarrollo para todo el hombre y todos los hombres. Bienestar y desarrollo se exigen y se apoyan mutuamente,[20] requiriendo polticas y perspectivas sostenibles ms all del corto plazo.[21]

 

En este sentido, es deseable que, sobre todo las universidades y las escuelas de economa, en sus programas de estudios, de manera no marginal o accesoria, sino fundamental, proporcionen cursos de capacitacin que eduquen a entender la economa y las finanzas a la luz de una visin completa del hombre, no limitada a algunas de sus dimensiones, y de una tica que la exprese. Una gran ayuda, en este sentido, la ofrece la Doctrina social de la Iglesia.

 

11. Por lo tanto, el bienestar debe evaluarse con criterios mucho ms amplios que el producto interno bruto (PIB) de un pas, teniendo ms bien en cuenta otros parmetros, como la seguridad, la salud, el crecimiento del "capital humano", la calidad de la vida social y del trabajo. Debe buscarse siempre el beneficio, pero nunca a toda costa, ni como referencia nica de la accin econmica.

 

Aqu resulta ejemplar la importancia de parmetros que humanicen, de formas culturales y mentalidades en las que la gratuidad es decir, el descubrimiento y el ejercicio de lo verdadero y lo justo como bienes intrnsecos se convierta en la norma de medida,[22] y donde ganancia y solidaridad no sean antagnicas. De hecho, all donde prevalece el egosmo y los intereses particulares es difcil para el hombre captar esa circularidad fecunda entre ganancia y don, que el pecado tiende a ofuscar y destruir. Por el contrario, en una perspectiva plenamente humana, se establece un crculo virtuoso entre ganancia y solidaridad, el cual, gracias al obrar libre del hombre, puede expandir todas las potencialidades positivas de los mercados.

 

Un recordatorio siempre actual para reconocer la conveniencia humana de la gratuidad proviene de aquella regla formulada por Jess en el Evangelio llamada regla de oro, que nos invita a hacer a los dems lo que nos gustara que nos hicieran a nosotros (cf. Mt 7,12; Lc 6,31).

Contina el texto.

SECRETARIA DE PROFESIONALES.

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