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MODELO ARGENTINO-GENERAL JUAN D. PERON

 12/07/2018   17

PRIMERA PARTE: FUNDAMENTACIÓN

CONCEPTO DEL MODELO ARGENTINO

Cuando pienso en los acontecimientos cruciales de la historia del país, encuentro en ellos las huellas profundas de una toma de conciencia verdaderamente nacional. Este proceso se ha distinguido por una denodada pugna entre esa creciente conciencia y las fuerzas que han tratado de impedir implacablemente su libre expresión.

El Modelo Argentino pretende ser, precisamente, la interpretación de esa conciencia nacional en procura de encontrar su cauce definitivo.

1.       Ideología y doctrina nacionales

 

Nuestra patria necesita imperiosamente una ideología creativa que marque con claridad el rumbo a seguir y una doctrina que sistematice los principios fundamentales de esa ideología. Para ello, debemos tener en cuenta que la conformación ideológica de un país proviene [o] de la adopción de una ideología foránea o de su propia creación. Con respecto a la importación de ideologías —directamente o adecuándolas— se alimenta un vicio de origen y es insuficiente para satisfacer las necesidades espirituales de nuestro pueblo y del país como unidad jurídicamente constituida. El mundo nos ha ofrecido dos posibilidades extremas: el capitalismo y el comunismo. Interpreto que ambos carecen de los valores sustanciales que permitan concebirlos como únicas alternativas histórico-políticas.

Paralelamente, la concepción cristiana presenta otra posibilidad, impregnada de una profunda riqueza espiritual, pero sin una versión política suficiente para el ejercicio efectivo del gobierno. Los argentinos tenemos una larga experiencia en esto de importar ideologías, ya sea en forma total o parcial. Es contra esta actitud que ha debido enfrentarse permanentemente nuestra conciencia. Las bases fértiles para la concepción de una ideología nacional, coherente con nuestro espíritu argentino, han surgido del mismo seno de nuestra patria.

 

El pueblo, fuente de permanente creación y autoperfeccionamiento, estaba preparado hace tres décadas para conformar una ideología nacional, social y cristiana. Sin embargo, no fuimos comprendidos cuando, respondiendo a esa particular exigencia histórica, propugnamos la justicia social como inmanente al ser nacional, a pesar de que la justicia social está en la base de la doctrina cristiana que surgió en el mundo hace dos mil años.

 

Al calor de intereses políticos y económicos se originaron numerosos equívocos —como la identificación de la democracia con el liberalismo— promoviendo confusiones ideológicas que, en su momento, configuraron el marco necesario para el mantenimiento de intereses imperialistas. No obstante, esa ideología intrínsecamente argentina, y la consecuente doctrina, crecieron en la conciencia del pueblo.

 

 El Modelo Argentino no quiere ser otra cosa que la expresión representativa y la síntesis prospectiva de una ideología y una doctrina nacionales. La creación ha nacido del pueblo, y el ciudadano que ofrece hoy el presente conjunto de ideas, valores y objetivos concretados bajo el nombre de Modelo Argentino, tal vez no tenga otra virtud que la de haber querido e interpretado la voluntad de ese pueblo. Es por eso que este Modelo no es una construcción intelectual surgida de minorías, sino una sistematización orgánica de ideas básicas desarrolladas a lo largo de treinta años. Ahora es posible ofrecer este Modelo al país, después [de] que la representación popular ha sido reimplantada. Se refiere a 1945, la etapa fundacional del peronismo. Se refiere a la recuperación plena del sistema democrático que se produjo a partir del 11 de marzo de 1973 con el triunfo electoral del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), cuya columna vertebral fue el peronismo, con el doctor Héctor Cámpora como candidato, después de 18 años de sistemática proscripción.

 

 Si el Modelo Argentino encarna la voluntad de nuestro pueblo, será auténtico. Si es auténtico, será útil a la patria. Y si es útil, cumplirá su propósito histórico.

 

2.       El Modelo Argentino y el Justicialismo

 

El Justicialismo es el resultado de un conjunto de ideas y valores que no se postulan; se deducen y se obtienen del ser de nuestro propio pueblo. Es como el pueblo: nacional, social y cristiano. Hace muchos años enuncié tales características del Justicialismo, prácticamente en estos mismos términos, y afirmé su sentido al expresar que «el Justicialismo es una filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista».

 

Esta búsqueda de respuestas a las necesidades integrales del país, que parten de una clara ideología, comenzó en la década de los años ‘40.

 

El 1º de mayo de 1948 la posición fue denominada «Justicialismo», abriéndose así las posibilidades de una elaboración conceptual en la que intervengan mandatarios, líderes políticos y pueblo. La aparición y la evolución de la concepción justicialista es parte del desarrollo histórico natural de nuestras ideas, y es patrimonio de todo el pueblo argentino; en esa medida, el ideólogo es sólo un intérprete. No obstante, en nuestro país todavía persisten muchos esclavos de la injusticia y de la inseguridad. Ni la justicia social ni la libertad —recíprocamente apoyadas— son comprensibles en una comunidad integrada por hombres que no se han realizado plenamente en su condición humana.

 

Es por eso que el Justicialismo quiere para el hombre argentino: -

 

Que se realice en sociedad, armonizando los valores espirituales con los materiales, y los derechos del individuo con los derechos de la sociedad; -

Que haga una ética de su responsabilidad social; -

Que se desenvuelva en plena libertad, en un ámbito de justicia social; 387 Es la 14ª de “Las veinte verdades peronistas”, anunciada por el propio General Perón desde los balcones de la Casa Rosada en el acto del 17 de octubre de 1950. –

Que esa justicia social esté fundada en la ley del corazón y la solidaridad del pueblo, antes que en una ley fría y exterior; -

Que tal solidaridad sea asumida por todos los argentinos, sobre la base de compartir los beneficios y los sacrificios equitativamente distribuidos; -

Que comprenda a la nación como unidad abierta generosamente con espíritu universalista, pero consciente de su propia identidad.

 

He dicho, una vez, que la comunidad a la que aspiramos es aquélla donde la libertad, la justicia y la responsabilidad son fundamento de una alegría de ser, basada en la certeza de la propia dignidad. En tal comunidad, el individuo posee realmente algo que ofrecer e integrar al bien general, y no sólo su presencia muda y temerosa. Nosotros creemos en la comunidad, pero en la base de esa convicción se conserva un profundo respeto por la individualidad, y su raíz es una suprema fe en el tesoro que el hombre representa por el solo hecho de su existencia.

 

Cuando en la segunda guerra mundial las dos potencias ideológicamente opuestas se unieron para terminar con un tercer grupo de países en discordia con el orden imperante, Argentina no se sometió. Nuestra rebelión fue entonces, como sigue siendo ahora, una cuestión de personalidad y de dignidad nacional. Para no someterse, había que crear una respuesta diferente, propia, argentina. Esa respuesta fue el Justicialismo.

 

 Pero como un Modelo que aspire a servir seriamente al país, sólo puede ofrecerse después de un período histórico de prueba, hubo que esperar tres décadas para poder elaborar la expresión, ya más formalizada, de una ideología, a fin de entregarla ahora a la fuerza creativa de nuestra nacionalidad. 388Casi textualmente esta frase aparece en La Comunidad Organizada (1949), Capítulo XXI, 12º párrafo.

CONTINÚA... 

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